La asistencia alimentaria en Haití mejoró la adhesión a la TARV y la retención en la atención médica

Carole Leach-Lemens

El ofrecer asistencia alimentaria a las personas que viven con VIH en un programa integral de VIH en Haití (donde la calidad y cantidad de los alimentos es mala) mejoró el grado de adhesión al tratamiento, la tasa de aumento de peso y las visitas clínicas de los pacientes, según informa Louise C. Ivers y un equipo de colaboradores en un estudio observacional de cohorte prospectiva publicado en la edición digital del 26 de agosto de AIDS Research and Therapy.

La salud y el bienestar de las personas que viven con VIH en entornos con pocos recursos están estrechamente vinculados a la inseguridad alimentaria y la desnutrición. Hace tiempo que se ha establecido la relación entre el VIH y el síndrome de emaciación. Las pruebas evidencian que tener poco peso (incluso en el caso de personas que reciben antirretrovirales) constituye un factor de predicción de un mal pronóstico.

Los autores señalan que la inseguridad alimentaria -entendida "como la ausencia del acceso a alimentos de una calidad y cantidad suficientes como para permitir llevar a cabo las actividades habituales de cada día"-, junto con la infección por VIH, pueden hacer especialmente complicadas tareas como ir a la escuela, disminuyen la capacidad para trabajar y mantener a la familia, y dificultan la adhesión al tratamiento.

Aunque los programas internacionales apoyan la integración de la asistencia alimentaria dentro de las directrices de base científica de los programas de VIH, no detallan cómo hacerlo o a quién dirigirse.

El beneficio cualitativo que supone la comida para paliar el hambre no está en entredicho, pero los autores indican que, hasta la fecha, ningún estudio ha demostrado la mejora de los beneficios cuantitativos (incluyendo la mejora de los resultados clínicos) de la ayuda alimentaria.

Debido a la pobreza, los desastres naturales que se repiten de forma periódica y la inestabilidad política, Haití resulta especialmente propenso a sufrir inseguridad alimentaria.

Los autores decidieron examinar qué efecto tendría la asistencia de comida orientada a poblaciones específicas sobre el índice de masa corporal (IMC), la calidad de vida y la seguridad alimentaria de los hogares de las personas seropositivas en un programa integral de VIH en tres clínicas (rural, urbana y semiurbana) en Haití, llevado a cabo por Partners in Health (PIH).

PIH, que trabaja en colaboración con el Ministerio de Salud, es una organización sin ánimo de lucro que ofrece servicios integrales de atención primaria de salud (incluyendo la atención médica del VIH) en zonas rurales de Haití.

En 2006, esta organización, en colaboración con el Programa Mundial de Alimentos (WFP, en sus siglas en inglés), proporcionó raciones de comida a las personas que vivían con VIH. Los criterios de elegibilidad para recibir las raciones mensuales de alimentos fueron: tener coinfección por tuberculosis, tener un índice de masa corporal inferior a 18,5 kg/m2, presentar un recuento de células CD4 menor de 350/mm3 en los tres meses anteriores o estar en una condiciones socioeconómicas graves, según la valoración hecha por trabajadores sociales y el consenso del equipo clínico.

Entre mayo y julio de 2006, los autores realizaron un estudio prospectivo observacional de una cohorte de 600 personas que vivían con VIH y se inscribieron en los programas de atención del virus ofrecidos por Partners in Health. De ellas, un total de 300 fueron elegibles para recibir la asistencia alimentaria, mientras que las otras 300 no lo fueron, de acuerdo con los criterios mencionados con anterioridad.

La ración familiar mensual estándar predeterminada por el WFP, suministrada mediante prescripción, consistió (por persona y día) en 50g de cereales, 50g de legumbres secas, 25g de aceite vegetal, 100g de una mezcla de maíz y soja y 5g de sal yodada, para cada uno de los tres componentes de la familia (lo que supone alrededor de 949 calorías).

A los meses seis y doce fueron elegibles para el análisis 488 y 340 personas, respectivamente. Los investigadores centraron su estudio en las personas que permanecieron en el programa de alimentación desde el principio, en comparación con aquéllas que nunca fueron elegibles para recibir asistencia alimentaria, con el objetivo de observar con claridad el efecto que tuvieron las raciones de alimentos.

La seguridad alimentaria mejoró, al cabo de seis meses, de forma significativa en el caso de las personas que recibieron provisión de comida, en comparación con quienes no la tuvieron. En una escala de 0 (mejor) a 20 (el peor), la puntuación fue de -3,55 entre las personas que recibieron alimentos y de -0,16 entre las que no (p <0,0001).

Aunque los valores del IMC disminuyeron a los seis meses en ambos grupos, lo hicieron menos en el grupo que recibió alimentos (-0,20 frente a -0,66, respectivamente; p= 0,012). Los autores sugieren que la reducción se explica porque tuvo lugar durante la "temporada de escasez", cuando el suministro de alimentos fue parco, en general.

A los 12 meses, la provisión de comida estuvo vinculada a la seguridad alimentaria (puntuación de -3,49 frente a -1,89; p= 0,011). Pese a que el IMC aumentó en aquellas personas que recibieron asistencia alimentaria, disminuyó entre las que no (0,22 frente a -0,67, p= 0,036).

Los autores subrayan que las raciones distribuidas por el Programa Mundial de Alimentos son consideradas un apoyo familiar y no algo específico para las personas que viven con VIH. Las raciones proporcionan, aproximadamente, el 45% del aporte calórico necesario para una familia de tres miembros. Los responsables de este estudio señalan que la mediana del número de familiares que comían en cada hogar fue de seis personas.

No obstante, destacan que la asistencia alimentaria ofreció “protección a corto plazo frente a la pérdida de peso y se relacionó con un aumento del mismo a largo plazo en los pacientes con VIH”.

Afirman los investigadores que, de acuerdo con las estadísticas nacionales, el 72% de los participantes en el estudio invirtieron casi todos sus ingresos en comida, con una alta inseguridad alimentaria media basal (14,6 en una escala de 0 a 20).

El estudio estuvo en consonancia con otros hallazgos que evidenciaron que, además de suponer un alivio para la ansiedad por conseguir comida, la asistencia alimentaria trajo consigo mejoras significativas en la salud general, la nutrición y el uso de servicios sanitarios.

Estudios realizados en Canadá han puesto de manifiesto que la inseguridad alimentaria está relacionada con un mayor riesgo de mortalidad, así como con una supresión viral incompleta en las personas con VIH, apuntan los autores. En San Francisco, en el caso de las personas seronegativas, la inseguridad alimentaria se ha relacionado con ansiedad y depresión, así como el retraso a acudir a la atención médica necesaria, añaden. Recientemente,  la inseguridad alimentaria en Haití ha sido asociada con la aparición de casos de malaria infantil.

La ayuda con alimentos estuvo vinculada con un mayor grado de adhesión a las visitas clínicas mensuales tanto al mes 6 como al mes 12. A los seis meses, la asistencia media fue de 5,49 frente a 2,82, sobre un total de seis visitas (p <0,0001) en el caso de las personas que recibieron la asistencia, en comparación con las que no. Por su parte, a los 12 meses, de un total de doce visitas, estos valores fueron de 9,73 frente a 8,34 de forma respectiva (p= 0,007).

Los autores advierten de que, aunque el número de visitas clínicas al inicio del estudio fue bueno, la provisión de comida desempeñó un importante papel en el mantenimiento en los servicios de atención médica de las personas infectadas por VIH con problemas de seguridad alimentaria.

Además, la asistencia de alimentos facilitó la toma de antirretrovirales. Tener el estómago lleno mitigó las náuseas y, además, se vieron eliminadas las demandas contradictorias entre conseguir comida y cubrir otras necesidades. Los investigadores subrayan la importancia de este hallazgo, que ayuda a mantener unos niveles elevados de adhesión y las implicaciones positivas a largo plazo para las personas con VIH.

Entre las limitaciones del estudio, según los autores, estarían su naturaleza observacional, que supuso que los participantes no fueron elegidos de forma aleatoria, y que el análisis multivariable sólo controló esas diferencias medidas entre los grupos.

Concluyen los responsables del estudio indicando que la asistencia de comida se relacionó con una mejor seguridad alimentaria, un mayor índice de masa corporal y una mejor adhesión a las visitas clínicas en los meses seis y doce, entre las personas seropositivas que viven en Haití. Recomiendan que se convierta en el estándar de atención en las regiones donde coinciden VIH e inseguridad alimentaria.

Referencia: Ivers CI, et al. Food assistance is associated with improved body mass index, food security and attendance at clinic in an HIV program in central Haiti: a prospective observational cohort study. AIDS Research and Therapy. 2010; 7: 33.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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