Tratamiento del VIH y factores de riesgo tradicionales que provocan el endurecimiento de las arterias

Michael Carter

El tratamiento con fármacos antirretrovirales puede provocar un endurecimiento de las arterias -también conocido como aterosclerosis-, según concluye un equipo de investigadores griegos en la edición digital de American Journal of Hypertension.

También se comprobó que resultaron importantes los factores de riesgo tradicionales de endurecimiento de las arterias, como el colesterol y la presión sanguínea elevada.

Algunos fármacos anti-VIH pueden provocar efectos secundarios que aumentan el riesgo a largo plazo de sufrir una enfermedad cardiovascular. La terapia antirretroviral (TARV) se ha de seguir durante toda la vida y existe la preocupación de que los pacientes que tomen dicho tratamiento puedan correr un mayor riesgo de padecer un endurecimiento de las arterias.

También se ha relacionado la infección por VIH sin tratar con un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Para entender mejor los factores de riesgo de aterosclerosis en pacientes con VIH, un equipo de investigadores de Atenas (Grecia) hizo un seguimiento de la velocidad de onda de pulso -un indicador de la rigidez arterial- en 56 pacientes con VIH, con 28 pacientes recién diagnosticados de presión sanguínea elevada, un factor de riesgo tradicional de endurecimiento de las arterias.

Los pacientes con VIH, asimismo, fueron emparejados con otras 28 personas sin VIH de la misma edad y sexo.

El análisis de la velocidad de onda de pulso evidenció que los pacientes con VIH presentaban un mayor endurecimiento de las arterias que los pacientes control sin VIH (p= 0,03), pero menos que las personas con hipertensión (p= 0,01).

Estas diferencias siguieron siendo significativas después de tener en cuenta la presión sanguínea.

Además, los pacientes que tomaban TARV fueron más propensos a presentar aterosclerosis que aquéllos con VIH que no recibían fármacos antirretrovirales (p= 0,03).

Los pacientes que tomaban inhibidores de la proteasa mostraron más indicios de endurecimiento de las arterias que los que recibían otros fármacos anti-VIH, y también más que ambos grupos de pacientes control.

El tratamiento con fármacos anti-VIH estuvo relacionado con una mayor presión sanguínea y mayores niveles de colesterol y triglicéridos (p <0,05 en todos los casos). La mayor duración de la terapia antirretroviral, asimismo, se asoció con una mayor incidencia de los factores de riesgo tradicionales de sufrir aterosclerosis.

El análisis estadístico evidenció que los siguientes factores estuvieron relacionados con una peor velocidad de onda de pulso en pacientes con VIH: edad, presión sanguínea, niveles de colesterol y triglicéridos, uso y duración de la TARV y tratamiento con inhibidores de la proteasa o inhibidores de la transcriptasa inversa análogos de nucleósido (ITIN).

Tras ajustar estos resultados para considerar la edad y el sexo, se comprobó que los siguientes factores eran significativos: mayor duración de la infección por VIH, mayor carga viral del VIH, un recuento de CD4 inferior a 200 copias/mm3 durante al menos seis meses, presión sanguínea, niveles de colesterol y triglicéridos, uso de tratamiento anti-VIH y terapia con inhibidores de la proteasa e ITIN.

En el análisis multivariable final, los únicos factores que siguieron siendo significativos fueron la duración del tratamiento anti-VIH (p= 0,04), los niveles de colesterol (p= 0,04) y la presión sanguínea (p <0,01).

Referencia: Lekakis J, et al. Association of highly active antiretroviral therapy with increased arterial stiffness in patients infected with human immunodeficiency virus. American Journal of Hypertension (online edition), 2009.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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