XIX Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas. Boletín del jueves 08/03/2012

Boletín especial de NAM con motivo de la edición de 2012 de la CROI (Seattle, EE UU).

Jueves, 8 de marzo de 2012

Medición de la carga viral en entornos con pocos recursos

La monitorización de forma rutinaria de los niveles de viremia permite cambiar con mayor rapidez un tratamiento antirretroviral que deja de ser eficaz que cuando se lleva a cabo un seguimiento basado en otros criterios, según concluye un estudio realizado en Zambia.

Sin embargo, también se comprobó que el seguimiento periódico de la carga viral no condujo a una detección más temprana del fracaso del tratamiento.

La monitorización de la viremia es un proceso caro y complejo, motivo por el que, en general, no forma parte de la atención rutinaria del VIH en la mayor parte de los entornos con escasos recursos. Esto implica que esta prueba sólo se efectúa cuando un paciente enferma o su recuento de CD4 no aumenta o disminuye de forma significativa. No obstante, existía cierta preocupación sobre si esta práctica pudiera conducir a que algunas personas desarrollen un virus con amplia resistencia a fármacos antes de que cambien la terapia (por estar recibiendo un tratamiento que ya no es eficaz) o a que otras cambien de tratamiento de forma innecesaria.

Un equipo internacional de investigadores decidió comprobar si el seguimiento rutinario de la viremia ofrecía alguna ventaja respecto a la actual estrategia de monitorizar los síntomas y el recuento de CD4.

En su estudio participaron 1.973 personas que iniciaron la terapia entre 2006 y 2008, las cuales fueron distribuidas de forma aleatoria para recibir un seguimiento de su carga viral de forma periódica o a la discreción médica.

Un año después de empezar el tratamiento, no se observaron diferencias en cuanto a las tasas de mortalidad en ambos grupos. Asimismo, una proporción similar de personas presentó una carga viral inferior a 400 copias/mL y el tiempo transcurrido hasta el fracaso del tratamiento fue equivalente.

Sin embargo, los pacientes cuya carga viral fue monitorizada de forma periódica fueron dos veces más propensos a cambiar de tratamiento y estos cambios se produjeron antes que entre las personas cuya medición de la viremia fue discrecional.

Aunque está previsto efectuar un análisis de coste y eficacia, el equipo de investigadores concluyó que la monitorización rutinaria reduce el tiempo que el paciente pasa tomando una terapia que está fracasando.

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Los beneficios de la financiación del PEPFAR se extienden más allá del VIH

La aportación de fondos del PEPFAR (siglas en inglés del Plan de Emergencia del Presidente de EE UU para Paliar el Sida) a los programas de VIH está relacionada con una reducción significativa de las tasas generales de mortalidad.

El dinero destinado a la ayuda al desarrollo relacionada con el VIH alcanzó los 4.000 millones de dólares en 2009. Sin embargo, algunas voces han criticado que las partidas asignadas a este propósito se han desviado de otras prioridades sanitarias.

En consecuencia, un equipo de investigadores decidió examinar las tasas de mortalidad adulta en países del África subsahariana teniendo en cuenta si habían recibido fondos del PEPFAR o no.

El estudio contó con un total de 27 países y 1,52 millones de personas adultas.

Se comprobó que, tras la introducción de la financiación en 2004, las tasas de muerte divergieron de forma abrupta entre los países financiados por el Plan de Emergencia  y los que no recibieron estas ayudas. Así, mientras que las tasas permanecieron estables en los países que no recibieron fondos del PEPFAR, se redujeron en casi un 50% entre los que sí los recibieron.

Este beneficio no se debió únicamente a la reducción de fallecimientos debidos al VIH.

El análisis evidenció que la mortalidad por cualquier causa fue un 16% menor en los países receptores de ayudas del PEPFAR y se calcula que, gracias a dichos fondos, se han evitado casi 750.000 fallecimientos por cualquier causa entre la población adulta.

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Prevención de la transmisión de madre a hijo del VIH en África: La retención en la atención médica supone un reto

Según estudios llevados a cabo en Zambia y Sudáfrica, se ha comprobado que resulta difícil retener en los servicios de atención sanitaria a las mujeres embarazadas y en etapa de lactancia una vez están tomando tratamiento antirretroviral.

En la medida de lo posible, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alienta la provisión de la terapia anti-VIH triple a todas las mujeres gestantes y en fase de lactancia, incluso en los casos en que no es necesario por la propia salud de la madre. Una opción alternativa en la prevención de la transmisión vertical del VIH es el uso de una terapia con AZT (zidovudina) a partir de la semana 14 de embarazo, la administración de una dosis única de nevirapina a la madre y al bebé durante el parto y el tratamiento con AZT y 3TC durante el nacimiento y a lo largo de la semana siguiente.

Un equipo de investigadores de Zambia descubrió que la terapia triple redujo el riesgo de infección y muerte infantiles.

No obstante, también se comprobó que existía una elevada tasa de pérdida de seguimiento entre las mujeres que tomaban terapia triple. Estos científicos creen que esto podría socavar la eficacia de los programas destinados a reducir el riesgo de transmisión del VIH de madre a hijo.

Un estudio sudafricano evidenció que el 19% de las mujeres embarazadas con VIH abandonaron la atención sanitaria un año después de iniciar el tratamiento antirretroviral. Esta cifra contrasta con el porcentaje de apenas el 3% que abandona la atención en el caso de mujeres no embarazadas.

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Tratamiento anti-VIH infantil en entornos con pocos recursos

La terapia antirretroviral con el inhibidor de la proteasa lopinavir potenciado por ritonavir está relacionada con un menor riesgo de sufrir malaria en niños con VIH.

Un equipo de investigadores de Tororo (Uganda), donde la malaria es endémica, examinó las tasas de esta enfermedad en la población infantil con VIH, teniendo en cuenta si estaba tomando una terapia antirretroviral basada en lopinavir/ritonavir o en un inhibidor de la transcriptasa inversa no análogo de nucleósido (ITINN).

Se comprobó que el uso del inhibidor de la proteasa potenciado se relacionó con una reducción del 59% en el riesgo de adquirir la malaria.

Todos los niños recibieron una terapia preventiva estándar antipalúdica. Los autores de esta investigación creen que el empleo de lopinavir/ritonavir puede haber potenciado los niveles de un fármaco clave contra la malaria, aunque también especulan que el propio inhibidor de la proteasa podría tener un efecto antipalúdico.

Otro estudio distinto presentado en la conferencia evidenció que el tratamiento con estavudina (d4T) constituye el factor de riesgo único más importante de sufrir lipoatrofia (pérdida de grasa) en el caso de los niños que reciben terapia antirretroviral en Sudáfrica. Los autores destacaron la importancia de la detección temprana de este efecto secundario, que resulta difícil de revertir y tiene un efecto estigmatizante.

Enlaces relacionados:

Puedes leer la noticia completa [en inglés] sobre la malaria en el sitio web de NAM.
Puedes leer la noticia completa sobre d4T [en inglés] en el sitio web de NAM.
Puedes ver el webcast de la sesión de la conferencia: ‘Critical treatment issues in women and children’.
Puedes ver el webcast de la conferencia: ‘Complications of HIV and ART in children and adolescents’.

Terapia contra la hepatitis C

Conseguir un tratamiento contra el virus de la hepatitis C (VHC) que no incluya el interferón “no es un sueño”, afirmó un grupo de investigadores a raíz de los resultados de un estudio que evidenció que una combinación de dos fármacos orales tuvo un efecto rápido y potente contra el virus.

Sin embargo, hay que señalar que la carga viral del VHC rebotó una vez interrumpido el tratamiento. Este ensayo contó con pacientes monoinfectados por dicho virus hepático.

La terapia estándar para tratar la hepatitis C consiste en la administración de interferón pegilado y ribavirina. Este tratamiento no siempre es eficaz y puede provocar efectos secundarios desagradables, muchos de los cuales se deben al interferón.

Recientemente, se aprobaron dos inhibidores de la proteasa que actúan directamente contra el VHC. Estos fármacos mejoran las tasas de respuesta del tratamiento, pero el interferón pegilado sigue constituyendo un componente esencial de la terapia contra esta infección.

En la actualidad, están en fase de desarrollo varios fármacos que actúan de forma directa contra el virus de la hepatitis C (los llamados antivirales de acción directa).

Los resultados de un estudio presentado el pasado año mostraron que una combinación consistente en el inhibidor de la polimerasa experimental GS-7977 más ribavirina funcionó bien en pacientes monoinfectados por los genotipos más fáciles de tratar del VHC, el 2 y el 3.

El equipo de investigadores decidió comprobar si la combinación resultaba segura y eficaz en personas infectadas por el genotipo 1 del VHC, que es más difícil de tratar.

Los participantes del estudio recibieron una dosis de 400mg de GS-7977 una vez al día, más 1.000 o 1.200mg (en función del peso corporal) de ribavirina durante 12 semanas. La carga viral de la hepatitis C disminuyó con rapidez y permaneció suprimida hasta el fin de la terapia.

No obstante, la carga viral rebotó posteriormente en todas las personas participantes en el estudio, excepto una. Este paciente presentaba una variación genética (IL28B) asociada con una respuesta favorable a la terapia anti-VHC y una fibrosis hepática mínima.

Los autores del estudio creen que una terapia de mayor duración o la adición de un tercer antiviral de acción directa contra el VHC podría mejorar las tasas de respuesta.

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Otras noticias

La formulación para su uso específico por vía rectal de un gel que contiene un 1% de tenofovir se toleró mucho mejor que los geles empleados en anteriores ensayos sobre microbicidas rectales.

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Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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