Las compras mancomunadas de antirretrovirales pueden no llevar a una reducción de precios

Keith Alcorn

Un análisis sobre la compra de fármacos antirretrovirales empleando datos procedentes del Mecanismo Mundial de Informe de Precios (Global Price Reporting Mechanism) -del Fondo Mundial y la Organización Mundial de la Salud [OMS]- entre 2002 y 2007 ha evidenciado que, en el caso de muchos fármacos, la compra de grandes cantidades no conduce, necesariamente, a un precio más barato, lo que pone en cuestión el punto de vista de que la compra mancomunada de grandes partidas de fármacos siempre acarrea unos precios más reducidos.

La investigación ha sido publicada por el Boletín de la OMS y ha sido llevada a cabo por Brenda Waning, de la facultad de Medicina de la Universidad de Boston (EE UU), junto con un equipo de colaboradores de la facultad de Farmacia y Ciencias de la Salud de la Universidad de Boston en Massachusetts y el Instituto Utrecht para las Ciencias Farmacéuticas (Holanda).

El estudio fue financiado por el Departamento del Reino Unido para el Desarrollo Internacional a través del proyecto Alianza para la Transparencia en Medicamentos (MeTA), cuyo objetivo es aumentar la disponibilidad de información sobre precios, demanda y suministros [de fármacos] en los países en vías de desarrollo, a fin de mejorar el acceso a los medicamentos.

El análisis examinó 7.243 transacciones efectuadas entre 2002 y 2007. El Fondo Mundial reúne datos sobre todas las compras de antirretrovirales realizadas con sus fondos a través de los programas nacionales, mientras que la OMS recoge datos de diversas fuentes, incluyendo las autoridades nacionales y las organizaciones internacionales. Los datos se combinaron y se eliminaron los registros de compra duplicados, así como los de los fármacos cuya compra fue poco frecuente (inferior a 100 adquisiciones). Los datos finales proporcionaron información sobre los precios pagados por 24 productos antirretrovirales en los países en vías de desarrollo.

Las compras fueron también clasificadas teniendo en cuenta si las realizaron países elegibles para una rebaja de precios negociada por la Iniciativa Clinton sobre el VIH/Sida (CHAI), si fueron efectuadas por países elegibles para disfrutar de precios diferenciales [o flexibles] en productos de marca, si el volumen de compra fue alto, medio o bajo, y, como indicador de calidad, si el producto había sido aprobado o no por la Agencia de la Alimentación y el Medicamento de EE UU (FDA, en sus siglas en inglés) o la OMS.

El equipo de investigadores descubrió que, en el caso de 19 de 24 productos, no hubo relación entre el volumen de compra y el precio. “Aunque la práctica de negocios convencional sugiere que la realización de grandes volúmenes de compra a escala nacional resulta en una rebaja del precio, parece que esto no sucede en el caso de estos medicamentos”, comentan los autores.

En los casos restantes, el alto volumen de compra sí dio lugar a unos precios más bajos, pero el nivel de ahorro fue distinto según el producto. Los investigadores afirman que una limitación de su análisis es la incapacidad para detectar el efecto sobre los precios de los acuerdos nacionales de licitación. Las compras nacionales determinadas como resultado de un ejercicio de licitación se tratan como una serie de compras, y las bases de datos registran los precios pagados en cada compra, no el precio de licitación. Se necesita realizar más investigación acerca del impacto de la licitación sobre la relación entre el volumen de compra y el precio.

Los autores señalan que el Fondo Mundial ha recomendado el desarrollo de estrategias de mancomunación de compras voluntaria, pero indican que cualquier ahorro conseguido gracias a ellas ha de ser comparado con los gastos de gestión de dicho sistema.

“Aunque, ciertamente, son necesarios unos mecanismos para mejorar la eficacia de la adquisición de fármacos, estos mecanismos deberían diseñarse para desarrollar y mejorar la capacidad técnica capaz de manejar dichos sistemas en los países correspondientes. Los nuevos acuerdos de adquisición, en que donantes y organizaciones internacionales actúan en nombre de los países para determinadas enfermedades, pueden no servir para reforzar los sistemas sanitarios de esos países”, comentan los autores.

El análisis también reveló que, en la mayoría de los casos, los productos de marca de precio diferencial (o flexible) fueron significativamente más caros que los productos de marca. Las únicas excepciones fueron lopinavir/ritonavir y didanosina, donde los productos ofrecidos por los programas de acceso de Abbott y Bristol-Myers Squibb se mantuvieron un 60-70% más baratos durante el período de estudio. (Desde entonces, la CHAI ha negociado los precios con los fabricantes de genéricos con una rebaja respecto al precio diferencial ofrecido para ambos productos. Estos precios deberían ser aplicables cuando las patentes o licencias no impidan la importación de versiones genéricas de estos fármacos.)

Un análisis de trece productos para los que la Iniciativa Clinton para el VIH/Sida negoció un techo de precios con los fabricantes de genéricos descubrió que, en comparación con los productos comprados fuera de los países del consorcio CHAI, en nueve casos las compras en los países de dicho consorcio fueron significativamente más económicas. En el caso de efavirenz en pastillas de 600mg, los países del consorcio CHAI pagaron un 27% menos. Sin embargo, los autores señalan que el grado de diferencia entre los países CHAI y no CHAI disminuyó después de uno o dos años, y afirman que se necesitan más estudios para determinar por qué esta diferencia se está estrechando.

Referencia: Waning B, et al. Global strategies to reduce the price of antiretroviral medicines: evidence from transactional databases. Bull World Health Organ 87, 2009.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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