El hecho de haber sufrido violencia durante la infancia aumenta el riesgo de adquirir VIH en hombres

Michael Carter

El haber experimentado sucesos violentos estresantes durante la etapa infantil está relacionado con un mayor riesgo de infección por VIH en hombres adultos, según concluye un equipo de investigadores de EE UU en la edición digital avanzada de Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes.

Los autores calcularon que el haber padecido violencia estuvo relacionado con el 18% de las nuevas infecciones por VIH, y comentan: “El hecho de sufrir violencia en una etapa temprana de la vida desempeña un papel especialmente importante en la infección por VIH en los hombres (…) y son necesarias con urgencia intervenciones para abordar las secuelas a largo plazo de los sucesos violentos experimentados durante la infancia y adolescencia”.

Se sabe que las vivencias estresantes durante la infancia tienen unas consecuencias a largo plazo tanto desde el punto de vista psicológico como del desarrollo. La investigación llevada a cabo en mujeres también ha evidenciado que el abuso sexual o físico durante la etapa infantil está relacionado con un comportamiento sexual de riesgo. Asimismo, existen algunos indicios que apuntan que los hombres gais que sufrieron abusos sexuales cuando eran niños tienden más a ponerse a sí mismos en una situación de riesgo de adquirir VIH.

El equipo de investigadores decidió reunir más datos sobre la prevalencia de las experiencias violentas en las primeras etapas de la vida en hombres, así como el papel que dichas experiencias desempeñan en la incidencia de las infecciones por VIH.

La muestra de su estudio estuvo compuesta por 13.274 hombres de etnia blanca, negra y de origen hispano que participaban en el Sondeo Nacional Epidemiológico sobre Alcohol y Dolencias Relacionadas (NESARC, en sus siglas en inglés) de 2004-2005.

Todos los participantes tenían 18 años o más y se les preguntó por sus experiencias de abuso físico, abuso sexual, desatención y abuso emocional.

A los hombres se les pidió que declararan si practicaban sexo con otros hombres, con mujeres, o con ambos sexos, y si habían sido diagnosticados de VIH en los últimos doce meses.

Además, los participantes fueron entrevistados para ver si presentaban un trastorno de estrés postraumático.

En conjunto, el 24% de la muestra era de etnia distinta a la blanca (11% de etnia negra y 13% de origen hispano), el 37% de los participantes tenían educación universitaria y el 4% declararon que eran gais o bisexuales.

La incidencia de VIH fue del 0,35%, un porcentaje similar al observado entre la población general de EE UU. Sin embargo, la incidencia del virus fue significativamente superior entre los hombres de etnia no blanca (p <0,0001) y los gais y bisexuales (p <0,0001).

La tercera parte de los varones declararon haber vivido uno o más sucesos violentos durante la etapa infantil. El 3% de ellos afirmó haber sido víctima de abuso físico, el 2%, de abuso sexual, el 3%, de desatención, el 28%, de violencia verbal y el 13% presenció violencia ejercida contra su madre.

El 21% de los hombres indicaron haber sufrido una situación estresante, el 9%, dos, y el 3% señalaron que habían vivido tres o más experiencias de violencia infantil.

La población masculina recientemente infectada por VIH fue más propensa que la que no tenía el virus a haber experimentado diversos acontecimientos violentos en las primeras etapas de su vida. Entre ellos se incluyeron los abusos físicos (16% frente a 3%), los abusos sexuales (12% frente a 2%), la desatención (11% frente a 3%) y el haber sido testigo de violencia contra sus madres (23% frente a 13%). Todas estas diferencias fueron altamente significativas (p <0,0001).

En total, el 4% de los hombres presentaban un trastorno por estrés postraumático. Una proporción significativamente superior de varones con infección por VIH incidente (en comparación con los hombres sin VIH) había sido diagnosticada de trastorno por estrés postraumático en el año anterior (26% frente a 4%; p <0,0001).

El análisis llevado a cabo por los investigadores reveló que el número de experiencias de violencia en la infancia constituyó un importante factor de predicción de infección por VIH incidente (cociente de probabilidades ajustado [CPA]: 1,32; intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 1,16 – 1,50).

Esta relación resultó especialmente sólida en el caso de hombres gais y bisexuales (CPA: 11,53; IC95%: 9,45 – 14,06).

Un examen más en profundidad evidenció que los hombres gais y bisexuales que declararon un mayor número de sucesos violentos fueron un 65% más proclives a haberse infectado de manera reciente por VIH que los hombres heterosexuales que afirmaron haber sufrido el mismo número de vivencias estresantes (CPA: 1,65; IC95%:1,17 – 2,34).

La incidencia de VIH entre los hombres que experimentaron al menos un suceso violento durante la etapa infantil fue del 0,39%, frente al 0,32% de los hombres que indicaron que no se vieron expuestos a la violencia en sus primeras etapas de vida. En consecuencia, el equipo de investigadores determinó que el 18% de “los casos incidentes de VIH en la muestra podrían haberse evitado si se hubieran eliminado los acontecimientos violentos en la primera infancia”.

El trastorno por estrés postraumático también estuvo relacionado con una infección reciente por VIH (CPA: 5,75; IC95%: 4,76 – 6,95). Por otra parte, se encontraron pruebas de que dicho trastorno medió en parte la relación entre los sucesos en la infancia y la adquisición del VIH (CPA: 1,14; IC95%: 1,02 – 1,28).

“El presente estudio demuestra la existencia de una pauta entre la infección por VIH y la violencia sufrida en la infancia y mediada por el diagnóstico de trastorno por estrés postraumático”, comenta el equipo de investigadores.

Aunque los autores reconocen que su investigación presenta ciertas limitaciones, sobre todo su dependencia de la declaración por el propio interesado tanto de sus experiencias como del diagnóstico de VIH, consideran que, de todos modos, sus hallazgos poseen una significación para la salud pública. En especial, los resultados podrían ayudar a adaptar los esfuerzos preventivos del VIH.

Las intervenciones psicológicas, como la terapia cognitiva-conductual, han demostrado su eficacia en el tratamiento de los trastornos de humor y ansiedad.

“El incluir la prevención del VIH dentro de estos tratamientos psicoterapéuticos basados en pruebas para los jóvenes (o adaptar estas terapias validadas como parte de las intervenciones preventivas del VIH dirigidas a hombres adultos) representa un área importante de investigación en intervenciones de desarrollo, especialmente teniendo en cuenta que las preocupaciones sobre salud mental no solo contribuyen a aumentar el riesgo de infección, sino que es posible que también interfieran con la aceptación de las intervenciones conductuales en hombres”.

Referencia: Reisner SL, et al. Early life traumatic stressors and the mediating role of post-traumatic stress disorder (PTSD) in incident HIV infection among U.S. men, comparisons by sexual orientation and race/ethnicity: results fro the National Epidemiologic Survey on Alcohol and Related Conditions, 2004-2005. J Acquir Immune Defic Syndr, online edition, doi: 10.1097/QAI.0b013e31821d36b4, 2011 (En esta dirección podrás encontar el abstract de forma gratuita).

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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