Numerosos embarazos no deseados en adolescentes infectadas por vía vertical

Roger Pebody

Aproximadamente una de cada siete adolescentes con VIH ha estado embarazada, según los datos de una auditoría de las clínicas del Reino Unido presentados el pasado mes en la conferencia conjunta de la Asociación Británica del VIH (BHIVA) y la Asociación Británica de Salud Sexual y VIH (BASHH).

La mayoría de los embarazos no fueron planificados y una cuarta parte fueron interrumpidos. Aunque en muchos casos se registraron problemas con la adhesión a la medicación antirretroviral, afortunadamente, en ninguno de los embarazos se produjo la transmisión del VIH al bebé.

Estos casos subrayan la necesidad de disponer de servicios de educación sobre salud sexual dirigidos a estas jóvenes que adquirieron el VIH por transmisión de madre a hijo en las décadas de 1980 y 1990. Para ayudar a los profesionales sanitarios en esta tarea, las organizaciones Young People Network (HYPNET) y Children’s HIV Association (CHIVA) publicaron, la pasada semana, un borrador de directrices acerca del manejo de la salud sexual y reproductiva de adolescentes con VIH.

La auditoría sobre los embarazos se llevó a cabo enviando un cuestionario a 19 clínicas participantes, a las que se pidió que revisaran las notas médicas de todas las pacientes que acudieran a la clínica que hubieran adquirido el VIH por infección vertical y tuvieran doce años o más de edad. Se reunió información sobre un total de 172 personas, de las que 27 habían tenido un total de 36 embarazos.

De los 36 embarazos declarados:

  • El 75% no fueron planeados.
  • El 86% implicaron a parejas habituales.
  • El 39% de las parejas desconocían el estado serológico al VIH de la mujer.
  • Se interrumpieron el 25% de los embarazos.
  • El 14% acabaron en un aborto espontáneo.
  • El 50% resultaron en el nacimiento de un bebé vivo y el 11% aún estaban en curso en el momento recoger los datos.

De los 18 casos en los que el bebé nació vivo, el 89% de las madres estaban recibiendo una terapia combinada en el momento del parto. Las mujeres bajo terapia tuvieron un recuento mediano de CD4 de 252 células/mm3 (intervalo: 54 – 437 células/mm3) y una mediana de carga viral de 79 copias/mL (intervalo: <50 – 588.844 copias/mL).

Sólo en ocho de estos 18 casos mencionados (44%) la madre tenía una carga viral del VIH inferior a 50 copias/mL antes del parto. El 80% de las madres presentaron un peor grado de adhesión al tratamiento durante el embarazo, recibiendo dos de ellas una terapia directamente observada (DOT, en sus siglas en inglés).

La tercera parte de los bebés nacieron de forma prematura y cinco de ellos precisaron de atención neonatal intensiva. Tres tuvieron un peso reducido al nacer. No se describieron anomalías congénitas.

Tampoco se registró ningún caso de transmisión del VIH.

Se informó de que dos tercios de las madres jóvenes tenían necesidades sociales complejas, y la cuarta parte de sus bebés precisó cuidados para la crianza.

Borrador de las directrices

Se trata de la primera vez que se publican unas orientaciones específicas respecto al manejo de la salud sexual y reproductiva de adolescentes con VIH. El documento deja claro que, incluso en los casos en que el tema no es planteado por la joven, los pediatras deberían hacerse responsables de atender la educación y las necesidades referentes a la salud sexual durante las consultas. Este proceso debería iniciarse mucho antes de que se alcance la madurez sexual. Las directrices afirman que las adolescentes con VIH requieren la misma información sobre salud sexual que sus iguales no infectadas por el virus, además de ayuda extra a la hora de ponerla en práctica.

Entre los temas que deberían abordarse, están la prevención de la transmisión del VIH y de otras infecciones de transmisión sexual (ITS), los anticonceptivos, los síntomas y tratamientos de las ITS, las vacunaciones, el revelado del estado serológico al VIH, la profilaxis post-exposición [PPE], las opciones anticonceptivas y las cuestiones de fertilidad, el embarazo y la prevención de la transmisión de madre a hijo, las opciones disponibles si se produce un embarazo no deseado, la explotación y la violencia sexual, los problemas sexuales, el apoyo psicológico para negociar el sexo seguro, la autoafirmación o el acoso (bullying), entre otros temas.

Las directrices examinan algunas de las cuestiones implicadas en las tareas de favorecer la salud sexual en este grupo de edad. Los servicios de salud sexual para los jóvenes deberían ser confidenciales (sin que se informara a los progenitores o tutores), ya que la persona joven es valorada como “Gillick-competente” (es decir, que dispone de la madurez necesaria para tomar sus propias decisiones y para entender sus implicaciones). En el caso de menores de 16 años, la ‘competencia Gillick’ tiene que valorarse en cada visita clínica, puesto que puede cambiar con el tiempo.

Por otra parte, las directrices señalan que las adolescentes valoran de forma positiva las consultas en las que no se las juzga, les proporcionan información correcta y se mantiene la confidencialidad. A los profesionales se les alienta para que empleen un lenguaje sencillo, comprueben si les están entendiendo y que no sobrecarguen a las adolescentes con demasiada información. No deberían hacer suposiciones sobre si la persona joven es sexualmente activa o acerca de la orientación de su sexualidad.

El borrador de las directrices está abierto a comentarios y aportaciones hasta el 28 de mayo.

Referencias: Williams B. Pregnancy outcomes in women growing up with HIV acquired perinatally or in early childhood. HIV Medicine 11 (supplement 1), P144, 2010.

HIV in Young People Network (HYPNET) and the Children’s HIV Association (CHIVA), Guidance on the management of sexual and reproductive health for adolescents living with HIV (draft), 2010.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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