El estigma está detrás de la toma de riesgos sexuales de los hombres gays con VIH

Roger Pebody

Las experiencias de estigma y rechazo de los hombres gays con VIH por parte de sus parejas sexuales influyen, en gran medida, en su implicación en las prácticas de sexo casual y los disuade de llevar a cabo muchas estrategias de reducción de riesgo, según informa Sigma Research en su informe Relative Safety II (Seguridad Relativa II), hecho público esta semana.

Los hombres entrevistados mostraron su deseo de equilibrar su deseo de placer sexual con la necesidad de mantener su sentido de integridad moral, pero a menudo no fueron capaces de evitar realizar prácticas sexuales que podrían ocasionar la transmisión del VIH.

Como seguimiento de un estudio similar publicado una década atrás, Adam Bourne y un equipo de colaboradores entrevistaron a 42 hombres gays, diagnosticados de VIH, respecto a sus prácticas sexuales y su gestión del riesgo. Las entrevistas cualitativas en profundidad se centraron en las experiencias recientes de sexo anal sin protección. Para participar en el estudio, los hombres tenían que haber practicado sexo sin protección en el año anterior. En consecuencia, es importante señalar que el estudio no refleja las experiencias de la tercera parte de hombres gays con VIH que no mantienen relaciones sexuales anales sin protección.

Los autores intentaron que la muestra incluyera una mezcla variada de encuestados de Londres y Manchester, así como de otras zonas con baja prevalencia [en Reino Unido], y que también garantizara la diversidad en cuanto a edad y tiempo desde el diagnóstico.

Todos los encuestados eran conscientes de que podían transmitir el VIH a través de la práctica de sexo anal sin protección, y casi en su conjunto afirmaron que jamás querrían ser responsables de ello. Los hombres diagnosticados de manera más reciente tendieron a mostrarse especialmente preocupados por este tema, e incluso con frecuencia evitaron toda práctica sexual durante algún tiempo tras el diagnóstico.

En lo referente a los daños a terceros que podrían derivarse de la práctica de sexo sin protección, los hombres tendieron a sentir que las infecciones de transmisión sexual en raras ocasiones eran graves, aunque algunos se mostraron más preocupados por la hepatitis C.

Aunque algunos varones recientemente diagnosticados sentían que la superinfección por VIH suponía un problema, los que llevaban más tiempo viviendo con el virus, por lo general, creían que los médicos habían exagerado su importancia de forma deliberada.

No obstante, sí que preocuparon más los daños emocionales, psicológicos y sociales a los que podía conducir el sexo sin protección. Si los hombres no conseguían satisfacer sus propias directrices éticas, esto podía conducirles a un estado de confusión. Además, algunos encuestados describieron la percepción de irresponsabilidad del comportamiento de otros varones con VIH para destacar su propia integridad moral. El practicar sexo anal sin protección constituyó una amenaza tanto para el propio sentido positivo de identidad del hombre como para el modo en el que le percibían a él otros hombres gays.

El equipo de investigadores argumenta que la preocupación de los hombres respecto al rechazo y el estigma afecta en cómo gestionan el riesgo. El hecho de revelar el estado serológico deja vulnerables a los varones frente a un daño importante, incluyendo reacciones violentas y ansiedad por la posibilidad de que antiguas parejas puedan acudir a investigaciones policiales como venganza, así como por que el rechazo conduzca a trastornos emocionales y problemas para encontrar parejas sexuales. En una comunidad que a menudo se muestra hostil a las personas con VIH, el instinto de autoprotección de los hombres con frecuencia les lleva a elegir comportamientos en los que revelar el estado serológico se considera innecesario.

Por ejemplo, muchos hombres acudieron a saunas, no sólo por la disponibilidad de sexo, sino también porque asumían que casi todos los otros usuarios de la sauna tenían VIH. Al igual que las salas de chat o encuentros de grupos de apoyo del VIH, se consideró que las saunas eran “espacios con VIH”, en donde los usuarios habían anunciado implícitamente su estado serológico por el solo hecho de acudir a ellas. Esto permitió que los hombres practicaran sexo sin protección sin que hubiera una conversación explícita sobre el estado al VIH, pero dejando intacto su sentido de la integridad personal.

En algunos entornos, algunos hombres intentaron evitar desvelar su estado y mantener su sentido de la integridad moral sugiriendo a las parejas sexuales que sería una buena idea usar un preservativo. De todos modos, un hombre describió cómo estas sugerencias impulsaron a una pareja sexual a preguntarle directamente si tenía VIH. Cuando le respondió que sí, el otro hombre se enfadó y marchó.

Otra forma de revelado implícito del estado serológico que emplearon los hombres fue marcar la opción de “ha de discutirse el sexo seguro” en los perfiles de internet de Gaydar. Pocos varones desvelaron de forma explícita su estado serológico en su perfil, pero pudieron mencionarlo en el intercambio privado de mensajes instantáneos. Los encuestados describieron ambigüedades y malos entendidos en el revelado del estado serológico en internet, pero en general encontraron que ese medio les permitió examinar a posibles parejas con menos temor a la decepción o a represalias.

Con todo, el equipo de investigadores descubrió que los hombres emplearon estrategias de reducción del riesgo, al menos en algún grado. Ningún varón mencionó la disminución de la duración de la relación anal o el impacto que la carga viral o una infección de transmisión sexual podría tener sobre el riesgo de transmisión. Apenas unos pocos encuestados comentaron el mayor riesgo de infección para la pareja “pasiva” en el sexo anal o el posible beneficio de retirarse antes de la eyaculación.

Algunos hombres practicaron alguna forma de serosorting (búsqueda de parejas del mismo estado serológico); los encuestados afirmaron que eso les permitió tener unas prácticas sexuales sin inhibiciones, donde el estado serológico al VIH no fue el tema más preocupante.

De todos modos, los autores destacan que muy pocos hombres practicaron de forma exclusiva serosorting de una manera que pudiera garantizar que ambos miembros de la pareja tenían el mismo estado serológico. El revelado frecuentemente fue implícito (por el hecho de encontrarse en una sauna, por ejemplo) o no fue recíproco. Los encuestados pueden haber hecho un revelado directo del estado al VIH y suponer que si su pareja estaba dispuesta a seguir adelante sin preservativos significaba que también debía de tener el virus.

Sin embargo, la mayor parte de los hombres rechazó realmente la idea del serosorting. En su mente, estaba relacionada con hombres que realizan prácticas secretas de alto riesgo y, en palabras de un participante, que “van propagando [la infección] porque follan por las buenas o por las malas”. Muchos hombres se esforzaron por distanciarse de este comportamiento. Se sentían asustados por la idea de que el sexo sin protección pudiera llegar a ser una actividad regular o planificada y, así, rechazaban el serosorting, el posicionamiento estratégico, el retirarse antes de la eyaculación y otras estrategias de reducción de riesgo.

No obstante, todos esos hombres practicaron sexo sin protección. En general, se describió como un acontecimiento excepcional, determinado por circunstancias como el consumo de sustancias o la insistencia de una pareja. Los autores dejaron claro que varios hombres carecían de la autoconfianza o las habilidades de negociación necesarias para manejar dichas situaciones. Muchos varones aspiraban a usar el preservativo todas las veces, pero no pudieron seguir estrategias de disminución del riesgo cuando, por cualquier motivo, no se emplearon los condones.

En su conclusión, el equipo de investigadores señala varias consecuencias del estigma asociado con el VIH: una resistencia a revelar el estado serológico y un estímulo a practicar sexo anónimo, el rechazo de algunos entrevistados hacia otros hombres con VIH y sus comportamientos, el deseo de no aceptar la idea de que el riesgo de infección por VIH forma parte integral del sexo, y la resistencia a seguir estrategias de reducción del riesgo.

Sin embargo, también indican que, en el caso de un número elevado de hombres, hubo contradicciones directas entre sus intenciones y su comportamiento. Muchos varones levantaron un sistema de creencias sobre el riesgo que les permitía practicar el sexo que deseaban, al tiempo que se sentían “suficientemente morales”. Es decir, consideran que se están comportando de forma responsable, pero la transmisión del VIH podría muy bien estar teniendo lugar.

El equipo de investigadores recomendó la realización de intervenciones preventivas personalizadas para los hombres diagnosticados teniendo en cuenta la importancia del estigma, y debatir la práctica de sexo sin protección por vías creíbles e informativas. Además, los profesionales de la salud tienen que mejorar sus habilidades para que los hombres se impliquen en estos temas.

Referencia: Bourne A, et al. Relative Safety II: risk and unprotected anal intercourse among gay men with diagnosed HIV. London: Sigma Research 2009.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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