La relación entre la secreción genital detectable de VIH y las infecciones cervicales parece ser mínima en mujeres bajo TARV

Kelly Safreed-Harmon

Los resultados de un pequeño estudio keniano sugieren que los niveles de carga viral del VIH se mantienen bajos durante los episodios de infección cervical [referida a la cérvix o cuello de útero] en mujeres seropositivas que siguen una terapia antirretroviral (TARV).

Los hallazgos son interesantes para los investigadores que examinan la dinámica de la capacidad de infección del virus dentro del contexto de la expansión mundial del tratamiento, ya que, en algunos entornos, las reducciones de la viremia obtenidas gracias a la TARV pueden ser de una magnitud lo suficientemente grande como para dar lugar a una reducción de la transmisión del virus a nivel poblacional.

Aunque la TARV disminuye, en gran medida, la capacidad de infección en general, una pequeña proporción de mujeres que toman tratamiento sigue teniendo unos niveles detectables de VIH en las secreciones genitales.

El hecho de que las infecciones cervicales puedan aumentar la secreción genital del VIH en mujeres que no siguen TARV plantea la cuestión de si esta misma dinámica sigue siendo válida de algún modo en la población femenina que ya inició el tratamiento.

El estudio keniano indica que, en general, ése no es el caso. Se comprobó que la mayoría de las participantes del estudio que desarrollaron infecciones de cuello de útero cuando tomaban TARV mantenían unas cargas virales indetectables en la zona de la cérvix durante dichos episodios clínicos. Incluso entre el reducido número de mujeres cuya viremia superó el umbral de la detección, los niveles de virus siguieron siendo bastante bajos.

En el estudio de cohorte prospectiva se inscribieron 147 mujeres kenianas con VIH que cumplieron los criterios clínicos estándar para el inicio de la TARV. Las mujeres comenzaron a tomar los regímenes antirretrovirales estándares de primera línea y proporcionaron muestras biológicas para la realización mensual de pruebas de carga viral e infección genital. El umbral de detección de la viremia fue de 100 copias/mL.

El equipo de investigadores analizó los datos provenientes de 30 participantes del estudio que experimentaron 31 episodios de infección cervical al menos un mes después de empezar la TARV. Un caso implicó el diagnóstico y tratamiento de clamidia, 17, de gonorrea y 13, de cervicitis (inflamación de la cérvix) no específica.

Desde un punto de vista estadístico, la probabilidad de que las mujeres desarrollen una carga viral del VIH detectable se ve incrementada por la aparición de las infecciones de cuello de útero. No obstante, en realidad sólo cinco mujeres presentaron al mismo tiempo unos niveles detectables de viremia y una infección cervical.

Los niveles de carga viral de las participantes variaron entre 100 y 820 copias/mL durante los episodios de infección de cérvix (mediana: 115 copias/mL).

La mediana de edad del subgrupo de mujeres que padeció alguna infección cervical fue de 36 años (rango intercuartil: 31 – 38). El recuento de las pastillas de antirretrovirales indicó la existencia de unos altos niveles de adhesión al tratamiento.

Los autores advierten que, si bien sus resultados “ponen aún más de relieve los posibles beneficios de la TARV como estrategia preventiva”, es importante tener en cuenta que incluso unos niveles bajos de VIH en las secreciones genitales pueden ocasionar la transmisión del virus a las parejas sexuales.

Así, el documento concluye: “La identificación y tratamiento de las infecciones cervicales puede ayudar a optimizar los beneficios de la TARV como modo de prevención secundaria [del VIH]”.

El estudio keniano, aunque demasiado pequeño como para arrojar unos resultados definitivos, ayuda a la comprensión del complejo panorama que está surgiendo en relación con el concepto de que el tratamiento anti-VIH funcione también como herramienta preventiva del virus.

Si otras investigaciones coinciden en que las infecciones cervicales no aumentan mucho la probabilidad de que las mujeres con VIH transmitan el virus a sus parejas sexuales, este hecho se puede descartar como factor potencial en la explicación de por qué algunas pacientes que siguen una TARV tienen más probabilidades de transmitir el virus que otras.

Referencia: Gitau RW, et al. Effect of acquisition and treatment of cervical infections on HIV-1 shedding in women on antiretroviral therapy. AIDS, advance online publication, September 24, 2010.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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