Identificados los factores de riesgo del brusco aumento en el número de casos de LGV en el Reino Unido

Roger Pebody

En el primer trimestre de 2010, se registraron más del doble de casos de linfogranuloma venéreo (LGV) que en el mismo período de 2009, según anunció Cassandra Powers [de la Agencia para la Protección de la Salud] en el transcurso de la conferencia conjunta de la Asociación Británica del VIH (BHIVA) y la Asociación Británica para la Salud Sexual y el VIH (BASHH), que tuvo lugar la pasada semana.

El linfogranuloma venéreo es una infección de transmisión sexual que anteriormente era poco habitual y que está provocada por unas cepas específicas de clamidia. Si no se trata, los síntomas pueden ser complejos y graves, incluyendo la aparición de proctitis (inflamación del ano o el recto).

Los primeros casos se observaron en hombres gays en 2004 y 2005, pero se esperaba que en 2008 esta nueva epidemia se hubiera estabilizado. Casi todos los casos de LGV se registran en hombres gays o bisexuales, y tres cuartas partes de los infectados, además, tienen VIH.

Los nuevos datos proceden de los sistemas epidemiológicos nacionales y evidencian que el número mensual de casos aumenta cada mes desde septiembre de 2009. En el primer trimestre de 2010, se registraron 113 casos, lo que supone un incremento del 209% respecto al primer trimestre de 2009.

Los casos siguen estando concentrados en Londres, Manchester y Brighton, aunque no de forma exclusiva. Powers afirmó que este aumento no puede atribuirse a un incremento en el número de hombres que realizan la prueba del linfogranuloma venéreo.

Durante la conferencia, Helen Ward también presentó datos preliminares del estudio LGV-net sobre los posibles factores de riesgo de adquirir el LGV. En este estudio caso-control se inscribieron 73 hombres con LGV provenientes de seis clínicas del Reino Unido y sus resultados fueron comparados con los de dos grupos control. El primer grupo control estuvo compuesto por hombres gays sin síntomas que acudían a someterse a exámenes de salud sexual, y el segundo, por hombres gays que presentaban síntomas similares a los de los hombres con LGV, pero que realmente no lo tenían.

A pesar de la relativamente escasa cantidad de hombres que participaron en el estudio, el análisis multivariable identificó un gran número de factores relacionados con un riesgo significativo desde el punto de vista estadístico de tener LGV.

En comparación con los hombres que no mostraban síntomas, se encontró que los siguientes factores fueron significativos: tener VIH (cociente de probabilidades [CP]: 2,7), practicar fisting (CP: 8,5), practicar sexo anal receptivo sin preservativo (CP: 3,0), mantener relaciones sexuales insertivas sin protección (CP: 1,7), acudir a ‘cuartos oscuros’ (CP: 1,6), frecuentar saunas (CP: 3,3), utilizar internet para conocer parejas (CP: 1,8) y consumir ‘cristal meth’ (CP: 2,7).

En el análisis final, los dos factores que resultaron estar relacionados de manera independiente con tener LGV fueron la práctica del fisting y el acudir a saunas.

Al hacer la comparación con los hombres que presentaban síntomas, los siguientes factores resultaron ser significativos: tener el VIH (CP: 1,5), tener más de diez parejas (CP: 1,6), practicar sexo receptivo anal sin preservativo (CP: 1,4), practicar relaciones sexuales insertivas sin protección (CP: 4,8), practicar la ‘lluvia dorada’ (CP: 1,8), pertenecer a la etnia blanca (CP: 2,5), acudir a ‘cuartos oscuros’ (CP: 2,0), usar internet para conocer parejas (CP: 1,1), acudir a fiestas sexuales (CP: 1,3), consumir ‘cristal meth’ (CP: 1,3) y tomar Viagra® (CP: 1,2).

En los resultados finales, el único factor asociado de forma independiente con tener LGV fue la práctica de sexo anal insertivo sin protección. Sin embargo, Ward explicó que casi todos los hombres habían adquirido el linfogranuloma venéreo por vía rectal. La investigadora afirmó que el análisis sobre cuáles fueron los factores de riesgo reales resultaba complicado, ya que muchos de ellos están correlacionados entre sí.

Ward sugirió que la relación con la infección por VIH no constituía un factor biológico, pero el tener este virus podría ser un indicativo de determinados comportamientos: práctica de serosorting (elección de parejas del mismo estado serológico al VIH) y participación en densas redes sexuales en las que se produce la transmisión del LGV.

La investigadora resumió su hipótesis provisional de cómo se transmite el linfogranuloma venéreo: "Pensamos que esto se relaciona con pertenecer a redes sexuales muy densas, pero especialmente con el hecho de mantener contactos simultáneos en fiestas y saunas donde los hombres practican sexo anal, tanto insertivo como receptivo, lo que podría explicar por qué no estamos viendo tantos casos de LGV urogenital. En realidad, estamos ante transmisiones de recto a recto a través de los preservativos y el fisting con múltiples parejas en un único encuentro sexual".

Las dos conferenciantes recomendaron una mayor actividad de promoción de la salud para aumentar la sensibilización en torno al LGV. Helen Ward afirmó de forma específica que se debería incluir información referente al riesgo de los encuentros con múltiples parejas, así como al modo de reducir estos riesgos. Cassandra Powers sugiere que se ofrezca la realización de pruebas de LGV durante la atención clínica de rutina a los hombres gays con VIH que muestren síntomas de infección por este linfogranuloma (por ejemplo, proctitis) o que tengan clamidia.

Referencias: Powers C, et al. Substantial increase in cases of lymphogranuloma venereum (LGV) in the UK. BHIVA/BASHH conference, Manchester, 2010 (no abstract submitted).

Ward H, et al. Risk factors for acquisition of lymphogranuloma venereum: results of a multi-centre case control study in the UK. HIV Medicine 11 (supplement 1), O36, 2010.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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