Prueba simple y económica para medir el endurecimiento arterial en pacientes con VIH

Michael Carter

Una prueba simple y económica para medir el endurecimiento arterial parece ser efectiva en personas con VIH, según un estudio publicado en la edición de 11 de julio de la revista AIDS. Investigadores españoles descubrieron que el índice de presión brazo tobillo (ABI, en sus siglas en inglés), en pacientes con VIH, estaba relacionado con el grosor de las capas íntima y media (IMT, en sus siglas en inglés) de la carótida, una medida tradicional del endurecimiento de las arterias (o aterosclerosis).

Las enfermedades cardiovasculares (ECV) constituyen un problema creciente entre pacientes que se encuentran bajo terapia antirretroviral (TARV). Desafortunadamente, la mayoría de los pacientes sólo recibe el diagnóstico de ECV cuando presenta síntomas y, por tanto, ha desarrollado endurecimiento arterial.

Un test estándar para evaluar el endurecimiento de las arterias es el IMT por ultrasonidos. Esta prueba, sin embargo, es cara y no está siempre disponible. Un test alternativo al IMT es el ABI, que implica situar un dispositivo para medir la presión en el brazo y otro en el tobillo. Es simple y barato. Los resultados del IMT y el ABI en pacientes sin VIH han mostrado correlación.

No obstante, las pruebas que evidencian que ABI es una medida fiable del endurecimiento arterial han sido, generalmente, llevadas a cabo en pacientes mayores con una alta prevalencia de diabetes. Los expertos eran conscientes de que las personas con VIH con riesgo de padecer endurecimiento arterial tienden a ser más jóvenes y presentan una menor prevalencia de diabetes. Además, los estudios que evaluaron el endurecimiento arterial en pacientes con VIH mediante el ABI proporcionaron resultados conflictivos.

Tomando como base esas consideraciones, los investigadores realizaron un estudio con 139 personas con VIH, en las que se efectuaron tanto el ABI como el IMT con el fin de observar si sus resultados mostraban una capacidad predictiva equivalente de endurecimiento arterial en pacientes con el virus. El estudio se llevó a cabo entre principios de 2006 y finales de 2007.

La edad media de los pacientes fue de 46 años, el 73% de ellos eran hombres, el 79% tomaba TARV, el 58% tenía una carga viral inferior a 50 copias/mL y el recuento medio de CD4 era de 502 células/mm3.

Hubo una alta prevalencia de factores de riesgo de padecer ECV en la población del estudio, con un 61% de fumadores, un 29% con presión arterial elevada, un 11% con un historial familiar de enfermedad cardíaca y un 22% con cambios en el tejido adiposo corporal asociados a la terapia antirretroviral. El 46% de los pacientes presentaba tres o más factores de riesgo de padecer cardiopatía. Una puntuación moderada en la escala de riesgo de Framingham (una medida del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares aceptada) se dio en el 17% de los pacientes, mientras que un 18% presentaba una puntuación elevada en dicha escala.

Un poco más de una quinta parte de los pacientes (22%) tenía un IMT superior a 0,8mm, indicador de endurecimiento arterial. Este hecho se asoció a mayor edad, presión arterial elevada y una puntuación alta en la escala Framingham (en los tres casos p <0,001).

Los subsiguientes análisis multivariables revelaron que una puntuación ABI reducida (por debajo de 0,90), una presión arterial elevada y la edad estuvieron asociadas de manera independiente con un IMT superior a 0,8mm (en todos los casos p < 0,001). Cuando los investigadores restringieron su análisis a pacientes con dos o más factores de riesgo de enfermedad cardiovascular, hallaron que una puntuación baja en el ABI, fumar y la edad fueron indicadores de IMT (p <0,001).

Una puntuación en el ABI por debajo de 0,90 había sido asociada en anteriores estudios con un IMT incrementado.

Todos los pacientes del presente estudio con ABI superior a 0,90 eran hombres y su IMT fue significativamente más elevado que el observado en pacientes con ABI normal (0,95 y 0,66mm, respectivamente; p= 0,005). Esos pacientes, además, al ser comparados con pacientes con ABI normal, tenían más factores de riesgo tradicionales de padecer enfermedad cardíaca (cuatro y dos, respectivamente, p= 0,015) y presentaban un recuento de CD4 inferior (220 y 450 células/mm3).

Un ABI elevado (por encima de 1,40) ha sido asociado con un grosor mayor en el IMT en personas mayores sin VIH, aunque no era el caso estudiado en el presente ensayo.

“Hallamos que los pacientes con un ABI bajo, según el punto de corte aceptado para la población general, tenían un IMT elevado. Este hecho sugiere que, en personas con VIH, este valor puede ser un marcador alternativo de aterosclerosis subclínica”, concluyeron los investigadores.

Referencia:Gutierrez F, et al. Relationship between ankle-brachial index and carotid intima-media thickness in HIV-infected patients. AIDS. 2008; 22: 1.369 – 1.376.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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