Con frecuencia, los hombres gays no acceden a la PPE a pesar del riesgo de exposición al VIH

Michael Carter

Es posible que los hombres homosexuales no estén accediendo a la profilaxis post-exposición (PPE) para el VIH en algunas circunstancias en las que su uso estaría justificado, según sugiere un estudio publicado en la edición digital de Sexually Transmitted Infections.

Un equipo de investigadores de Brighton (Reino Unido) realizó entrevistas a 15 hombres gays que estaban tomando en aquel momento (o habían completado recientemente) un tratamiento de profilaxis post-exposición después de una relación sexual anal sin protección. Se descubrió que, antes de acceder a este tratamiento, los hombres tenían en general una comprensión escasa de lo que implicaba dicha intervención.

También se puso de manifiesto que, aunque los varones describieron como “inusual” el encuentro sexual que condujo al acceso a la PPE, casi todos pudieron describir otras circunstancias en las que su comportamiento de riesgo hubiera justificado igualmente un tratamiento con esta profilaxis. Además, las entrevistas indicaron que los hombres intentaron distanciarse de su comportamiento de riesgo, atribuyéndolo al consumo de drogas y alcohol, o bien responsabilizando, de algún modo, a su pareja sexual.

La profilaxis post-exposición (un pequeño ciclo de tratamiento con fármacos antirretrovirales que se toma tras una posible exposición al VIH) es cada vez más accesible para las personas que declaran comportamientos sexuales de riesgo. El número de hombres gays que solicitan dicho tratamiento ha aumentado tras las campañas publicitarias dirigidas a esa población y la publicación de directrices profesionales.

Existen pruebas sólidas de que la PPE puede prevenir la infección por VIH, pero se han registrado casos de transmisión del virus pese a su uso tras una posible exposición sexual. En muchas ocasiones, estas infecciones pueden atribuirse a un comportamiento sexual de riesgo continuo.

Un equipo de investigadores se propuso ahondar en los factores y las explicaciones que conducen a que los hombres gays accedan a la PPE. Su esperanza era que los resultados del estudio pudieran conducir al desarrollo de campañas de promoción de la salud dirigidas a los hombres que no están accediendo a este tratamiento después de una posible exposición al VIH.

Entre enero de 2007 y enero de 2008, el equipo de investigadores de Brighton realizó entrevistas semiestructuradas con 15 hombres gays que estaban tomando (o lo habían hecho recientemente) un ciclo de tratamiento de PPE.

Por lo general, el conocimiento de los hombres sobre lo que implicaba esta terapia era escaso antes de acceder a ella. Sabían que estaba disponible y que era probable que previniese la infección por VIH. Sin embargo, sólo después de acceder al tratamiento se enteraron de detalles como: 1) que para ser eficaz, la PPE tenía que iniciarse en las 72 horas posteriores a la exposición; 2) que suponía tomar una combinación de fármacos anti-VIH; 3) la duración que tenía el tratamiento y 4) que existía la posibilidad de que fracasase

Un participante dijo a los investigadores: “[Sabía que] había un tratamiento disponible, pero no tenía ni idea de cómo funcionaba”. Otro describió su sorpresa al descubrir que la PPE suponía una terapia con fármacos antirretrovirales: “Llegué a casa, leí los folletos y me di cuenta de que, en esencia, se trataba de una medicación diseñada para personas con VIH (…). Leer eso fue un poco como recibir una bofetada en la cara”.

Las relaciones sexuales anales sin protección fueron el principal comportamiento que llevó a los hombres a acceder a la PPE. Usualmente, los hombres calificaron este comportamiento como “raro” o “excepcional”, y lo situaron en un contexto de consumo de drogas o alcohol. Esta conducta de riesgo fue descrita también como impropia de ellos y, en general, se consideraron a sí mismos como en una situación de bajo riesgo de infección por VIH.

Por ejemplo, un hombre declaró: “Me había separado hacía poco, por lo que [el sexo anal sin protección] fue como un modo de intentar reaccionar, no sé, simplemente de intentar olvidarme, divertirme, ya sabes, tomar drogas y emborracharme”.

Otro tema habitual fue el vínculo del comportamiento de riesgo inusual con parejas sexuales que, de algún modo, eran inusuales o “distintas”. Por lo común, los hombres atribuyeron diversas características de riesgo a las parejas con las que habían practicado sexo sin protección, como infecciones de transmisión sexual, promiscuidad, “sexo atrevido” y un hábito de practicar sexo sin protección. En conjunto, los varones no consideraron que ellos también tuvieran dichas características.

El acudir a determinados puntos de reunión, asimismo, se relacionó con el posterior acceso a la profilaxis post-exposición; en general, a saunas, a determinados bares y a lugares donde se realiza cruising (práctica de sexo con desconocidos en lugares públicos). Un participante declaró: “Ciertamente, se trató de algo aislado; creo que (…) fue en una sauna a la que fui después de haber estado bebiendo”. Otro hombre describió así los puntos de reunión relacionados con el riesgo de adquirir el VIH: “Ir de forma habitual a los sitios de cruising de Brighton y no ser muy cuidadoso… ir a una sauna de Brighton y no tener cuidado. Yo no me pongo en riesgo haciendo cruising por ahí”.

No obstante, la mayoría de los hombres pudo describir otras circunstancias en las que el uso de la PPE habría estado justificado, pero no acudió a buscarla. Por lo general, el comportamiento sexual y de la pareja no se percibió como de suficiente riesgo. El equipo de investigadores sugiere que esto es coherente con el “distanciamiento” del incidente y de la pareja que condujo finalmente al acceso al tratamiento.

Un participante describió su decisión de acceder a la terapia en esta ocasión y no en otras con los siguientes términos: “¿Qué era diferente? Para ser sincero, nada, aparte de que no me dijeron que tenían el VIH, por lo que podrían haber tenido el virus también y, simplemente, no me lo contaron”.

Hubo declaraciones generalizadas de prácticas de sexo anal sin protección con otras parejas. Sin embargo, los hombres afirmaron que “confiaban” en sus compañeros o que se produjeron dentro del seno de una relación. No obstante, las respuestas a las preguntas de los investigadores evidenciaron que las valoraciones del riesgo que condujeron a este comportamiento en raras ocasiones se basaron en las pruebas del VIH de ambos miembros.

En consecuencia, los autores del estudio se mostraron preocupados porque los hombres gays, a menudo, no acceden a la profilaxis post-exposición ya que no perciben que un determinado encuentro sexual ha sido de mucho riesgo, pese a que haya comportado una alta probabilidad de exposición al VIH.

En algunas circunstancias, los hombres afirmaron sentirse reacios a acceder a la PPE, argumentando que no querían “hacer perder” el tiempo del personal sanitario o que consideraron que lo habían pospuesto demasiado.

No hubo indicios de que el uso de la profilaxis post-exposición aumentara los comportamientos sexuales de riesgo o que se considerara como un sustitución de otros métodos preventivos del VIH. Realmente, la idea de que dicho tratamiento fuese una especie de “píldora del día después” fue considerada aborrecible. Sin embargo, hubo una predisposición a atribuir dichas creencias a otros hombres gays, lo que para el equipo de investigación supone otra prueba más de una voluntad de “distanciarse” del comportamiento sexual de riesgo.

En la discusión de sus hallazgos, los autores señalan que la mayoría de los hombres podía identificar las ocasiones en las que el empleo de PPE habría estado justificado, pero no accedieron a la misma porque el comportamiento sexual de riesgo no fue percibido como suficientemente “inusual”. Comentan: “Esto deja abierta la cuestión sobre cuántos hombres que practican sexo con hombres están implicados en exposiciones similares y aún no cuentan con los mismos incentivos para presentarse en el centro médico. Es necesario trabajar más en torno a la comprensión de la PPE entre este colectivo de hombres y mejorar la precisión de sus valoraciones subjetivas”.

Los responsables del estudio también sugieren que algunos hombres con un comportamiento sexual de alto riesgo podrían recibir “paquetes de inicio” sobre la PPE que incluyeran información y tratamiento.

Referencia: Sayer C, et al. Will I, won’t I? Why do MSM present for PEPSE? Sex Transm Infect (online edition), 2008.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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