Varios lubricantes usados para desarrollar microbicidas podrían dañar las células del recto

Marion Zibelli
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Los candidatos para microbicidas que se están probando en la actualidad en miles de mujeres en varios países del mundo están diseñados para evitar la infección del VIH durante un contacto sexual por vía vaginal. También existen candidatos para microbicidas de uso rectal, pero se encuentran en fases mucho más tempranas de investigación.

Sin embargo, existen preocupaciones sobre la posibilidad de que, una vez se haya desarrollado un microbicida eficaz aplicable en la vagina, éste se utilice también por vía rectal en contra de las recomendaciones de uso. En efecto, se desconoce cuál será la seguridad y la eficacia de un producto de uso vaginal si se aplica en el recto. Incluso se cree que el uso de un microbicida vaginal en el recto podría llevar a la aparición de lesiones que podrían aumentar el riesgo de infección, dado que este órgano presenta una fisonomía mucho más delicada que la vagina. Por ello, resulta crucial incrementar los esfuerzos en la investigación sobre microbicidas rectales.

Los lubricantes serán probablemente uno de los productos que servirán de método de aplicación de un posible microbicida, aunque también se está evaluando el uso de cremas, anillos vaginales, barreras cervicales, supositorios, esponjas y filmes. Para intentar saber más sobre el posible impacto en el recto de algunos de los lubricantes frecuentemente utilizados y de otras sustancias, un equipo de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins en EE UU ha empezado a llevar a cabo estudios en laboratorio y en personas.

Ahora, publican los resultados de una de sus investigaciones en la que participaron 10 hombres, en cuyos rectos introdujeron dos tipos de lubricantes (ID GlideTM y una mezcla de ID GlideTM y FemGlideTM, dos productos frecuentemente utilizados en EE UU y que se pueden obtener fácilmente a través de Internet) en distintos momentos durante varias semanas. Estas sustancias fueron marcadas con una cantidad muy pequeña de material radioactivo para poder observar su recorrido a través del recto y el colón. 

Al cabo de una hora y media después de la administración de los lubricantes, los investigadores empezaron a sondear a los participantes y a extraer pequeñas cantidades de tejidos del interior del recto, llegando hasta 40cm de profundidad. Estos tejidos fueron analizados con microscopio para detectar los posibles cambios y daños ocurridos.

De forma simultánea, los investigadores efectuaron pruebas de laboratorio con otros lubricantes y otras sustancias: AstroglideTM, FemGlideTM (también disponible bajo el nombre de Slippery StuffTM), Fleet enemaTM, ID GlideTM, KY JellyTM, y PrePairTM. En particular, evaluaron la capacidad de estos productos para sacar agua de o hacer entrar agua en una célula. En efecto, si una célula pierde agua tan rápidamente que no le da tiempo para sustituirla, puede dañarse y desaparecer. Si no ha absorbido suficientemente agua, la célula también puede dañarse. Se estima que la presencia de células dañadas en la pared del recto puede favorecer la infección por VIH

Los autores de este estudio observaron que, en el laboratorio, muchos de estos lubricantes eran hiperosmolares, es decir que tienden a atraer y absorber agua de las células que bordean el recto, una característica que podría dañarlas. En concreto, la capacidad de los lubricantes probados para extraer agua de las células era de 4 a 14 veces superior que la capacidad de la células del recto para retener agua, lo que podría llevar a una reducción de la capa de mucus que cubre este órgano.

FemGlideTM (Slippery StuffTM) era el único producto que no tenía la capacidad de sacar agua de las células de una forma significativa. Los investigadores consideraron que este lubricante era hiposmolar, es decir que es capaz de sacar agua del interior de las células. 

El análisis de las muestras de tejidos reveló que el daño producido en las células que bordean el recto ocurrió en menos de dos horas tras la aplicación del lubricante. En teoría esto puede aumentar el riesgo de adquirir el VIH, aunque el estudio no se había diseñado para responder a esta pregunta y cualquier conclusión acerca de este aspecto sería hipotética.

Otro hallazgo de los investigadores es que algunos lubricantes, después de su introducción en el ano, pueden migrar hacia el interior del colón hasta 40cm, incluso después de hasta 4 horas tras su introducción. A esta distancia, el lubricante se diluye y presenta poco riesgo para la salud de las células del colón.

De forma general, los resultados de este estudio son intrigantes y pueden animar a que se hagan otras investigaciones para confirmar o ampliar estos descubrimientos. No obstante, estos hallazgos también tienen implicaciones sobre el uso actual de lubricantes y el uso futuro de microbicidas rectales: ¿la exposición a algunos de los lubricantes disponibles en la actualidad y su uso cotidiano puede llevar a dañar el recto? ¿Cuánto tiempo después de la exposición necesitará el recto para curarse por sí mismo? ¿Cuántas veces estos productos pueden aplicarse en el recto con toda seguridad? Puesto que los lubricantes son capaces de migrar hacia el colón, ¿cuánta concentración de un microbicida se necesitará para seguir activo contra el VIH mientras el producto migra y se diluye? ¿Es posible crear lubricantes que no migren hacia el colón?

Por otro lado, se sabe que, durante una eyaculación en el recto, el semen puede llegar hasta muy dentro del órgano, incluso hasta el colón; entonces, ¿cómo optimizar estos lubricantes para que la migración hacia el interior del colón se convierta en una forma de alcanzar y proteger las zonas más lejanas del recto donde el esperma podría llegar?

Los hallazgos de este estudio muestran que queda mucho trabajo por hacer para saber más sobre la posible seguridad de los microbicidas rectales y los lubricantes.
 
Fuente: www.catie.ca / Elaboración propia
Referencia: Artículo elaborado por Sean R. Hosein (www.catie.ca).

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