Persistencia del VIH en el tracto intestinal

Pedro Pérez
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La introducción de la terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA) a mediados de la década de los 90 generó un gran optimismo acerca de la posibilidad de “curar” la infección por VIH. Aquellas expectativas no tardaron en verse defraudadas cuando se comprobó que, pese a la capacidad de los fármacos para reducir el nivel del virus en sangre por debajo de umbrales detectables, las nuevas combinaciones antirretrovirales eran incapaces de erradicarlo del organismo.

Desde entonces, los avances en la medicación -tanto por su menor toxicidad como por su mayor potencia- han aumentado la esperanza de vida de las personas con VIH hasta convertirlo en una condición crónica. Sin embargo, hoy por hoy, sigue siendo imposible eliminar por completo la infección.

La principal causa de ello parece radicar en los conocidos como reservorios virales, entre los que destacan los linfocitos CD4 quiescentes infectados por VIH, así como ciertos órganos y tejidos, lugares adonde los antirretrovirales tienen dificultad de acceder y que, por consiguiente, representan una fuente constante de replicación viral.

Diversos estudios sugieren que el tejido linfático asociado al tracto intestinal (GALT, en sus siglas en inglés), una de las principales dianas del virus cuando penetra en el organismo, desempeña un papel crucial como reservorio del VIH (véase La Noticia del Día 01/08/06). El GALT es el componente más grande del sistema linfático de los seres humanos y el que contiene el número más elevado de linfocitos CD4 susceptibles a la infección por VIH, con altos niveles de activación y expresión de los correceptores del virus.

Así pues, un equipo de expertos estadounidense dirigido por el doctor Chun, del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas en Bethesda (Maryland, EE UU), se propuso investigar el grado de replicación del VIH y de reducción de los linfocitos CD4 en el GALT de 8 personas que llevaban recibiendo TARGA durante una media de 8,4 años consecutivos (entre 4,8 y 9,9 años) y habían mantenido de forma consistente niveles de viremia en plasma por debajo del límite de detección (50 copias/mL de ARN del VIH) durante una media de 5,6 años consecutivos (entre 3,0 y 7,3 años).

Los participantes en el estudio presentaban una media de CD4 de 622 células/mm3 (entre 348 y 1.390 células/mm3) y una media de CD8 de 996 células/mm3 (entre 412 y 1.854 células/mm3), y a todos se les practicó leucaféresis (extracción de sangre para obtener leucocitos) y biopsias endoscópicas del tramo final del intestino delgado.

El estudio, publicado en la edición de 1 de marzo de 2008 de The Journal of Infectious Diseases, pone de manifiesto que el VIH persiste en el tejido linfático del intestino en estas personas a pesar de la TARGA. Además, la investigación muestra frecuencias de infección por VIH más elevadas en el GALT que en las células mononucleares de sangre periférica (PBMC, en sus siglas en inglés), lo que parece indicar la existencia de una infección cruzada entre estos dos compartimentos celulares.

Según los autores del estudio, el porcentaje medio de linfocitos CD4 en el GALT de los participantes en el estudio es inferior al nivel de CD4 de los individuos sin VIH, lo que apunta a que, a pesar de años de TARGA, la recuperación inmunitaria en el tracto intestinal no es completa.

El estudio también encontró que la frecuencia de células que contienen ADN proviral del VIH es mayor en el GALT que en los linfocitos CD4 latentes y activados de las células mononucleares de sangre periférica.

Teniendo en cuenta la persistencia del VIH en el GALT y en la sangre periférica de personas que reciben tratamiento antirretroviral eficaz, los investigadores advierten que: “Puede ser necesaria una intensificación de los regímenes de fármacos existentes para eliminar los bajos niveles de replicación viral sostenida que se originan en el GALT.” Para ello, confían en nuevas clases de medicamentos, como los inhibidores de la entrada y los de la integrasa.

Los expertos concluyen defendiendo la conveniencia de que los estudios diseñados para evaluar la eficacia de nuevas estrategias terapéuticas cuenten “con tomas de muestras del GALT de personas con VIH para una caracterización más precisa de las dimensiones y la persistencia del reservorio viral”.

En un editorial sobre este trabajo publicado en el mismo número de The Journal of Infectious Diseases, los doctores Yukl y Wong sostienen que las aportaciones de esta investigación no deberían caer en saco roto, ni alimentar el pesimismo sobre las limitaciones de las terapias que existen en la actualidad. Por el contrario, representan “una oportunidad para comprender mejor la persistencia del VIH y una guía para mejorar sus paradigmas de tratamiento”.

Fuente: Reuters Health Information / Elaboración propia.
Referencias: Tae-Wook Chun, Nickle DC, Justement JS, Meyers JH, et al. Persistence of HIV in Gut-Associated Lymphoid Tissue despite Long-Term Antiretroviral Therapy. J Infect Dis. 2008; 197: 714-720.

Yukl S and Wong JK. Blood and Guts and HIV: Preferential HIV Persistence in GI Mucosa. J Infect Dis. 2008; 197: 640-642.

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