Nuevos casos de infección por hepatitis C en hombres gais y bisexuales con VIH

Juanse Hernández
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Aproximadamente tres cuartas partes de las nuevos casos de infección por el virus de la hepatitis C (VHC) en hombres con VIH que practican sexo con otros hombres (HSH) en EE UU podrían deberse a una transmisión sexual del virus hepático. Como consecuencia de este riesgo de infección por hepatitis C en HSH con VIH, un grupo de investigadores propone aumentar la frecuencia de la prueba de detección del VHC dentro del seguimiento clínico de esta población de pacientes. Esta es la conclusión a la que llega un estudio estadounidense cuyos resultados se han publicado en la edición del 31 de enero de la revista Clinical Infectious Diseases.

Las directrices de tratamiento del VIH (entre ellas, la española) aconsejan realizar la prueba de detección del VHC a todas las personas con el virus de la inmunodeficiencia humana tras recibir su diagnóstico. Sin embargo, dichas recomendaciones oficiales no plantean la posibilidad de repetir de forma periódica el cribado del VHC dentro del seguimiento clínico que se efectúa a dichos pacientes.

Aumentar la frecuencia del cribado del VHC es especialmente importante a tenor de los recientes informes sobre nuevos casos de infección aguda por el virus de la hepatitis C en Europa, EE UU y Australia en hombres gais y bisexuales con VIH que no refieren un historial actual o pasado de uso de drogas inyectables (véanse La Noticia del Día 23/06/2008, 09/03/2009 y 27/11/2009). Estos nuevos casos de infección por VHC en personas con VIH se han asociado a factores de riesgo tales como prácticas sexuales sin preservativo (por ejemplo, sexo anal traumático o fisting o introducción parcial o total de la mano en el ano de la pareja), sexo en grupo, empleo de drogas no inyectables e infecciones de transmisión sexual (ITS) concurrentes. Además, teniendo en cuenta que la infección aguda por VHC es a menudo asintomática y que el tratamiento contra este virus hepático es más eficaz durante las fases agudas de la infección, resulta crucial el diagnóstico precoz en personas con VIH.

Con el fin de arrojar algo más de luz sobre el riesgo de infección aguda por VHC en hombres con VIH, un grupo de investigadores estadounidenses estudió los factores conductuales y demográficos asociados a la seroconversión al virus de la hepatitis C en varones incluidos en el ensayo ALLRT (ACTG Longitudinal Linked Randomized Trials), un estudio de cohorte, de distribución aleatoria y patrocinado por el Grupo Estadounidense de Ensayos Clínicos sobre Sida [ACTG, en sus siglas en inglés], que evalúa los resultados a largo plazo de tipo inmunitario, virológico, farmacológico y clínico relacionados con la utilización de la terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA).

A los participantes de la cohorte ALLRT (que comenzó en el año 2002) se les realizó la prueba de detección del VHC en el momento de entrada al estudio y, a partir del año 2006, el test se repitió cada 96 semanas. Además, otros 17 ensayos promovidos por ACTG también efectuaron la prueba de detección del virus hepático a los participantes al entrar en el estudio y en varios intervalos de seguimiento, entre 1996 y 2002.

De los 2.848 pacientes, un total de 2.629 tenían, como mínimo, un resultado de un test de anticuerpos del VHC, de los cuales en 264 (10%) este fue positivo a nivel basal. De los 2.365 pacientes restantes, se incluyó en el análisis a los 1.830 participantes que presentaban, al menos, un resultado posterior de la prueba de anticuerpos del virus de la hepatitis C.

La media de edad en el momento de recibir el primer resultado negativo en la prueba de detección del VHC fue de 42 años. Un 70% de los participantes tenían estudios universitarios, un 94% estaban tomando tratamiento antirretroviral, y un 6% eran usuarios o ex usuarios de drogas inyectables. El intervalo medio de realización de la prueba del VHC fue de 2,8 años en los pacientes en los que se produjo seroconversión al virus de la hepatitis C, y de 2,6 años en los que se mantuvieron seronegativos al virus hepático.

La tasa de nuevos diagnósticos de infección por VHC fue relativamente baja: 36 casos durante un promedio de seguimiento de más de tres años (2%), lo que supuso una incidencia general de 0,51 casos por 100 persona-años.

No obstante, un 75% de las nuevas infecciones (n= 27) se produjeron en hombres que no contaban ni en el pasado ni en el momento de la seroconversión con un historial de uso de drogas inyectables. Por otra parte, los investigadores señalan que, en comparación con los hombres que presentaron un resultado positivo en la prueba basal del VHC, aquellos que acabaron infectándose con posterioridad tuvieron más probabilidades de ser de etnia blanca y de tener estudios universitarios.

Además, el análisis mostró que los participantes con seroconversión al VHC también tuvieron más probabilidades de poseer una carga viral del VIH superior a 400 copias/mL en comparación con los hombres que se mantuvieron seronegativos al virus hepático. Según los autores de este estudio, se observó una asociación entre una adhesión subóptima a la TARGA y prácticas sexuales de alto riesgo, lo que parece indicar que ambos factores podrían estar relacionados con las tasas más elevadas de seroconversión al VHC apreciadas en personas con viremia elevada.

Los investigadores no tuvieron acceso a la información relativa a las conductas de riesgo de los participantes, de manera que no pudieron extraer sus propias conclusiones sobre los factores de riesgo sexual vinculados a la seroconversión al VHC. Sin embargo, apuntan que la edad de los participantes y otras características de los mismos fueron muy similares a las halladas en otros estudios en los que los nuevos casos de infección por VHC tuvieron lugar casi en exclusiva entre hombres gais y bisexuales con VIH. En tales ensayos, como se ha señalado anteriormente, la seroconversión al virus de la hepatitis C en hombres con VIH que no refieren un historial actual o pasado de uso de drogas inyectable se asoció con mantener prácticas sexuales de alto riesgo, como la penetración anal sin protección y otras prácticas tales como fisting (penetración anal con el puño) o rimming (sexo orogenital) -que pueden provocar pequeñas lesiones y microlesiones que facilitan el contacto sanguíneo-, y la concurrencia de otras infecciones de transmisión sexual.

Sobre la base de sus hallazgos, los investigadores sugieren que las personas con VIH deberían realizarse de forma regular la prueba de detección del VHC, independientemente de su percepción del riesgo, dado que la detección precoz podría aumentar la probabilidad de tratar con éxito la hepatitis C en sus primeras fases, y podría proporcionar una oportunidad de intervención para contener la expansión de la enfermedad entre las parejas sexuales y/u otras personas con las que comparten drogas, y de educación e información a los pacientes recién diagnosticados sobre cómo manejar la enfermedad hepática y cómo ralentizar su progresión.

Pese a que algunas directrices de tratamiento, como las de la Sociedad Europea del Sida (EACS, en sus siglas en inglés), recomiendan repetir la prueba de detección del VHC cada año en los pacientes con VIH en situación de alto riesgo, el hecho de que, en general, no se haga de forma rutinaria muestra, una vez más, una posible brecha entre las recomendaciones oficiales y la práctica clínica diaria.

Asimismo, los resultados de este y otros estudios parecidos ponen también de manifiesto la necesidad de intensificar, a escala comunitaria, las intervenciones educativas sobre la transmisión sexual del VHC y los esfuerzos preventivos dirigidos a los hombres que practican sexo con hombres, en general, y a aquellos con VIH, en particular.

Fuente: Elaboración propia / Medscape.
Referencia: Taylor LE, Holubar M, Wu K, et al. Incident hepatitis C virus infection among US HIV-infected men enrolled in clinical trials. Clinical Infectious Diseases. 2011; Jan 31 (Epub ahead of print).

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