Problemas renales con atazanavir

Joan Tallada
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Una investigación de la FDA asocia este IP con la nefrolitiasis

Pese a que ya se había informado anteriormente de algunos casos esporádicos, hasta ahora el riesgo de desarrollo de nefrolitiasis (disfunción renal) asociada con el uso de atazanavir no estaba bien caracterizado.

Con el objetivo de conocer hasta qué punto puede establecerse una relación entre este inhibidor de la proteasa y los problemas en el riñón, un grupo de expertos de la Agencia de la Alimentación y el Medicamento de EE UU (FDA) ha llevado a cabo una revisión de los casos reportados en su Sistema de Información de Acontecimientos Adversos (AERS, en sus siglas en inglés). Kirk M. Chan-Tack y sus colegas de la División de Productos Antivirales del Centro de Evaluación e Investigación Farmacológica de la FDA comentan sus hallazgos en una carta que se publica en el número de 31 de mayo de 2007 de la revista AIDS.

El AERS es un sistema de información voluntario. Esto significa que incluye sólo los casos de acontecimientos adversos de los que informe alguna persona concernida (profesional de la salud, usuario, fabricante) de EE UU y de otros países, y además lo hace con la información, con frecuencia parcial, que dicha persona aporte.

Pese a esas limitaciones, el equipo realizó una búsqueda de informes de nefrolitiasis en personas con VIH que estuvieran tomando un régimen que incluyera atazanavir. Abarcando un periodo de diciembre de 2002 a enero de 2007, se identificaron 30 casos de nefrolitiasis entre quienes seguían un régimen antirretroviral que incluía ATV, de los que 21 eran hombres, 5 mujeres, y de las otras 4 no se indicó el sexo. Cinco individuos (17%) vivían con alguna otra enfermedad: cuatro con hepatitis C (uno de ellos con cirrosis), y uno más con hepatitis B y cirrosis. Tres de los pacientes tenían disfunción renal anterior a la toma de atazanavir y cinco (17%) ya contaban con un historial previo de nefrolitiasis.

De 20 casos se contó con información completa sobre la medicación y la dosis de los antirretrovirales, por lo que se pudo saber que 13 personas tomaban además tenofovir y 17 incluían en su pauta 100mg de ritonavir. De entre los 14 casos en los que se aportó un análisis de la composición del cálculo (piedra renal), en 12 se confirmó la presencia de ATV, y de entre los seis de los que se disponía de datos al respecto, las concentraciones de ATV en el cálculo oscilaban entre el 40 y el 100%. En los 17 casos en los que se pudo acceder a la historia completa de tratamiento con ATV, el tiempo mediano entre el comienzo de ATV y la aparición de nefrolitiasis fue de 1,7 años (rango: 5 semanas a 6 años).

Del total de 30 personas, 18 necesitaron hospitalización, siete, atención médica ambulatoria y no se tienen datos de los otros cinco. Hubo que llevar a cabo intervenciones de diferente tipo para extraer las piedras del riñón en ocho individuos (27%). Además de los síntomas clínicos asociados con la nefrolitiasis, algunas personas experimentaron anomalías en los marcadores radiológicos y de laboratorio. Cinco también desarrollaron insuficiencia renal (cuatro aguda y una, un agravamiento de una dolencia subyacente) junto con la nefrolitiasis. En los cuatro casos de insuficiencia renal aguda, la función del riñón mejoró tras la extracción del cálculo, pero no volvió a los valores originales. Finalmente, en tres casos se pudo documentar la presencia de hidronefrosis (retención de orina en el riñón).

De los 30 casos totales, existe información de que en nueve (30%) se interrumpió la toma de atazanavir tras el diagnóstico de nefrolitiasis.

Los autores de la carta recuerdan que un sistema de información voluntaria como el AERS presente varias limitaciones respecto a la falta de detalles y la pertinencia de la información sobre los casos. Dado que los datos de estos acontecimientos adversos de la medicación se obtiene de forma voluntaria a partir de una población de tamaño desconocido, no siempre es posible llevar a cabo estimaciones fiables sobre la frecuencia con que se dan o establecer una relación de causalidad con la exposición al fármaco. Con todo, los técnicos de la FDA escriben en su carta que “los hallazgos del estudio [realizado] a partir de la base de datos del AERS sugieren que atazanavir puede asociarse con la nefrolitiasis”: si bien sólo se pudo determinar la presencia de ATV en las piedras renales en 12 casos, en otros cinco podría haberse confirmado también si se hubiera contado con la información de seguimiento suficiente.

El escrito firmado por los expertos estadounidenses explica que se desconoce el mecanismo de desarrollo de la nefrolitiasis asociada a ATV, por lo que serían necesarias nuevas investigaciones para establecer si las personas con daño hepático o renal previo o un historial de nefrolitiasis cuentan con un mayor riesgo de experimentar este acontecimiento adverso. Y concluyen: “Tanto los profesionales de la salud como los pacientes tienen que estar informados de que la nefrolitiasis es un posible acontecimiento adverso del uso de atazanavir. Si surgen signos o síntomas de nefrolitiasis, los especialistas deberían considerar la interrupción temporal o la discontinuación [definitiva] de la terapia con atazanavir”.

Fuente: NATAP

Referencia: Chan-Tack, Kirk M et al. Atazanavir-associated nephrolithiasis: cases from the US Food and Drug Administration’s Adverse Event Reporting System. AIDS:Volume 21(9)31 May 2007p 1215-1218 [Research Letters].

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