El daño neurocognitivo, una de las asignaturas pendientes

Núria Rodríguez
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El llamado empeoramiento cognitivo es la complicación neurológica más común asociada al VIH. Se estima que un 20% de las personas con infección por VIH de larga evolución presentan una afectación de las funciones cognitivas y motoras, incluso tomando terapia antirretroviral. En sus fases tempranas, el desorden cognitivo motor menor produce síntomas relacionados con el enlentecimiento motor y la afectación de la memoria de trabajo. En la demencia asociada al VIH, el daño neurológico es más grave y provoca alteraciones de la conducta, dificultades manifiestas de atención, disfunción ejecutiva, mayor lentitud psicomotriz y un empeoramiento más grave de la función memorística.

Desde la introducción de la terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA), la incidencia de la demencia asociada al VIH ha disminuido un 50% y aunque el promedio de células CD4 es más elevado en los nuevos casos de demencia, esta condición generalmente suele presentarse en contextos de entre moderada y avanzada inmunosupresión.

El ALLRT, un subestudio dependiente de un gran ensayo estadounidense de cohorte, el ACTG (siglas en inglés de Grupo de Ensayos Clínicos sobre el SIDA), ha evaluado la función neurocognitiva de 1.160 personas inscritas en diferentes ensayos en los que se comparaban regímenes antirretrovirales.  El objetivo del ALLRT fue establecer la prevalencia y la incidencia del daño neurocognitivo en personas que iniciaron TARGA al inicio de un ensayo clínico.

La muestra estaba formada por personas de origen caucásico y afroamericano a las que se sometió a una evaluación neurocognitiva al inicio del estudio. La incidencia del daño neurocognitivo fue del 21% y la prevalencia del 26% y no se establecieron asociaciones significativas según variables como la etnia, el sexo, la edad o el nivel educativo. En el 58% de los casos, se produjo un restablecimiento de la función neurocognitiva tras la primera evaluación y según los investigadores, la remisión del daño neurocognitivo puede atribuirse a los fármacos antirretrovirales.

Sin embargo, de este estudio se desprenden algunas conclusiones poco alentadoras en lo que se refiere a los beneficios de los antirretrovirales en el sistema nervioso central. Muchos de estos medicamentos tienen dificultades para atravesar la barrera hematoencefálica, por lo que resulta insuficiente su presencia en el cerebro. Según los investigadores, la subóptima exposición antirretroviral podría conducir al desarrollo de mutaciones de resistencia debidas a fallos en la supresión viral. En estas condiciones, la incidencia de la enfermedad neurológica asociada al VIH podría incrementarse en los próximos años.

Pese a TARGA, los datos sugieren que un subgrupo significativo de las personas evaluadas en el ALLRT, presentaron entre bajo y moderado daño neurocognitivo y otro subgrupo desarrollo el daño neurocognitivo después de haber iniciado TARGA. Se necesitan estudios adicionales para comprender los mecanismos a través de los cuales se produce el deterioro neurocognitivo.

A pesar de la conocida relación entre la situación inmunológica y la prevalencia del daño neurocognitivo, en el presente estudio no se ha podido encontrar ninguna evidencia sustancial que sugiera que otros factores virológicos se encuentren claramente relacionados con la prevalencia de estos efectos neurocognitivos asociados al VIH y en general, se hace evidente la necesidad de nuevos estudios de los que se derive un mayor conocimiento de los mecanismos de la afectación neurocognitiva en las personas que viven con VIH.

Fuente: Natap
Referencia: Robertson, KV et alii, “The prevalence and incidence of neurocognitive impairment in the HAART era”, AIDS:Volume 21(14)September 2007p 1915-1921.

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