La identificación de transmisores del VIH es posible, pero legalmente problemática

Edwin J. Bernard

Un segundo estudio de análisis filogenético que usaba datos de toda Europa, publicado en la edición de febrero de Journal of Infectious Diseases, sugiere que puede ser la infección crónica -más probablemente que la aguda- el motor de la transmisión del VIH en este tipo de redes sexuales.

Los análisis filogenéticos comparan secuencias genéticas virales con grupos control para determinar la probabilidad de que dos o más muestras estén relacionadas. Aunque el análisis filogenético no se considera un método fiable para probar que una persona ha infectado a otra, sí que puede proporcionar información importante para las intervenciones de la salud pública sobre clústeres de infección integrados por dos o más personas.

Si bien existen limitaciones tanto en el análisis filogenético como en el del historial de contactos (expuestas en un informe presentado en la CROI del año pasado), la combinación de ambos métodos puede ser útil para identificar a personas que están transmitiendo el VIH, según los investigadores de la Universidad de California en San Diego (EE UU).

A fin de examinar la viabilidad de este enfoque, se recabó información sobre el historial de contactos sexuales proporcionada de manera voluntaria por 36 hombres gays (mayoritariamente blancos) que participaron en la cohorte First Choice Program (FCP), integrada por 369 personas con infección aguda o temprana por VIH (de una media de 76 días de desarrollo) entre julio de 1996 y mayo de 2007. El resto de la cohorte FCP más otros 268 hombres homosexuales diagnosticados de forma reciente, principalmente blancos, del San Diego County Resistance Testing Program (SDC-RTP), actuaron de grupo control. En el estudio se usaron análisis filogenéticos para examinar si las personas nombradas en los historiales de contactos formaban parte de un clúster mayor de transmisión en San Diego.

Doce (33%) de las personas nombradas en el historial de contactos estaban infectadas por virus que diferían más de un 5% de los del participante que las nombró, lo cual sugería que no habían transmitido el virus a aquéllas. Los 24 restantes estaban infectados por virus que diferían menos de un 1% respecto del de quienes los nombraron, lo que sugiere una relación filogenética. Sin embargo, sólo 2 de las 36 personas nombradas desconocían su estado serológico –una presentaba infección primaria y la otra, crónica-.

Cuando los investigadores llevaron a cabo análisis filogenéticos de la cohorte combinada (formada por todos los participantes de la FCP, el SDC-RTP y los 36 contactos nombrados), encontraron un total de 37 grupos con virus relacionados que incluían 160 personas (el 25% de la cohorte combinada). El clúster de mayor tamaño tenía 12 integrantes.

Cinco de los contactos nombrados que no transmitieron el virus a quienes los designaron fueron hallados con virus relacionados con el de otra persona de la cohorte. De hecho, las 29 personas nombradas presentaron una probabilidad 21 veces superior de formar parte de un clúster que las de la cohorte SDC-RTP.

“En conjunto -afirmaron los investigadores-, esta información muestra cómo el cribado molecular y el análisis del historial de contactos pueden ser utilizados para definir clústeres de transmisión dentro de una población e identificar a aquellas personas que tengan una mayor probabilidad de pertenecer a esos clústeres. Serán necesarios estudios futuros para determinar cómo se pueden dirigir medidas preventivas hacia estas personas”.

Los responsables del estudio apuntaron, no obstante, que “existe cierta preocupación de que estos procedimientos de salud pública puedan conllevar problemas judiciales para quienes transmitieron el VIH, ya que, en casi todas las jurisdicciones estadounidenses, la transmisión del virus o la exposición de una persona a éste es delictivo”. De hecho, los autores de la investigación obtuvieron “un certificado de confidencialidad para proteger la identidad de los participantes en el estudio y garantizar que los investigadores no pudieran ser obligados a divulgar información confidencial sobre la investigación sin su permiso escrito, incluso frente a una orden judicial”.

En consecuencia, concluyeron que sus métodos sólo pueden ser considerados útiles y seguros si se despenaliza la “transmisión no intencionada del VIH tras una exposición consensuada”, y si existe un “reconocimiento legal de que los análisis filogenéticos no prueban más allá de una duda razonable la transmisión del VIH entre parejas”.

Un segundo estudio con análisis filogenético, que empleó datos obtenidos en toda Europa a partir de la cohorte CASCADE de personas infectadas recientemente, cuestiona parte de la metodología de un estudio canadiense realizado en 2007 que sugería que la infección primaria constituía el motor de la epidemia de la infección por VIH en Quebec.

La mayor preocupación del estudio es que el ensayo de 2007 combinó a personas con infecciones por VIH primarias y tempranas, subestimando, en consecuencia, el rol de la infección primaria –o aguda- por VIH, la cual es definida por los autores del nuevo estudio como de una duración no superior a los 6 meses siguientes a la infección. “Se sabe que la carga viral experimenta un pico al cabo de menos de un mes de la infección, pero permanece elevada durante unas 10 semanas”, afirmaron los autores. También puntualizaron que la duración media de la primoinfección calculada en los grupos de transmisión de 2007 era de 15 meses, lo que sugiere que la mayoría de infecciones tuvo lugar a partir de personas con infección crónica (aunque se tratase de una infección relativamente reciente).

Los investigadores compararon análisis filogenéticos de 165 secuencias del VIH de participantes de la cohorte CASCADE (principalmente hombres gays) con una infección aguda documentada con el resto de la cohorte (8.828 personas), y hallaron que 18 (11%) pertenecían a clústeres (nueve clústeres de dos integrantes cada uno). De esos, sólo dos clústeres podrían resultar de una infección primaria (29 y 104 días tras la infección). Por su parte, en los otros grupos la media entre infecciones fue de 675 días.

“El presente análisis no pretende medir la capacidad infectiva del VIH de personas con infección aguda, sino demostrar la necesidad de rigor en el diseño e interpretación de este tipo de análisis”, afirmaron los autores.

“Análisis previos que usaron definiciones libres de la infección aguda por VIH, y que no tuvieron en cuenta la naturaleza transitoria de dicho estadio, pudieron calcular de forma poco precisa la capacidad infectiva del virus durante de este grupo de personas”, concluyeron.

Referencias: Smith DM, et al. A public health model for the molecular surveillance of HIV transmission in San Diego, California. AIDS. 2009; 23, 225-232.

Brown AE, et al. Phylogenetic reconstruction of transmission events from individuals with acute HIV infection: toward more-rigorous epidemiological definitions. J Infect Dis. 2009; 199, 427-431.
Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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