Una conferencia destaca las razones que impulsan un comportamiento de riesgo en hombres gays

Roger Pebody y Michael Carter

Otras sesiones de la conferencia incluyeron la presentación de uno de los primeros estudios cualitativos sobre las experiencias de hombres gays coinfectados por el virus de la hepatitis C (VHC) y el VIH, y un análisis sobre cómo los hombres seropositivos han ajustado su comportamiento a la luz de los enjuiciamientos de la transmisión del virus de la inmunodeficiencia humana.

En el plenario, Ford Hickson describió las razones que alientan el comportamiento de riesgo:

  • El poder del placer sexual. “Si no entiendes el riesgo sexual -comentó- es, probablemente, porque no aprecias el deseo sexual”.
  • La rápida expansión de la escena gay en “un amplio sector de negocios que ofrece servicios de contacto sexual y lugares en los que practicar sexo”.
  • La continua denigración de la homosexualidad en la sociedad y el aislamiento emocional que conlleva, así como el bajo estado de ánimo de muchos hombres gays.
  • La automedicación con alcohol y drogas, que resulta problemática en una cultura que excusa la exposición a riesgos bajo la influencia de estas sustancias.
  • La creencia generalizada de que el “sexo real” es el sexo anal.
  • El fetichismo y la consideración del sexo anal sin protección (conocido como barebacking) como un comportamiento transgresor. “La subcultura gay ha legitimado durante mucho tiempo la erotización de pensamientos inaceptables”, sugirió Hickson, y el porno barebacking es una manifestación de este fenómeno.
  • Normas culturales individualistas que rechazan las nociones de responsabilidad. “La idea de que tienes que sacrificar algo para proteger a otros parece, en este momento, ser profundamente extraña para la cultura gay y las medidas de prevención de la infección por VIH”, afirmó.
  • Sesgos optimistas en nuestro pensamiento: decirnos a nosotros mismos que los riesgos son menores de lo que son.

Repasando las razones que impulsan la toma de precauciones, Hickson rechazó la idea de que, en la época de la terapia combinada, los hombres gays no consideran el VIH como algo de lo que valga la pena protegerse. Recordó en la conferencia que la mayor parte de los hombres no infectados apoya los enjuiciamientos penales de la transmisión del virus, rechazaría cualquier contacto sexual con un hombre que supiera que tiene VIH y, en todo caso, muestra un miedo excesivo ante el virus de la inmunodeficiencia humana.

Sin embargo, Hickson sugirió que la mayoría de los otros razonamientos que llevan a la precaución estaban mal dirigidos. Criticó los enfoques conductuales que se centran de forma excesiva en identificar y tratar a personas en “alto riesgo”, y denunció las discusiones públicas sobre la epidemia que dan la impresión de que “las personas africanas heterosexuales con VIH que van a vivir a Reino Unido son, en realidad, jóvenes británicos heterosexuales que han adquirido el virus”.

Además, el ponente indicó que las actividades de prevención han quedado reducidas a servicios sanitarios públicos ofrecidos por unas pocas organizaciones benéficas. “Como los presupuestos se han reducido, la competición por estos exiguos recursos se ha convertido en una preocupación importante”, afirmó. “El liderazgo ha sido reemplazado por intereses económicos y la colaboración ha sido sustituida por la competencia”.

Coinfección por hepatitis

Sam de Croy, en nombre del investigador principal Jan Mojsa, presentó los hallazgos de un estudio cualitativo sobre la experiencia vivida en coinfección por VIH y VHC. La presentación reflejó las experiencias de hombres gays que asistían a un grupo de apoyo en coinfección en Body Positive North West.

Un denominador común fue que la coinfección llevó a los participantes a reflexionar sobre su vida hasta el momento, a reevaluar pautas de comportamiento y realizar cambios. Este hecho fue particularmente claro en términos de sexo y relaciones. Los participantes tendieron a describir sus vidas sexuales pre-hepatitis como “completas” o “promiscuas”. La mayoría habían adquirido la hepatitis en una fiesta sexual y parte de su sentido de la identidad pasaba por ser buenos en las prácticas sexuales.

Un hombre comentó: “Yo sólo empleo mis energías en dos cosas: sexo y trabajo. Hubo un momento en el que pensé que estaba haciendo ambas cosas muy bien…”. Sin embargo, la hepatitis puso freno a ambas. “No puedes trabajar de forma adecuada. No tienes ganas de practicar sexo y no deberías exponer a otras personas. Además, estás físicamente débil por el interferón…”.

En la actualidad, todos los participantes están buscando relaciones que se caracterizan más por la intimidad emocional y el compañerismo.

Otra cuestión era el sentimiento de aislamiento. Los participantes tendían a cargar con todo ellos solos y eran reticentes a pedir ayuda a los amigos cuando tenían problemas con la enfermedad y los efectos secundarios del tratamiento. El aislamiento podría ser un síntoma de depresión, ya que todos los participantes la habían experimentado previamente (antes de la coinfección). La terapia con interferón exacerbó este hecho, y pensamientos suicidas y percepciones de cambios en la personalidad fueron comunes.

Sin embargo, los participantes no siempre sintieron que el personal sanitario les hubiera dado el apoyo necesario antes de iniciar el tratamiento de la hepatitis. Tampoco les tuvieron suficientemente en cuenta para la toma de decisiones. Asimismo, no siempre estuvieron preparados desde el punto de vista emocional para los efectos secundarios y su impacto sobre el trabajo.

Criminalización de la transmisión del VIH

Sólo una minoría de los hombres gays con VIH que mantuvieron relaciones sexuales anales sin protección tenía, al menos, una idea básica sobre la criminalización de la transmisión, según afirmó en la conferencia la Dra. Catherine Dodds, de Sigma Research.

Sigma Research publicó recientemente Relative Safety II, un estudio que examinó el comportamiento de 42 hombres gays con VIH que practicaban sexo anal sin protección. Como parte del estudio, se formularon diferentes preguntas a los participantes para establecer su grado de conocimiento respecto a la criminalización de la transmisión del VIH.

Las respuestas mostraron que sólo una minoría de los participantes (aproximadamente un tercio) sabía que personas con VIH en Reino Unido habían sido encarceladas por ‘transmisión imprudente’ del VIH, y una proporción similar estaba al corriente de que los encarcelamientos habían sido por daño corporal grave, que los casos se habían basado en la falta de consentimiento del demandante dado que el acusado no había revelado su estado serológico al VIH, lo que se consideró un asunto ‘grave’.

Algunos participantes manifestaron que se ocuparon de revelar su estado serológico al VIH a sus parejas sexuales. Una persona incluso llegó a grabar copias de las charlas en chats de internet para probar que había desvelado su estado serológico, por si se tenía que enfrentar a una denuncia.

No obstante, otros participantes adoptaron la estrategia opuesta y dijeron a los investigadores que tomaban precauciones adicionales para ocultar su estado serológico, a fin de protegerse del riesgo de enjuiciamiento.

Este hecho sugirió a la Dra. Dodds que la persecución penal no incrementó la probabilidad de que las personas con VIH revelaran su estado serológico a sus potenciales parejas sexuales.

Referencias: Hickson F. Who’s failing who? 12th annual CHAPS conference, Brighton, 2009.

De Croy S. Hep C and HIV. 12th annual CHAPS conference, Brighton, 2009.

Dodds C. Stage management. 12th annual CHAPS conference, Brighton, 2009.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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