Material para fumar crack de forma más segura, un extra viable en programas integrales de RE para reducir la transmisión del V

Michael Marco

Los programas de reducción de daños consistentes en intercambio de jeringuillas limpias, equipos de lejía e instrucciones sobre inyección segura para las personas usuarias de drogas inyectables (UDI) están reconocidos como estrategias vitales y necesarias para la prevención del VIH y la hepatitis C. 

Sin embargo, numerosos programas no abordan de modo adecuado las estrategias de reducción de daños para combatir los crecientes indicios que documentan la potencial transmisión del VIH y la hepatitis C a través del uso compartido por varias personas de instrumental para fumar crack. Esta falta de atención a los métodos de reducción de daños para usuarios de crack puede cambiar como resultado de la esclarecedora presentación realizada por Lynne Leonard en la XVI Conferencia Internacional del SIDA celebrada en Toronto. Leonard y un grupo de colegas de la Universidad de Otawa (Canadá) demostraron que la distribución de recursos para fumar crack de forma más segura dentro de un programa de intercambio de jeringuillas podría disminuir la frecuencia de las prácticas de compartir el equipo para fumar crack, establecer contacto con poblaciones de riesgo previamente no implicadas y reducir realmente la frecuencia del uso de drogas inyectables.

Leonard mantiene que “aparte de unas pocas iniciativas comunitarias locales, muy pocas autoridades sanitarias de Canadá han implementado una estrategia integrada para apoyar que los fumadores de crack adquieran control de su propia salud proporcionándoles recursos para reducir los daños relacionados con el fumar crack”. Para validar la utilización y los beneficios sanitarios de proporcionar recursos gratuitos y fácilmente disponibles para fumar crack de forma más segura, fueron inscritos en el estudio 550 UDI activos que declararon fumar crack en los pasados seis meses. A los participantes se les realizaron entrevistas respecto al uso de crack, el uso compartido de equipo para fumar crack, la frecuencia con la que se compartía y sobre las actividades de uso de drogas inyectables. Dichas entrevistas se realizaron en cuatro momentos: seis meses antes de la implementación de la iniciativa, y a un mes, seis meses y doce meses después de su implementación. A través de la Iniciativa para un Uso Más Seguro del Crack, los programas de intercambio de jeringuillas (PIJ) de la ciudad han distribuido equipos con tubos de cristal, boquillas de goma, tamices y otros recursos de reducción de daños, incluyendo condones y lubricantes de base acuosa. Leonard no sólo mostró fotografías detalladas de los equipos para fumar de forma más segura, sino que trajo con ella muchos de ellos y tras la sesión los ofreció a los miembros de la audiencia interesados.

Al inicio, el 39% de los participantes en el estudio declaró tener quemaduras crónicas, cortes o ampollas en labios e interior de la boca. Estas condiciones eran resultado directo de los improvisados aparatos construidos para fumar a partir de tubos metálicos empleados solos o insertados en contenedores de plástico y latas de refrescos de aluminio. Cuando se fuma el crack, el calor es conducido intensa y rápidamente a través de la pipa metálica y puede provocar cortes, quemaduras, ampollas y llagas abiertas en boca, labios y encías.

Se consideró que la aceptación de la iniciativa fue “inmediata, alta y mantenida”, declarando la recogida de equipos para fumar crack de los PIJ un 80% de los UDI fumadores de crack a los meses uno y seis y el 87% a los doce meses tras la implementación de la misma. Compartir el equipo para fumar crack disminuyó de forma significativa, especialmente entre aquellos que declararon compartirlo “cada vez” que fumaban. La cantidad de participantes que declararon compartirlo “cada vez” disminuyó de un 37% a los seis meses antes de la implementación al 31% un mes tras la implementación y finalmente a un 13% a los doces meses tras la implementación (p<0,001).

Se produjo un aumento significativo en la frecuencia de fumar crack tras disponer del equipo para fumarlo, declarando un 29% de los participantes que fumaban más crack doce meses después de ponerse en marcha la iniciativa. Leonard se apresuró a señalar que, a pesar de que este hallazgo “quizá inicialmente puede parecer un sueño hecho realidad para los críticos de las medidas de reducción de daño, que proporciona recursos que animan a que se adopte ese comportamiento, podemos documentar un descenso significativo del comportamiento de inyección”. En realidad, el estudio documentó un descenso del 40% de la frecuencia de uso de drogas inyectables desde la disponibilidad del equipo para fumar crack. Este hecho, mantiene Leonard, es “un indicio de una transición de un método de uso de drogas de mayor riesgo a otro con riesgos algo menores”.

En la conferencia de prensa tras la presentación, Leonard señaló que al final del periodo de evaluación de doce meses, “se habían realizado más de 4.400 contactos con fumadores de crack… personas que previamente no habían tenido contacto con recursos de reducción de daños”. Concluyó sus comentarios realizando un llamamiento para que se implementen iniciativas de reducción de daño al fumar crack, afirmando que “los resultados de esta evaluación documentan la conveniencia urgente de replicar esta iniciativa para una práctica de fumado de crack más seguro como un componente más dentro de una estrategia de reducción de daño integral en otros programas de intercambio de jeringuillas”.

Referencia: Leonard LE et al. Harm reduction success as needle exchange program distributes safer crack smoking resources. Sixteenth International AIDS Conference, Toronto, abstract THLB0104, 2006.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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