Sudáfrica se enfrenta a un déficit de fondos para tratamientos

Keith Alcorn

La doctora Susan Cleary, directora de la Unidad de Economía Sanitaria en la Facultad de Salud Pública y Medicina Familiar de la Universidad de Ciudad del Cabo (Sudáfrica), dio detalles sobre el dilema económico al que se enfrentará Sudáfrica en la próxima década a medida que aumente el número de personas que reciben tratamiento del VIH.

La sostenibilidad a largo plazo del programa de terapia antirretroviral de Sudáfrica constituye una gran preocupación, ya que se calcula que el 17% de las personas con VIH en todo el mundo viven en ese país y aproximadamente medio millón de ellas necesitan iniciar tratamiento cada año.

¿Cómo se mantendrá este volumen de tratamiento y cómo puede garantizarse la igualdad del acceso en un país con uno de los mayores niveles de desigualdad de ingresos?

Uno de los indicadores más crudos de la desigualdad en Sudáfrica es el nivel de gasto sanitario. En general, el país gasta más en salud que cualquier otro país en vías de desarrollo (7,7% del producto interior bruto [PIB] en 2005), y este nivel es similar al de muchos países ricos.

Sin embargo, hay una enorme diferencia en los recursos. El 15% de la población recibe atención sanitaria a través del sistema sanitario, donde el gasto per cápita es de cerca de 9.500 rands al año (unos 840 euros al cambio actual).

El resto de la población recibe atención médica a través del sistema público, donde el gasto per cápita no supera los 1.500 rands anuales (unos 133 Euros).

Esto se traduce en un médico generalista por cada 590 pacientes en el sector privado, frente a uno por cada 4.200 en el sector público.

Los especialistas médicos son aún más escasos en el sector público: uno por cada 11.000 pacientes frente a uno por cada 500 en el sector privado.

Dada la enorme dependencia del sector sanitario público para la atención médica, es inevitable que Sudáfrica tenga que aumentar la capacidad de dicho sector, al tiempo que ajusta su programa de tratamientos para adecuarse a unos recursos disponibles muy limitados.

Sudáfrica está consiguiendo abordar los objetivos establecidos en el Plan Estratégico Nacional respecto al número de personas en tratamiento, aunque muchos alegan que dichas metas deberían ser más ambiciosas.

No obstante, a lo largo de los próximos 15 años, se prevé que los costes del tratamiento y la prevención aumenten diez veces, desde 2.400 millones de rands en 2008 (unos 214 millones de Euros) hasta 25.000 millones de rands (2.225 millones de Euros), lo que podría consumir más de la mitad del presupuesto de salud pública según las cifras de 2008.

¿Cómo se las arreglará Sudáfrica? Aplicando el valor de corte de dedicar un tercio de los gastos de sanidad a la atención del VIH a través del modelo actual, Susan Cleary calcula que, en diez años, sería posible alcanzar una cobertura del 62% de la provisión de tratamiento antirretroviral. Una estrategia de reasignación de tareas y reducción de los costes unitarios de atención permitiría aumentar la cobertura en un 10%, lo que equivale a otras 400.00 personas tratadas.

La restricción de tratamiento a la provisión únicamente de terapia de primera línea aumentaría la cobertura en un 16% (lo que equivale a otras 700.000 personas más).

Si se pudiera contar con los recursos del sector privado, Cleary sugiere que se podría distribuir la terapia a todos los pacientes que lo necesiten, destinando el 21% del presupuesto total sanitario del país. En estas circunstancias, todas las personas podrían disponer de unos tratamientos más tempranos y fármacos de primera línea que se toleren mejor.

Sin embargo, Cleary afirma que, en realidad, el tratamiento en Sudáfrica ya está racionado y lo seguirá estando en el futuro. El reto al que se enfrenta el país, afirmó, estará en la decisión de cómo emplear los escasos recursos. En particular, la sociedad sudafricana tendrá que decidir si es mejor proporcionar un mayor estándar de cuidado a un menor número de personas o si ofrecer un tratamiento menos eficaz, pero más rentable, a una población más amplia.

Pero Mark Heywood, del Proyecto Legal del Sida (AIDS Law Project), puso de relieve el déficit de financiación al que ya se enfrenta Sudáfrica. “Si tomamos las cifras actuales de pacientes que están en tratamiento, que se calculan en algo más de 600.000 pacientes, y añades otras 200.000 personas que necesitarán iniciarlo este año, la diferencia entre lo que se ha presupuestado y lo que en realidad costaría simplemente cubrir las necesidades de tratamiento supera los 1.000 millones de rands [89 millones de euros]”.

“El presupuesto del Plan Estratégico Nacional es de 48.000 millones de rands [4.280 millones de euros], a distribuir en cinco años. En los próximos tres años, hasta 2011, la partida total para VIH/sida es sólo de 11.400 millones [1.016 millones de Euros]”, afirmó Nonkosi Khumalo, representante de la Campaña de Acción en Tratamientos. “¿Cómo vamos a alcanzar los objetivos del Plan si no contamos con un presupuesto para ello? Este año, ya hemos presenciado moratorias en algunas provincias, pero es únicamente la punta del iceberg”.

El ejemplo más claro de los efectos negativos del déficit de financiación se ha observado en la provincia del Estado Libre (Free State), donde, en noviembre de 2008, el gobierno provincial suspendió la inscripción de nuevos pacientes para recibir tratamiento antirretroviral por haberse excedido en el gasto. El Proyecto Legal del Sida ha calculado que 15.000 personas necesitan iniciar terapia y se ha interrumpido el suministro de fármacos a muchos pacientes en tratamiento.

Los activistas han criticado la mala planificación y los escasos controles presupuestarios que han originado este déficit de financiación.

“No se trata de que Sudáfrica no tenga suficientes fondos, sino de cómo están asignados”, afirmó Mark Heywood.

“Tenemos que reconocer la importancia de la salud en este país y garantizar la disponibilidad de unos fondos adecuados para aumentar la atención sanitaria, de acuerdo con la Constitución”, señaló Heywood. “Un problema importante es que el presupuesto sanitario no parte de las necesidades existentes. Nos dan una cifra y, a partir de ahí, determinamos a cuánta gente podemos llegar, en lugar de valorar cuánto costaría cubrir las necesidades de salud y tratamiento. Hacemos un llamamiento al gobierno para que establezca partidas presupuestarias a partir de las necesidades y para que todos los fondos se empleen de forma efectiva y eficaz para salvar las vidas de tantas personas que esperan tratamiento como sea posible”.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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