Testimonio: Yo nací de nuevo

Àlex

Quiero contar mi pequeña historia, y lo quiero hacer porque creo que puede servir de ayuda a muchas personas que, en estos momentos, se encuentren solas, perdidas y temerosas.

Me llamo Álex y tengo 45 años. A los 16, comencé a fumar porros: era lo que se llevaba entonces, la novedad. Como tantos otros adolescentes, fui descubriendo nuevas sensaciones a través de diferentes sustancias, entre ellas las anfetaminas, la cocaína, la heroína, el speed, la mescalina, el alcohol, la marihuana y el hachís.
 
Mi experiencia con la heroína fue más bien corta: por suerte, no me gustó el "pelotazo" que proporcionaba; sin embargo, me encantaba fumar hachís, beber Jack Daniels y esnifar coca o speed los fines de semana. Ah, se me olvidaban los “tripis” o LSD.
 
Mi vida discurrió en medio de una nube de los 16 a los 28 años, aproximadamente. La verdad es que, en aparencia, era feliz; siempre me acuerdo de conversaciones que mantenía con mi madre en las que me pedía que fuera un poco más “normal”, como mis primos. Siempre le respondía que mis primos eran idiotas, que no sabían disfrutar de la vida, que yo hacía lo correcto, puesto que era “joven”. Durante todos esos años, tuve la suerte de que nunca me faltó el trabajo. Tenía dinero, ligaba bastante, tenía moto y viajaba mucho al extranjero, a concentraciones de motoristas y a conciertos de rock, heavy… es igual, lo que contaba era el "pelotazo".

Sin embargo, a medida que pasaban los años, se apoderaba de mí, en momentos de soledad, un sentimiento de vacío que me hacía llorar cuando volvía sólo a casa los sábados por la noche. Al día siguiente, me fumaba un porro y se me pasaba. Hasta que llegó un día en que, en un examen médico en el trabajo, me detectaron el virus de la hepatitis B y C y unas transaminasas algo elevadas. No hice caso, seguí con mi rutina diaria de sexo, drogas y rock’n’roll. Pero, al año siguiente, volvieron a salir los mismos resultados médicos pero empeorados, claro está. Así que fui al médico y, tras conocer mi historia, me pidió que me hiciera el test del VIH, y claro, salió positivo.

En ese momento, pensaba que el mundo se había acabado para mí; de golpe, tenía una sentencia de muerte sobre mi cabeza, tenía que dejar mi vida de “joven”. Estuve unos cuantos días sin salir de la cama, durmiendo y llorando sin saber qué hacer. Me di cuenta de mis errores, lloré y lloré. Pero, no sé bien por qué razón, pedí ayuda al Altísimo, cogí un crucifijo que siempre había estado en mi habitación y al que no le había hecho nunca caso, me abracé a Él y, llorando, le supliqué que me diera una segunda oportunidad, que no la iba a desaprovechar, que había aprendido la lección, pero que, por favor, quería vivir. Al mismo tiempo, mi único hermano era también diagnosticado como seropositivo. Era demasiado para mis padres: sus dos hijos sentenciados.
 
Lo que ocurrió a partir de ese momento forma parte de lo que, en realidad, quiero transmitiros. Mi hermano murió dos años más tarde, víctima de sus miedos y debilidades, no sin antes cumplir con su misión en esta vida: darme la fuerza interior que necesitaba para seguir adelante, sobrevivir, encontrar el camino, el verdadero camino, el camino del Amor. Puede que parezca algo cursi, pero así es. Desde 1992 hasta el día de hoy, se han ido sucediendo, sin interrupción, situaciones, encuentros, relaciones y sincronicidades de tal magnitud que, de verdad, merecen el calificativo de milagrosos.
 
Todo comenzó un día en que me enteré, “por casualidad”, de que una amiga mía era seropositiva; lo sorprendente del caso es que yo la veía a diario y no parecía tener ningún temor: era y es muy feliz. Así que le pregunté: “¿Y tú por qué estás tan contenta?” Empezamos a hablar y me explicó que ella se había tomado su diagnóstico como una oportunidad que le brindaba la vida para crecer y ser más fuerte. Me habló del pensamiento creativo y me invitó a un seminario que daban, durante un fin de semana, en un hotel de Barcelona. Era un seminario impartido por el Instituto Louise Hay de Estados Unidos. Acudí sin saber muy bien de qué iba la película. De verdad, fueron dos días inolvidables en mi vida, conocí a un montón de personas de todas las edades que me dieron algo que ninguna amistad anterior me había dado: comprensión y Amor.
 
El caso es que, en ese seminario, además de nuevos conocimientos sobre el Ser Humano y la Mente Creadora, conocí a mis primeros AMIGOS, y lo escribo con mayúsculas porque son amigos de otro tipo: aparecen en tu vida cuando los necesitas, sin pedirte nada a cambio, pero dándotelo todo, y desaparecen de tu vida cuando ya no los necesitas. Se fueron tan dulcemente como vinieron a mí.
 
Entre estos amigos estaban un doctor en medicina, un naturópata, una psicoterapeuta humanista, dos monitores de un curso de crecimiento personal (Curso de Milagros), practicantes de Reiki y meditación. De mi relación con estos amigos surgieron otros, siempre en el momento que los necesitaba; aparecían como por arte de magia, y de verdad que nunca me pidieron nada a cambio. Bueno, los que me prestaban sus servicios profesionales, es decir, los médicos y psicoterapeutas, cobraban de manera justa sus bien ganados y merecidos honorarios.

A los dos años, en 1994 aproximadamente, decidí estudiar Psicoterapia Humanista y Transpersonal en centros privados. También comencé a interesarme por la meditación y el Reiki, así que me inicié en estas técnicas. En la actualidad, soy maestro de Reiki, y medito una o dos horas a diario.

Como había dejado las drogas, el alcohol y la fiesta en general, el dinero me sobraba para pagarme los estudios. Me gustó tanto que me apunté a una academia para mayores de 25 años con el propósito de cursar Psicología Clínica. Me apunté, aprobé el acceso, dejé mi trabajo y, desde el año 2000, soy licenciado en Psicología por la Universidad de Barcelona.

Al inicio de la carrera universitaria fueron, poco a poco, desapareciendo de mi vida mis amigos, pero fue algo natural, era como si ya hubiésemos cumplido todos lo que teníamos que hacer: ellos lo habían hecho con creces, así que me dejaron y comencé a volar sólo. Pero, cosas de la vida, “casualidad, suerte…”, apareció una persona que es, ha sido y será la persona más importante en mi vida:  mi mujer; sí, mi mujer, aunque yo la llamo mi alma gemela. Porque, con 34 años, sin trabajo, siendo seropositivo y que conozcas a una hermosa mujer, seronegativa, que sí trabajaba, que tenía un hijo de 18 meses, y que quiera salir contigo y encima se enamore de ti, no sé para vosotros, pero para mí es un Milagro. Hoy vivimos juntos los 4: ella, nuestro hijo, nuestra perrita y yo, y somos muy pero que muy felices.

Bueno, al grano. Hoy en día, estoy tomando antirretrovirales, además de otra medicación natural para combatir el colesterol producido por los antirretrovirales; medito diariamente, practico Reiki y trabajo en una asociación sin ánimo de lucro que se dedica a ayudar a personas que viven en situaciones de riesgo de exclusión social; también trabajo con un pequeño grupo de personas seropositivas y atiendo de manera gratuita a cualquier persona que necesite asesoramiento, apoyo y ser acompañada en su proceso de aceptación y comprensión del VIH. Físicamente me encuentro muy bien y quiero aportar toda mi experiencia vital a todo aquél que lo necesite.
 
El "mensaje" que he intentado transmitir con mi historia es que, en la vida, todo lo que nos ocurre puede ser positivo o negativo, depende de nosotros, de cómo lo miremos. Cualquier acontecimiento, por grave y doloroso que parezca, puede ser una oportunidad para comenzar a vivir. Yo nací de nuevo en 1992, cuando me diagnosticaron mi seropositividad.

En cuanto a lo que me gustaría aportar a todos los diagnosticados como seropositivos y/o enfermos de SIDA, es que, además de la medicación, es muy importante el estado anímico y mental, la fortaleza interior que todos poseemos, el Amor Incondicional hacia todo lo que nos rodea. Y también que herramientas como la meditación y el Reiki han demostrado, en muchos casos, ser muy poderosas para lograr una mejor calidad de vida, así como una mejor adhesión al tratamiento antirretroviral.

Hace un tiempo, en la revista LO+POSITIVO (núm. 23, otoño de 2002), salió un artículo titulado “Manos de Oro”, en el que se explica un estudio científico que se está llevando a cabo en los Estados Unidos y que pretende demostrar las ventajas del Reiki en el tratamiento del SIDA.

Un saludo, de todo corazón, a las personas que lean esta historia.
 

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