El VIH está en la sangre, pero las ganas de vivir en el alma

Ange

Hola llegué aquí con la intención de saber de personas con VIH, cómo viven, qué comen… En fin para informarme más y aceptarme. Tengo 26 años de edad y soy de Venezuela. Mi historia empieza en diciembre de 2014. Revisando mi Facebook me encuentro con la noticia de que un amigo (con el que tuve relaciones sin protección cuando yo tenía 17 años) había muerto en Caracas.

No sabía el motivo de su muerte, pero confieso que empecé a sospechar del sida. Recuerdo que le escribí a mi mejor amigo dándole la noticia ya que él también había tenido relaciones sexuales con él. Le conté que estaba angustiado porque yo recuerdo haberlo hecho sin preservativo.

Ya días después, entre mis amigos había muchos rumores sobre que murió por el sida.

Tenía mucho miedo de hacerme la prueba y salir positivo. Mi mejor amigo y yo decidimos a hacernos la prueba el 19 de enero de 2015 y el día siguiente, 20 de enero nos entregan el resultado. Mis sospechas se confirmaron: salimos positivo.

En ese entonces yo no presentaba síntomas de ningún tipo y la verdad es que no me tomé en serio la enfermedad. De hecho me mudé a otra ciudad después de graduarme de administrador. No quería darles ese sufrimiento a mis padres que me lo han dado todo.

Mi sufrimiento empieza después de graduarme y mudarme ya que necesitaba empleo y mi sueño era ejercer mi carrera profesional pero las puertas se me cerraban ya que tenía que pasar exámenes médicos y yo, sabiendo lo que tenía, no asistía. Notificaba que había encontrado otro empleo siendo mentira. ¿Saben algo? Las mentiras dan mucho trabajo.

Hasta que decidí decirle a un amigo que se hiciera las pruebas por mí con otra mentira que yo tenía VDRL y que estaba en tratamientos. Créanme, fue horrible ese día ver como engañé a tantas personas por poder trabajar.

Hasta que llego el día que Dios me pasó factura por tanta mentiras y me enfermé de neumonía, una de las enfermedades oportunistas. Ya era diciembre de 2015 pero anhelaba tanto el trabajo, lo quería tanto y me decía que si había engañado a tanta gente y estaba ahí no iba a renunciar, no me iba a dejar vencer.

Al trabajo falté solo 1 día. Me mandaron 2 tratamientos y no tenía mejorías y quiero decirles que fue Dios el que me dio una nueva oportunidad. Lloré tanto, le pedí tanto que al siguiente día me empecé a sentir mejor hasta que sané. Pero solo fue un aviso.

Conocí mucha gente buena ya que estaba en una ciudad donde no tenía familia. Solo mi mejor amigo que en ese momento por ser diciembre estaba en el pueblo y yo trabajando solo pude ir 31 y me devolví por el trabajo el 2.

A los 5 meses me vuelvo a enfermar de neumonía y, chicos, tenía pareja y no le dije lo que ya sabía aunque nunca lo hice sin protección con él. Creo que está de más resaltar mis errores porque a medida que lees los puedes ver. El primero fue no aceptar la enfermedad, alejarme de mi familia, no ser sincero. En fin las mentiras siempre se descubren.

Esta vez me volví a mi pueblo porque estaba muriendo. Le confieso a mi mamá todo lo que pasa y que tenía que hacerme pruebas confirmatorias porque nunca me las hice. La noticia la supo mucha gente, una información que traté de ocultar y que al final no sirvió de nada porque tuve que confesar todo.

Pero, ¿saben algo? Me liberé de un tormento. Yo tenía una onda y desde ese 20 de enero dejé de ser ese chamo alegre y solo esperaba caer y morir pero la muerte es lenta, y si estas solo es peor.

Ya hoy en día tengo 3 meses en tratamiento, me siento bien conmigo mismo, con el apoyo de mi mamá y mis amigos. No cometan esos errores que cometí yo, porque rodearte de personas que te aman te alarga la vida.

Quizás renuncie a mis sueños pero puedo emprender otros, no creo en la vida en pareja porque no quisiera condenar a alguien a vivir con una persona con el VIH. Dios es mi sanador de tristezas, de angustias y si me tocó vivir así pues hay que vivir. Sí, pensé en el suicidio pero qué feo sería aparecer en el periódico como un cobarde que no quiso luchar.

El VIH no es una sentencia de muerte, porque el virus esta en nuestra sangre pero las ganas de vivir en nuestra alma. Creer en Dios y nuestras posibilidades nos hace vencedores. Somos sanados del odio, del rencor, de la envidia, de todos esos malos sentimientos. Porque una persona que tiene a la muerte acechándola no puede ser mala Saludos.

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