Testimonio: Los viejos roqueros

Guvias

Hola. Soy un viejo roquero de Madrid, de 48 años, con un inquilino pegajoso desde hace ya 24.

Llevo luchando seriamente mediante tratamiento desde hace 10 años.
 
He enterrado a casi todos los de mi generación de la época de la Transición: músicos, poetas, macarras, chaperos, yonkis de lujo, gitanos, atracadores, hippies artesanos y amigas de "vida alegre". Lo que quiero comunicar es: ¿por qué me he ido quedando solo si he utilizado la misma vía de transmisión del VIH: las jeringuillas y no usar condón?
 
Destaqué en Bellas Artes y los deportes. Aventurero, inconformista y rebelde desde mi adolescencia, fui criado en un entorno familiar fantástico. Me pusieron de tutor al comisario de Carabanchel. Tenía la obligación de visitarlo asiduamente. Además, mis padres tuvieron que pagar a una psicóloga debido a mi conducta.
 
Con 16 años ya bajaba a Ceuta a buscar hachís para traficar después por la costa y las islas. Estuve viviendo de ello junto con lo que sacaba vendiendo artesanía, que diseñaba usando plata, latón y pedrería, por los mercadillos de España.
 
Con el pelo largo, vaqueros parcheados, tomando LSD, viviendo en comunas hippies, practicando el amor libre, haciendo nudismo a escondidas, y residiendo en Formentera. Así vivía yo. Pero también tenía sangre de rata de ciudad: me gustaba el rock duro, los botines, el cuero negro y las motos. Así iba por las calles de Madrid a finales de los 70. Y, escuchando a Lou Reed, me buscaba la vida.
 
Llegué a cometer delitos como: tráfico de todo tipo de drogas, robos –desde atracos a mano armada a robos organizados estafando al Estado (llegué a estar fichado por la Interpol)–. Así desde los 15 a los 38 años. Son muchos años al filo de la muerte. Tiempo de dinero fácil, lujuria, emociones fuertes, experiencias duras fuera de la ley, y en un entorno social diferente, irracional, marginal y subterráneo.
 
Hace diez años, tomé la decisión de empezar de nuevo. Lo primero que hice fue ponerme en tratamiento. Cancelé mis antecedentes, me saqué el carnet de conducir, entré en un programa de desintoxicación, rompí con mis amigos, me divorcié, comencé a estudiar, y leí mucha psicología y filosofía. Empecé a trabajar y a descubrir la monotonía. Practiqué deporte y recuperé mis dotes artísticas reciclándome en cursos de pintura, fotografía y escultura en madera.
 
En la actualidad, mi médico me felicita por tener la carga viral indetectable, las defensas a 800 y por llevar años sin enfermedades oportunistas. Me dice que soy un luchador admirable, que lleva 24 años viviendo con VIH.
 
Mi vida está llena de alegría y ambición. Vivo los días con intensidad y serenidad. Trabajo como escultor de madera, practico regularmente yoga y meditación, y estoy sacándome el carnet de moto para comprarme una Harley. Me siento mejor que nunca.
 
Continuaré disfrutando y valorando esas pequeñas cosas, no materiales, que me hacen ver amanecer.
 
Un día más, seguiré siendo feliz.

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