Todo es un proceso

Carlos B.

Hola a todos los chicos que recientemente han sido detectados como portadores del  Virus de la Inmunodeficiencia Humana. Yo recibí esa noticia hace 364 días, y sin duda alguna mi hermosa vida cambió.

Recuerdo ese día, acompañado de mi madre y del vecino que nos llevó en su carro al consultorio. Toqué el timbre de la puerta con mucho miedo, pero con la esperanza de recibir un resultado favorable, no precisamente ser el portador del virus. Sin embargo, casi tres semanas atrás, antes de tomar esta decisión, mi buena salud se había roto y, claro, comencé a sentir dramáticamente los síntomas. No fueron difíciles de identificar, aunque nunca me lo esperaba.

Por fin entré a la clínica, pasé adelante con mucho miedo e inseguridad y tomé asiento hasta que se me atendió. En ese momento me presenté y precisamente en ese momento todos los síntomas desaparecieron. Bien se dice que cuando una persona se enfrenta a sus propios miedos, estos desaparecen. Pues seguido pedí exámenes completos y esperé con muchas ansias alrededor de dos horas, algo fuera de lo normal.

Vi pasar a la persona que llevaba mis resultados y en ese momento solo necesitaba saber qué pasaba en mi cuerpo. Fue un joven educador el que me entregó mis resultados y, por cosa rara de la vida, únicamente me habían realizado exámenes para detectarme sífilis, que habían dado negativo.

No lo podía creer, mi espera y la razón por la cual había llegado no deseaba aparecer. En ese momento le mencioné al educador que había solicitado también la prueba del VIH, para mí la más importante. El educador se puso de pie y me dijo que iría a buscar los demás resultados. Al regresar, al parecer nadie me había hecho esos exámenes, y me dieron la única opción de seguir esperando los siguientes resultados.

De nuevo una hora de espera, ya el sol se había ocultado. Regresó la persona con mis resultados y me preguntaron qué pensaría hacer yo si mis resultados fueran positivos. De inmediato respondí que informarme y buscar el medicamento debido. No sabía cuál era, pero sí sabía que existía un medicamento para mí.

Después de eso me dieron mis resultados positivos. En ese momento, mi vida se transformó en una escena de película. Me quedé frio y solo veía cómo movía la boca el educador, no pensaba nada, no sentía nada, estaba tieso como una piedra.

Muchas cosas han pasado desde ese día hasta el día de hoy, casi un año. Pero en este momento solo les puedo decir que aunque sientan que nadie los puede entender, y pueda ser cierto, hay muchas personas que están y han pasado por este proceso. Todo es un proceso, tomen muchas fuerzas desde lo profundo de su corazón, miren hacia el cielo y caminen con la mirada al frente. Yo soy un sobreviviente de ese momento tan fuerte. Los animo a que sigan adelante solos o con la ayuda de alguien.

Tengo más por contarles, nos vemos pronto. Los quiero, los amo, no están solos, nunca. Saludos.

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