Testimonio: ¿Tirar la toalla?

Carlos

Bueno, mi historia es la historia de mi vida: un fracaso tras otro.

Todo empezó el 12 de diciembre de 2007. Fui a donar sangre y, tres días después, me diagnosticaron el VIH. En mi vida había estado en contacto con ningún grupo de riesgo; las únicas relaciones que mantenía eran con mi mujer, y últimamente teníamos relaciones sin condón porque la mayor ilusión de mi vida era tener un hijo …

Pero todo se fue al garete. Al parecer, quizá porque viajo y trabajo mucho, ella pensó que, mientras nuestra cama estaba medio vacía, había que llenar el hueco con algún que otro "compañero" de pasión.

Mi vida se fue por la taza del váter: todo desapareció de la noche a la mañana. Quise quitarme de en medio, pero ni soy tan valiente ni sé muy bien cómo hacerlo.

En fin, que la noticia no sólo me condenó al ostracismo y a la marginación, sino que mandó al garete mi ilusión de tener un hijo, mi matrimonio, mi vida "perfecta".

A partir de ese momento, no he podido volver a entablar una relación personal (no sexual) con nadie. Me asusta tanto la vida como la muerte, no sé qué me va a pasar, cuánto tiempo voy a vivir, cómo voy a ir desgastándome y hundiéndome.

La verdad es que, a partir de ese momento, mi vida dejó de tener sentido. Además, voy al médico y me dice que estoy muy bien, que mi carga viral se ha reducido de 2.000 a 900 y mis CD4 están en torno a 830. Pero… ¿y cuando todo explote en mi interior y los malditos virus que me comí sin buscarlos me destruyan?

No sé qué me va a pasar, cómo voy a evolucionar, en definitiva, qué va a ser de mí. ¿Me convertiré en un desastre como persona?, ¿dejará de tener sentido mi vida cuando ya no pueda ni valerme por mí mismo? No lo sé. Cada vez que leo algo al respecto, en lugar de aclararme mis dudas, éstas aumentan de forma exponencial.

No quiero agobiaros más. Esto me lo tendré que comer yo solo, como todo lo demás, hasta que ya no aguante más. La verdad es que la vida se ceba siempre con los que menos culpa tienen.

Ah, por cierto, ella ya estaba contagiada, pero no lo sabía. Maldita ignorancia y falta de solidaridad… Si hubiera sido donante habitual como el que os escribe, lo habría sabido y, quizá, el mal propio no se hubiera producido.

Atentamente, un seropositivo reciente al borde de tirar la toalla.

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