Solo queda amar y amarse

Salomé

Me llamo Salomé, tengo 24 años, soy argentina y estudio antropología. Hace un mes y un día que me diagnosticaron el VIH en unos chequeos de rutina. Ya estoy en tratamiento y sentía necesario escribir sobre mi experiencia como mujer ya que la mayoría de las experiencias que leí son de hombres. Comparto un poco de los días previos y posteriores a mi diagnóstico. ¡Gracias por el espacio!

Este año, como años anteriores, fui a visitar en mis vacaciones a mi familia que vive en Ushuaia. Acostumbro hacer mis chequeos médicos en Ushuaia por una cuestión de familiaridad con el hospital. Conocía sus tiempos, las instalaciones, e incluso al personal que trabaja dentro. Solicite turno con una ginecóloga y pedí un pap (Papanicolau) y una colposcopia, exámenes de ETS y ecografías, lo usual en un chequeo ginecológico.

Fui a hacer la extracción de sangre para los análisis y cuando termina, la enfermera me dice que los análisis van a estar dentro de una semana. Hasta ahí todo bien. Al día siguiente recibo una llamada. Era una empleada del hospital que me pedía volver a realizar una nueva extracción porque la muestra había sido mala. Fue el primer momento en que sentí una sospecha, me parecía extraño pero estaba dentro de las posibilidades el que existiera un error.  

Fui al día siguiente y esta enfermera me toma la muestra y me dice que los resultados estarían en 25 días y que directamente me los daría mi ginecóloga en forma personal. Salgo y me dio una mala espina total, llamé a mi novio y le conté la situación, mi sospecha y preocupación, me largué a llorar. No era cualquier estudio, eran los análisis de ETS. Me dijo que me quedara tranquila, que no me preocupara, que estaba exagerando. Le cuento a mi mamá y a una amiga y me dicen lo mismo, que son los tiempos que puede manejar el hospital, que no me hiciera la cabeza.

El miércoles 28 de noviembre, seis días después de la segunda extracción, me llama la ginecóloga y me dice que vaya al consultorio, me iba a dar los resultados. Atino a preguntar si habían salido bien y responde que sí, así que me quedo tranquila.

Voy el jueves 29, espero en el pasillo hasta que sale la ginecóloga del consultorio. Me ve, le comento que ella me había llamado por los resultados, se nota en su cara que se acuerda de mí y me hace entrar al consultorio, se sienta, me siento, empieza a hablar diciendo “Te acordás que la vez pasada me pediste análisis de serologías, ¿cuál fue el motivo? ¿Sospechabas algo?”. Mi mente se pone en blanco y respondo que no, pero que pensándolo mejor, en un momento me había surgido la duda con mi novio que durante el año se le inflamaron varias veces los ganglios y le salieron sarpullidos. Ella continúa: “Los análisis dieron VIH positivo, lo importante es que ahora empieces el tratamiento, te voy a derivar al infectólogo”. Me largué a llorar porque pensé, en esos pocos minutos, todas las veces que no me había cuidado, cómo cambiaria mi vida, cómo iba a abordar el tema.

La doctora me pide el teléfono de mi mamá para llamarla y en ese estado de shock no lo recordaba. Agarra el teléfono y marca un interno, a Salud Mental del hospital, quería que vaya a hablar con una psicóloga. No fue de mucha ayuda o sí, ya que por lo menos me calmé. No me hizo sentir cómoda porque al contarle en medio del llanto me tiró un “pero ¿por qué no te cuidaste igual?”, no digo que no sea correcta la pregunta pero no era el momento. Después de salir del consultorio de la psicóloga, llame a mi mamá para que me pasara a buscar.

Mientras esperaba a que mi mamá llegará, saqué turno para infectología, llamé a mi novio y le dije cuál había sido el resultado. Su respuesta fue: “no, no puede estar pasando esto”. Le pregunté por los estudios que me dijo que supuestamente se había realizado en mayo. Él me había contado que le había dado negativo así que no entendía nada. 

Me dieron turno para la infectóloga para el 5 de diciembre, estaba desesperada, quería que el turno fuera para el mismo día. 

Las horas posteriores fueron pensar en cada una de mis relaciones sexo afectivas en las cuales no me había cuidado, mis últimos análisis de VIH habían sido en mayo del 2017 pero no los había ido a buscar por lo tanto mis últimos resultados negativos eran de finales del 2015, hacía bastante tiempo. Durante esos años, había estado sexualmente con 5 personas sin cuidarme lo cual me daba terror pensar en que había podido transmitir el virus a cualquiera de ellos. Pensé en escribirles para advertir, no lo hice por miedo y vergüenza. 

Recordé todas las veces que me había enfermado, la verdad que no había tenido síntomas alarmantes, por lo menos para mí, están dentro de lo puede tener cualquier persona con VIH negativo. Desde los 11 años sufría de amigdalitis así que era esperable que una vez al año me enfermara, no había bajado de peso, tuve una cistitis que se fue rápido, tuve una sola vez diarrea por un día que justo coincidía con época de parciales, flujo vaginal que se iba con óvulos, un verano tuve un honguito en el brazo izquierdo. No había estado enferma mucho tiempo pero, en esa tarde de tanto pensar, tomé dimensión de que me había sido irresponsable y confiada tanto con mis parejas como con mi salud.

Pensé en mi novio, quien sí había bajado de peso en el tiempo de relación, se le habían inflamado los ganglios del cuello en varias oportunidades, comentaba tener problemas estomacales y a veces le salían granitos en los brazos y torso y seborrea o psoriasis en la cara. Justificamos muchas veces lo que le pasaba con que caminaba mucho, no comía bien, estaba muy deprimido y estresado (es bipolar), que también le afectaba la periodontitis. Concluí que esos si habían sido síntomas para tener en cuenta y que había sido una ilusa. Hasta se me cruzó por la cabeza que yo lo había infectado. 

Hablando con mi novio días después me confiesa que en 2015 se hizo unos análisis en los que le había dado un falso positivo y que en mayo de este año, le habían pedido una nueva muestra de sangre pero que no había ido porque no quería pasar por el mismo estrés de años atrás. Fue un balde agua fría porque me molestó que no me lo hubiera informado antes y que no se hubiera ocupado antes de su salud si ya había un diagnóstico que lo ameritaba. 

Creo que más que el diagnóstico me dolió a mentira, reconozco mi irresponsabilidad, tendría que haberme cuidado en todas mis relaciones sexuales pero el que mi novio me lo haya ocultado esa información es duro de procesar, pensaba que existía un vínculo de confianza entre nosotros para hablar sobre estas cosas así que si bien voy a estar presente para acompañarlo en el tratamiento, decidí que la relación amorosa no va continuar. (No es sólo por el ocultamiento de información, sino también por su postura ante la vida y sus pocas ganas de ponerse las pilas) 

De todas maneras, sé que forma parte de un proceso de aceptación o duelo, no sé cómo definirlo. Por suerte recibí la contención de mi mamá, tres amigas y a partir de que asistí a un taller de escritura y lectura de VIH, conocí a dos psicólogas amorosas así que mi intención es empezar terapia con alguna de ellas para estar acompañada profesionalmente en este proceso ya que, como es esperable hay días en los cuales me autoestigmatizo, me culpo, pienso en los efectos secundarios del tratamiento a largo plazo, en como cambiará la forma de vincularme afectivamente, en qué momento informar sobre mi serología. En simples palabras, me enrosco con el tema.

Comencé el tratamiento hace 10 días porque, por suerte, los análisis que me pidieron salieron bien. No tengo ninguna enfermedad oportunista, sólo me dio reactivo mononucleosis y citomegalovirus que dentro de todo son comunes y pueden permanecer tranquilos. Como efecto secundario de las tres pastillas sólo noto los ojos amarillos pero la infectóloga dijo que es normal y en dos días debo ir al primer control.

Hasta se lo conté a un chico que conocí, precipitadamente, pero lo tomó bien y me hizo sentir muy contenida a través de todos sus mimos. No sé si lo mantendrá en el tiempo, pero es más que entendible cualquier decisión que tome. Esto hace que naturalice algunas situaciones nuevas, por ejemplo, el contarlo a una pareja sexual y sacarle la carga negativa. 

Creo que mi trabajo de tesis será sobre esta temática, me gustaría enfocarlo desde las experiencias, subjetividades y trayectorias de otras mujeres con VIH, ya que la mayoría de las experiencias que encuentro son de hombres. También pienso incluirme en alguna organización para empezar difundir info al resto de la población.

Sin dudas, uno nunca está preparadx para el diagnóstico, pero sirve para concientizar, replantearse y cuestionarse todo, los cuidados, los valores, las metas, los vínculos, la vida en sí. 

Sólo queda amar y amarse, disfrutar y disfrutarse con responsabilidad.

Busquen personitas y establezcan redes de contención. Les amo, no se sientan solxs

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