Siento que pierdo la cordura

Alejandro

Tengo 24 años, soy licenciado, tengo muchas metas y llevo una vida bastante tranquila. Para mí, todo comenzó con un dolor de cabeza muy intenso, que pensaba que era debido al estrés del trabajo. Se sumó una fiebre y, por más de 15 días, intenté resistir, pero no pude más.

Llegué a la clínica y la doctora me pidió que me hiciera los análisis del VIH. El resultado fue positivo. No fue tan chocante en ese momento, pues soy alguien que no cree que le hayan pasado muchas cosas buenas. Por el contrario, siempre ha tenido mala suerte para varias cosas, que podría mencionar y nunca acabar.

He sido cuidadoso en el sexo, pero debo afirmar que en ocasiones no me protegí (más que nada por un tema de confianza). Además, la mentalidad va cambiando con los años y no siempre tienes presente el cuento de hadas que todos te mencionan cuando eres niño.

Físicamente no me considero una persona atractiva, pero he podido relacionarme bien.

Perdí mi empleo debido a mi hospitalización. Mi madre se enteró del resultado ya que fue quien estuvo conmigo durante todos esos días; yo no podía gestionar nada.

Lamentablemente mi padre se enteró, ya que tenía que turnarse con mi madre para cuidarme. Es doloroso que tu familia se entere de estas cosas, dado que de todas formas sufren por ti y más si son tus padres.

Pero bueno, sus muestras de amor fueron bastante grandes y estoy agradecido por eso (aunque pasaron muchos años para que, debido a esto, tuvieran que aparecer).

Las esperanzas para mí no eran alentadoras (recién ahora sé que el médico les indico a mis padres que se prepararan para lo peor). Después de cientos de pinchazos para muestras de sangre, no encontraban en mí la enfermedad oportunista.

En mi caso, se han gastado los ahorros de toda una vida. Por desgracia, el sistema de salud no ayudaba mucho, así que tuve que ser tratado de forma particular, y tal vez eso fue lo que me mantiene vivo aún. Eso y, claro, la gran fe en Dios que tienen mis padres.

Después de cuatro meses y con dos recaídas severas, aún hay incertidumbre para que inicie el tratamiento antirretroviral (a veces creo que el personal de salud no sabe lo que algunos tenemos en juego).

No sé si también les pasa al resto, pero me molesta cada vez que estoy rodeado de personas con mi condición [VIH+], sinceramente pido una disculpa por esto. Estar ahí [en el centro de salud] me pone ansioso, siento que pierdo la cordura o que voy a estallar literalmente. Ir a cada una de las etapas, citas, etc. se vuelve un martirio.

Donde vivo es un lugar pequeño y tienes que esconderte prácticamente para que no te reconozcan y has de estar vigilando si el personal sanitario no es un conocido tuyo o de un amigo.

Recuerdo que una psicóloga me preguntó si había pensado en acabar con mi vida; mi respuesta fue que sí, pero no por estar desesperado al estar viviendo con el VIH, sino por el cansancio en general. Sé que cada uno lucha sus batallas, pero también se agota.

No veo el morir como una solución para salir corriendo, al revés, analizo los pros y los contras y remotamente cobra sentido, hay menos dolor.

A los que pasamos esto, sé que cada día es una batalla más. Unos días son buenos y otros malos. Aún no descifro cómo hacer que todos sean días buenos, pero espero que todo vaya mejorando poco a poco.

Me gustaría terminar mi relato con dos preguntas sobre la enfermedad y el tratamiento:

1. Me han prohibido tener relaciones sexuales por un año, hasta que mi carga viral se haga indetectable (por más que sea con preservativo). Quisiera saber si alguien se encuentra en un caso igual.

2. Lo que más me asusta del tratamiento es la lipodistrofia. Quisiera saber si alguno la ha tenido para que me cuente su experiencia (sé que por lo que menos deberíamos preocuparnos es por la parte física, espero que algunos puedan entenderme).

Gracias por tomarse el tiempo de leer mi historia. Me encantaría mucho saber sus respuestas.

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