Siempre hay un verano después del invierno

AG

A pesar de saber que mi estado de ánimo es un parte aguas para sentirme mejor, es inevitable no sentirme deprimido y cabizbajo la mayor parte del tiempo, y más por la forma en la que sucedieron las cosas.

La persona que me infectó es mi expareja. Soy una persona abiertamente homosexual, y viví plenamente una relación con él durante un poco más de un año. Compartimos muchos viajes, tiempo en familia, y amigos. Fue una relación muy intensa, por lo que realmente me enamoré perdidamente de mi chavo. Después de tener conflictos y perdernos mutuamente el respeto, decidimos separarnos, pero yo aún no sabía lo que vendría después.

Un mes después de haber terminado nuestra relación, me mandaron un mensaje de texto anónimo en donde me comentaban que toda la familia de mi ex sabía que era positivo menos yo. Esto me alarmó pues habíamos llegado a tener varios encuentros sin protección alguna. Para no hacer el cuento largo, lo contacté y le pregunté por este tema.

Él lo negó todo, argumentando que podríamos poner una demanda por difamación y que no nos detendríamos hasta que esto terminara. Eso por un lado me tranquilizó, pero le pedí que si podíamos ir juntos para realizarnos una prueba de Elisa, y él accedió.

Antes del día que acordamos, yo decidí realizarme una prueba en un laboratorio privado, y un amigo al que le platiqué el tema, me acompañó a una asociación civil donde me hicieron mi prueba rápida. Ambas pruebas salieron positivas, yo no lo podía creer, estaba en shock, pues en verdad creemos que todos pueden pasar por algo así, menos uno mismo.

Fue un día terrible, lleno de miedos y tristeza. Contacté con una prima de él, para platicar el tema, y mi sorpresa más fuerte fue cuando ella se sorprendió al enterarse de que yo no lo sabía. Me contó que él había sido diagnosticado 3 años antes y que toda su familia y algunos amigos cercanos se enteraron.

Me contó que, según ella y la familia, yo estaba enterado de esta situación, pues ellos fueron muy insistentes en que antes de tener relaciones sexuales yo debía saberlo, pero no fue así. Él nunca tuvo el valor de decírmelo, y creo que eso es algo que aún no puedo superar.

Me resulta increíble pensar y creer cómo la persona en la que más confianza puedes llegar a tener es la misma que por no ser honesta puede llegar a cambiar tu vida tan drásticamente.

Aún recuerdo algunas veces cuando hicimos el amor sin protección y él nunca se mostró preocupado, alterado. Por el contrario, siempre se mostró sereno, y despreocupado. Al afrontarlo y después de que su madre me confirmara esto, él todavía me amenazo, y me humilló, diciendo que él era negativo y que no me metiera más con él pues no sabía de lo que era capaz (no con estas palabras, pues el manejó un idioma muy vulgar).

Les prometo que es día que me duelen sus palabras y su humillación. Hoy en día, aun me duele su ausencia. Lloro, y me siento devastado por esta situación. Es algo que no puedo contar, pues no creo que alguien pueda entenderlo.

Mi familia y amigos cercanos saben que tengo VIH, pero no cuáles son mis emociones, pues creo que definitivamente no lo entenderían.

Espero que esta experiencia pueda servir a alguien, y entender que nadie nos amara más que nosotros mismos. Que hay gente mala y sin valores y que, desafortunadamente, algún día este tipo de gente puede llegar a sus vidas con la cara de una buena persona de la cual puedan enamorarse perdidamente y terminar en mi situación.

Ahora estoy deprimido, pero sé que algún día todo volverá a la normalidad.

Quiéranse, y protéjanse.

Gracias, y a salir adelante.

Por fortuna, siempre hay un verano, después del invierno.

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