Podemos permitirnos momentos tristes, pero no una vida triste

Anónima

Hola a todos. Hace un año que conocí esta página y desde entonces cada vez que el tiempo me lo permite entro para repasar cada una de sus historias. Eso me hace sentir cerca de ustedes, las personas que transitan este camino de vivir con el virus del VIH.

Mi historia anterior se titula "Aprendí a amarme a mí misma" (pueden buscarla entre las historias anteriores) y en resumidas cuentas dice algo así como: "me embaracé, descubrí que era portadora del VIH y agradezco a Dios el seguir con vida". Hoy en día continúo trabajando, sigo enamorada y mi bebé es el bebé más hermoso del mundo. No obstante, aún me persiguen los miedos .

Es complejo de explicar. Jamás fui tan feliz como lo soy ahora… mi marido y mi hijo no tienen el virus, tomo mi medicación, me he unido más a mi familia… Sin embargo he cambiado. Siempre fui de tener muchas amigas y al descubrir esto comencé a distanciarme. No buscaba aislarme, sino que comencé a pensar que ninguna de ellas hacia realmente mucho por compartir momentos conmigo. Dejé por primera vez nuestra amistad en sus manos y se perdió.

Ir al médico, retirar mi medicación o hacerme análisis aún me atormenta y tiendo a ponerme triste cada vez que tengo que hacer la "visita" a esos lugares, ya que me martirizo pensando: “¡Oh, Dios! Una persona más sabe de lo mío”. A veces desearía poder disfrazarme para que nadie descubra quien soy. Soy empleada administrativa y trabajo con mucha gente, muuuchas personas que a veces en algunas charlas me han dicho: "Guarda con ese que tiene sida" y me he quedado helada, petrificada, paralizada tratando de hacer algún gesto como para pasar desapercibida, con ganas de decirle muchas cosas.

Sé que esta infección está estigmatizada socialmente y a pesar de que he investigado y hablado mucho con mi infectólogo, a veces cometo el error de autodiscriminarme. Por ejemplo, evito ir al baño de mi trabajo, sabiendo de que es imposible con una carga viral indetectable infectar a alguien de esa forma, pero siempre pienso que lo hago porque si algún día se enteran van a salir todos corriendo agitando sus brazos y gritando háganme la prueba de VIH urgente. No quiero que nadie me reclame nada. Sé que lo que pienso no está bien, pero estoy cansada de escuchar comentarios estúpidos acerca del VIH.

Los gobiernos se preocupen más por entregar planes sociales y fomentar la vagancia antes de informar y educar al mundo sobre cómo cuidarse o dar datos certeros y actualizados de las enfermedades en su totalidad. Ya no es VIH=MUERTE, podemos vivir una vida normal, llegar a la vejez, siempre que tomes la medicación que te indique tu médico y te cuides un poco más que antes.

Siempre le pido a Dios que me dé salud y vida para poder disfrutar de mi hijo, mi razón de vivir (literalmente), y de mi marido. Por eso todos los días me despierto con una sonrisa y me acuesto con la misma cara pensando en que soy una bendecida por poder respirar, ver, caminar, oler, oír, tocar, sentir y amar. Disfruto de las pequeñas cosas, disfruto de los buenos y malos momentos, disfruto de hacerme problemas por cosas pequeñas y no por las grandes, porque eso me demuestra que sigo con VIDA, que puedo disfrutar de ella y que soy FELIZ con lo que tengo, ¡que es muchísimo!

Seguramente alguno de ustedes se sentirá identificado, o no, con mi historia. Podría decirles: "Tengo VIH y mi vida continua igual" pero estaría mintiendo. A veces tengo sentimientos encontrados, por momentos hablo de la superación, de ser positivos, de disfrutar y, por otros, pienso que ya no soy la de antes. A veces en las fotografías finjo mi sonrisa, no puedo hablar de temas de sexualidad con nadie, ni siquiera hacer una broma al respecto. Seguramente es una etapa similar a la del duelo (Negación, Ira, Negociación, Dolor Emocional y Aceptación).

Les dejo un cálido abrazo desde la distancia y quiero decirles a quienes recién se enteran de que son portadores que podemos permitirnos momentos tristes, pero no una vida triste. Hagan cosas que les den felicidad, ámense, cuídense. Esto los tiene que fortalecer, no es el final, es solo un camino diferente. Sepan disfrutar de la vida, es una sola, no piensen en el pasado, disfruten del presente y proyecten un futuro.

¡No estamos solos!

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