Pensé que a mí no me iba a pasar

Javier

Hola, soy un hombre de 50 años y me detectaron el VIH el año 2013. Desde los 25 años empecé a tener una vida sexual muy promiscua con otros hombres.

Aunque realmente no me considero gay, pues empecé a tener sexo con mujeres, descubrí que el tener sexo con hombres era más placentero y mucho más fácil de conseguir.

Nunca he tenido una pareja ni una relación sentimental con nadie. Mi única finalidad siempre ha sido satisfacer un apetito sexual desmesurado, sin límite. Con el tiempo me he dado cuenta de que realmente sufro de adicción al sexo. Esto fue mi perdición, ya que al principio tomaba medidas para evitar la transmisión de enfermedades tales como el uso de preservativo. Pero, con el tiempo, me fui relajando y cada vez las prácticas sexuales eran de más riesgo, dejando de usar muchas veces el preservativo.

Llegué a pensar que a mí no me iba a pasar, que infectarse era como una lotería y las probabilidades eran muy pequeñas. Por suerte, nunca he tomado drogas, pero mi obsesión era el sexo. Frecuentaba lugares de cruising, saunas gays y también me dejaba bastante dinero en prostitución con chaperos.

Un buen día me apareció una llaga en el pene y me detectaron sífilis, por suerte tiene cura con antibiótico, pero en la analítica también apareció que había pasado una hepatitis B, que por fortuna mi cuerpo la superó. Después de esto, cogí miedo y estuve un tiempo sin tener sexo, me prometí a mí mismo que jamás volvería a tener relaciones de riesgo y actuaría siempre con precaución.

Pero pronto volví a las andadas, me volví a relajar y retomé mi anterior etapa de sexo promiscuo y prácticas de riesgo. Hasta que un buen día se me inflamó una parótida y a raíz de las pruebas posteriores que me realizaron, en una analítica descubrieron que tenía el VIH. Además, aunque era totalmente asintomático, el análisis reveló que mis defensas estaban al mínino con los CD4 por debajo de 100.

Afortunadamente, en el hospital los médicos me pusieron en tratamiento de antirretrovirales con rapidez y, así, he llegado hasta la fecha. Estoy muy agradecido a los médicos y enfermeras que me tratan, los cuales son muy humanos. Desde el primer día me dijeron que, a pesar de tener el VIH, soy una persona normal que puede hacer una vida normal.

En la actualidad mi salud ha mejorado, estoy recuperando las defensas y sigo la medicación a rajatabla, con el virus indetectable en sangre. Procuro hacer vida normal, trabajo y me gusta hacer deporte. Sin embargo, sé que no soy normal totalmente, pues llevo mi enfermedad escondida.

Nadie aparte del personal sanitario que me trata sabe que tengo VIH, ni mi familia ni en el trabajo ni la gente que me conoce. Esto hace que no sea feliz, pues llevo una doble vida. Aparento ser una persona normal pero me aíslo socialmente, ya que tengo miedo a revelar lo que tengo y a ser rechazado.

Sé que si algún día lo revelase, tendría que explicar cómo lo contraje, ya que no tengo pareja. De cara a mi entorno, no soy gay ni saben de mi vida sexual. Piensan que no soy drogadicto, lo cual es cierto. Así que si se enterasen de mi promiscuidad, de mi adicción al sexo, pensarían de mí que soy un pervertido y depravado. Hay veces que no me importaría morirme, sin embargo, hay algo dentro de mí que me dice que debo seguir adelante y luchar por superar esta enfermedad.

Es una situación muy difícil para mí, he llorado mucho por ello y todavía no he encontrado la respuesta.

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