Escuché las palabras de apoyo que jamás imaginé

Andrés

Hola, me llamo Andrés, soy de Bogotá (Colombia), tengo 24 años y hace uno que descubrí que soy seropositivo, algo que piensas que puede pasarle a todo el mundo menos a ti. Me considero el único responsable, ya que llevaba una vida sexual desenfrenada. La prueba me la hice por recomendación del médico internista en respuesta a unas adenomegalias, algo sin explicación.

Accedí al examen y empezaron los 3 meses más interminables de mi vida. Como el protocolo ante esto es algo tedioso, realmente comprendí por qué las personas a veces toman decisiones equivocadas antes de revelar los resultados. Firmé el consentimiento para el examen y me tomaron la muestra para su análisis.

En el laboratorio me tomaron el número de celular por si había que repetir de nuevo el análisis. Salí del laboratorio esperando no recibir una llamada de allí. Ese mismo día, a la tarde, recibí una llamada del laboratorio en que me pedían acercarme de nuevo para una nueva prueba. Sentí cómo empezó a caer mi mundo a pedazos, esa incertidumbre de no saber qué está pasando. ¿Por qué la repiten?

En fin, acudí de nuevo a la nueva prueba. Quise indagar acerca del protocolo para este examen y cada vez me confundían más. Lo único que realmente seguro era que ese análisis tardaría de 10 a 15 días, tiempo en el que por la cabeza te pasan tantas cosas, donde probablemente te atormentas tanto que puedes llegar a tomar decisiones erradas. Lloraba todas las noches y empezaba a pensar en todo y todas las personas para las que soy importante.

Fueron 10 días interminables. En ese momento tenía pareja y aún está conmigo. Lo llamé y le conté lo que estaba pasando, pensé que tal vez sería lo último que hablaríamos. Pero encontré el verdadero sentido de la palabra amor. Escuché las palabras de apoyo que jamás imaginé y menos de él, pues pensaba que al contarle lo que estaba viviendo de seguro huirá. Me ofreció totalmente su apoyo y comprensión. Aún sin saber cuál sería el resultado. En ese tiempo pasaban tantas cosas por mi mente. Y los días eran cada vez más largos. Trabajaba lejos de la ciudad donde me practiqué el examen al término que volví al mes. Ya algo decidido a acabar con esa incertidumbre que me quitaba la tranquilidad.

Acudí al laboratorio para reclamar los resultados y nuevamente me encuentro con el maldito protocolo del procedimiento. Que no me entregaban los resultados y me dirigieron a una clínica donde me vería el medico con los resultados. Aún aguardaba que en medio de todo fuera un mal momento y que todo estaba bien. Acudí a la clínica y continué con el protocolo de sacar la cita que se prolongó 2 meses más para recibir los resultados tiempo interminable.

Llegó el día 13 de agosto de 2013. Estaba desde luego con mi pareja, que no me abandonó en ningún y en quien he encontrado mi mayor apoyo. En el pasillo del consultorio me llamaron. Entré y estaba un psicólogo. La trabajadora social y el infectólogo. Empecé a sudar frío y a sospechar que las noticias no serían nada buenas. Me preguntaron acerca del tema, que desconocía por completo y vinieron las palabras que dieron vuelco a mi vida: “Tu examen es positivo al VIH”. No lo comprendía del todo, era incrédulo. Me ofrecieron todo el apoyo para empezar el proceso. Preguntaron quién era la persona con la que estaba en el pasillo y les dije que era mi pareja

Preguntaron si él estaba al tanto de mi proceso y si yo quería compartir el resultado con él. Inmediatamente entró y ellos le dieron la misma charla, que terminó con la misma noticia. Me abrazo y lloramos. Era el inicio de una gran batalla en la que sólo los más débiles e inconscientes con sus actos caen. Salí de ahí con la mayor cantidad de exámenes que jamás me han practicado, 25 o más, incluyendo rayos X.

Salí y no tenía nada en mi mente, sólo pensaba en todas las personas que me rodeaban y lo que las había defraudado. Pensaba en todo lo que había hecho mal y aún más en seguir creyendo que sólo era un mal momento y que todo estaba bien. No quería que nadie lo supiera pues no es fácil para la sociedad y es un tema discriminatorio. Empecé con mi sufrimiento en silencio, aunque sabía que él estaba conmigo. Me sentía desvanecer y morir lentamente. Mas siempre ha estado el ahí.

Me practiqué los exámenes y empecé a documentarme sobre el tema. Se vuelve uno un paranoico con cada cosa que cambia en tu cuerpo. Un grano, un brote, un dolor… porque la ignorancia y el desconocimiento son los que matan. Hasta llegué a ir todos los días a hablar con la trabajadora social del programa. Tenía mucho miedo y pensaba que moriría pronto, que cada anomalía que veía en mi cuerpo era un indicio de que cada vez estaba más cerca el fin.

Volví de nuevo a la cita con los resultados de los exámenes y el resultado tampoco era alentador: una carga viral de 34.000 copias y unos CD4 de 270. Además, me detectaron una sífilis en la serologia. Nada más que agregar, dieron orden de medicamentos para la sífilis e iniciar terapia retroviral. Me advirtieron de los posibles efectos secundarios de los medicamentos. El que más temía era uno que en la mayor parte de pacientes provoca pesadillas, delirios de persecución y no poder conciliar el sueño. Las recomendaciones totales incluían reducir el consumo de bebidas alcohólicas y mantener una alimentación sana y saludable. Hay algo que jamás olvidare, y lo tengo claro, que es lo que me dijo el infectólogo. Textualmente, “el 99% de su salud está en sus manos, usted es el que decide cuánto quiere vivir con la voluntad de Dios claro está, porque nadie tiene nada comprado y usted puede vivir con un diagnóstico de VIH que yo que no soy positivo”. A la fecha sé que son palabras sabias.

Decidí no contar nada a nadie en mi familia a pesar de que llevo una muy buena relación. Solo con mi diagnóstico y mi pareja que estaba dispuesta ahí para mí, empecé a tomar los medicamentos y el tema de sus efectos secundarios. Al inicio fueron molestos los efectos de vómito, dolor de cabeza… pero no superaron las 2 semanas y mi cuerpo no hizo resistencia a ninguno de los medicamentos. Desaparecieron todos los síntomas, ni siquiera el de pesadillas me atormentó. Al contrario, dormía más. Era un buen indicio. Mi cuerpo aceptó los medicamentos. Además, según el doctor, para Colombia existen 30 medicamentos que son suministrados a los o pacientes según su necesidad, pero cuando surgen resistencias, agotas las posibilidades del tratamiento. La única forma que haces resistencia es dejar de tomarlos porque te aburres o porque crees que ha desaparecido el virus. En ese momento es cuando empiezas a crear la resistencia a los medicamentos.

Al cabo de 2 meses me realizaron de nuevo los exámenes. Carga viral, CD4 y serología. Fueron buenas noticias, ya que estaba indetectable y mis defensas se estaban recuperando. Además, el tratamiento para la sífilis había hecho su efecto.

Todo parecía ir bien, pero tal vez estaba olvidando mi pareja y las consecuencias que haber estado sin protección. Empezaba la segunda batalla y si él estaba incondicional para mi yo lo estaría para él. El doctor recomendó dejar pasar unos meses antes de hacerle la prueba a él. Se practicó la primera en enero y dio negativa. Sin embargo, no se podía cantar victoria y según recomendación médica debía practicarse una más en 6 meses y otra más en al año. En junio se practicó la segunda y salió de nuevo negativa. No es un no completo, pero confiamos en que todo está bien con él y aunque no sea así, tenemos el espejo mío que realmente (y lo digo muy convencido para los que leen) es que los cambios que dio mi vida han sido para bien.

El alejarte de tantas cosas que te hacen mal o cosas que tú haces indebidas no debería ser cuestión de un diagnóstico de VIH, debería ser común en la sociedad. El aprender a vivir cada día intensamente y de amar desenfrenada mente tu familia, el no dejar perder tu norte. El no perder la capacidad de dejarse sorprender por cada detalle que pase en tu vida es la diferencia, el convertir tus medicamentos en tus cómplices y aliados del diario vivir son la diferencia. El tener un alguien que te ayude a llevar está situación es fundamental aunque no me decido a contarlo en mi casa, el de desahogar ese temor con alguien es primordial.

Ahora mis controles son cada 6 meses. Pronto tendré otro y hasta ahora todo ha ido muy bien. Cuando se lo conté a un amigo que trabajó en un programa de VIH me dijo: “Mi querido, no pierdas nunca las ganas de vivir y de luchar. Eso hace la diferencia”. Me dijo que había visto casi resucitar a personas desde del estado terminal, pero que lo que importaba eran las ganas de vivir y de luchar.

Trabajo, estoy con mi pareja, soy feliz y realmente no noto que mis días hayan cambiado mucho. A veces hasta olvido que soy positivo, je, je, je. No sé qué vendrá más adelante, pero lo importante es vivir cada momento y no perder la capacidad de dejarse sorprender y de amar como loco cada instante que te regala la vida.

Espero mi experiencia sirva de mucho. Mi consejo es no desfallecer y vivir, mejor con una muy buena compañía.

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