Testimonio: Nuevos horizontes

Alberto

La historia empezó hace unos años, cuando comencé a tener una diarrea imparable y que no podía controlar. No quise decir nada a mis amigos, pero, como sabemos, somos los seres vivos más propensos a la infección por nuestro estilo de vida.
 
Luego la diarrea pareció estar controlada, aunque la seguía teniendo. Por aquel entonces, vivía con un chico, que era mi pareja, y comenzó a somatizar fuertemente la infección; tanto es así que empezó a tener fiebres vespertinas todos los días. Sufríamos, pero no queríamos aceptar la posibilidad de tener VIH.
 
Un día, él me dijo que debíamos hacernos un chequeo médico para descartar cualquier tipo de enfermedad, a lo que yo accedí con mucha valentía. Nos hicimos la prueba del VIH y salimos ambos seropositivos. Entonces, tomé las riendas de la situación. Mi pareja no quería aceptar la realidad y tuve que valerme de muchas cosas para hacerle ver que debíamos buscar ayuda médica. Tras muchas conversaciones, él accedió.
 
Cuando nos hicieron el recuento de CD4, el nivel de mi pareja estaba en fase de sida: 36. El mío era de 149. En el momento que los médicos observaron la situación, inmediatamente nos ingresaron en el plan nacional para los seropositivos. Cabe destacar que la ayuda de los doctores fue muy profesional y alentadora. Hoy en día, agradecemos a quienes, de una u otra forma, les debemos la vida, el habernos enseñado una luz dentro de tanta oscuridad, y que aceptar no es rendirse, sino luchar por vivir.
 
Gracias a ellas, pues fueron tres doctoras, me encuentro afrontando nuevas expectativas de vida y con muchos nuevos horizontes en mi existencia. Por su ayuda, hoy mis niveles de CD4 ya son casi normales. El que era mi pareja por aquel entonces se encuentra bien, bajo un tratamiento estricto y con una elevada esperanza de vida.
 
Actualmente, me encuentro en tratamiento con el equipo de médicos del Hospital Clínico de Barcelona, bajo la sabia coordinación del Dr. Gateill, quien ha sido una luz dentro de tanta incertidumbre; de mi infectólogo, el Dr. Martínez Chamorro, y del grupo de médicos y enfermeras del Hospital de Día del Clínico.
 
Hoy por hoy, tengo mucho que vivir y también sé que mi vida cambió de una forma u otra. En manos de mis médicos la confío y en mi decisión de cuidar más de este preciado tesoro llamado vida.
 
Por cierto, estas tres doctoras se llaman: Dra. Nancy Gutiérrez, Dra. Noris Barrios y Dr. Flor.
 
Gracias por haberme regalado la vida de nuevo.

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