No tengo fuerzas para seguir

Zombie

Estoy a cuatro meses de cumplir dos años del diagnóstico [del VIH], y no exagero al decir que han sido los peores de mi vida.

Ya no existen los días buenos para mí, todos los días son muy malos, malos y de repente regulares. He asistido a un grupo de apoyo, he ido al psicólogo, hasta a grupos de AA [Alcohólicos Anónimos], pero no logro mejorar.

Yo llegué a fase de sida, a tal grado que después de más de un año de tratamiento, mi carga viral ya es indetectable, pero mis CD4 apenas son de 121, cosa que me preocupa demasiado. No le temo a la muerte, porque ya estoy muerto en vida, le tengo miedo a la agonía de morir por una enfermedad oportunista. Mis ganas de vivir desaparecieron, me siento tan devaluado, es un dolor en el alma que no se va, desde que abro los ojos hasta que los cierro, es ese sentimiento desagradable.

Creo que gran parte de estar así, más que por el diagnóstico, es por cómo me siento como ser humano. La gente habla de las personas con el VIH como homosexuales, drogadictos y promiscuos, y sí, yo fui todo eso. Muchos años de mi vida me drogué y tuve relaciones sin protección y recibí la noticia [de que tenía el VIH] después de tres años de cambio, cuando ya era una persona sana. Hacía ejercicio, tenía un novio a quien amaba. Dejé las drogas, disminuí mi consumo de alcohol, pero el virus ya estaba ahí sin que yo lo supiera. Y ese es el punto, saber que lo que tengo yo me lo busqué, eso es lo que más duele.

Sentirme un estereotipo, “puto”, “drogadicto” y “sidoso”. Ya no le encuentro sentido a la vida, y claro que he pensado en el suicidio, pero mi mamá me detiene. Mi cerebro no me deja en paz, no logro concentrarme, tengo varios amigos con el virus y no los veo como yo. No sé si porque cuando recibí la noticia ya estaba en depresión, ya que había terminado con mi pareja, pero ha sido un golpe tan duro que me mantiene en la lona.

Aunque todos estamos afectados en mayor o menor medida, hay tantas cosas que quisiera escribir, pero creo que lo principal ahí está. Gracias por leerme. Y a todos los que se sientan como yo, les mando muchas bendiciones, que esa fuerza que necesitamos para seguir, la encontremos pronto.

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