No podemos cambiar el pasado, pero sí podemos comenzar a vivir un mejor presente

José

Todo comenzó hace más de un año, cuando empecé a notar que me sentía un poco débil y bajo de energía. Pensé que era porque trabaja, bebía, estudiaba, iba al gimnasio… hacía tantas cosas que no dejaba que mi cuerpo descansara. Sin embargo una mañana me desperté decidido a hacerme el examen en un laboratorio de VIH y sin pensarlo fui y lo hice.

Estaba muy nervioso porque no sabía a quién preguntarle dónde hacérmelo o sentía que todas las personas que se encontraban en la sala medica me veían, pero solo estaba en mi mente. Luego de conseguir el lugar, esperé mi turno y al lado de mí estaba una señora que me preguntó: "¿Por qué tienes esa cara?". Le respondí: "Me siento un poco triste porque hoy puede que mi vida cambie, puede que hoy me dicten una sentencia interminable". Ella me miró y me dijo: "¿Vienes a hacerte un examen de VIH? Es normal, tengo un sobrino que tiene VIH y ha vivido muchos años con su nueva condición de vida. Todo está en la cabeza, relájate y no pienses en eso".

Llegó mi turno y me hice la prueba. Al salir me dijeron que pasara por los resultados en la tarde y me despedí de la señora. Fui a mi casa y no tenía ganas de comer, solo pensaba en todas las cosas que había hecho en mi vida, en lo difícil que es vivir en una sociedad donde te señalan y discriminan por cualquier cosa, no quería encontrarme en esa situación.

Pasaron las horas y fui al laboratorio. Allí estaba la señora, sentada en una silla cerca de donde se retiran los resultados. Me puse a conversar con ella e intercambiamos los números mientras esperaba mis resultados. Al fin me los entregaron y dio Negativo. Estaba muy contento y salí de allí dándole gracias a dios por todas y cada una de las oportunidades que me ha dado.

A los minutos me llama un número desconocido y me dicen que es del laboratorio, indicándome que es posible el resultado no sea el correcto y que le pidieron mi número a la señora para contactarme, que si quería podía volverme a hacer el examen en otro laboratorio. Angustiado pensé: "No quiero hacérmelo de nuevo".

Pasaron los días y me decidí ir a otro laboratorio, en otra ciudad cercana a la universidad donde fui. Me lo hice y me dijeron que pasara en 2 días. Pasaron 2 días y cuando la bionalista me vio llegar y me dijo que pasara a una especie de habitación y me comenta que salió VIH+. También me dijo que debía hacerme la prueba Western blot, porque solo ese test me daría plena seguridad de si era o no cierto.

Me realizó una orden médica para hacerme ese análisis en otro laboratorio y a los días fui. Me dijeron que los resultados estarían listos en 1 semana. Creo que fue una de las semanas más largas de mi vida… no comía, no dormía, no prestaba atención a las clases… solo quería que me dieran respuesta al examen. Llegó el día y fui al laboratorio. Me dijeron que había salido VIH+.

Me quedé sin habla y simplemente le di las gracias y me fui. Me senté solo a llorar en un pasillo cercano y a pensar en que mi vida había terminado, que ya no tendría mas sentido continuar con ella.

Fueron largos días de pensar en qué había hecho o por qué me habría sucedido esto a mí, con solo 22 años de edad, una vida por delante y ahora con una condición discriminada por muchas personas que la desconocían. Así pues, indagué en foros hasta que encontré el número de un infectólogo cercano a donde yo vivo. Fui y lo que hice fue llorar y llorar. Él me pidió que me calmara, que la vida continuaba y que solo yo tenía el poder de seguir con vida los años que quisiera.

Me dio mucha esperanza y me alivió un poco. Me mandó a hacer muchos exámenes para descartar otras enfermedades y yo asustado no quería hacérmelas. Sin embargo acabé haciéndolas y todo salió bien, a excepción del recuento de CD4, que estaba en 180. No sabía qué era eso y el médico me dijo que los tenía muy bajos y que debíamos subirlos un poco. Sin darme mayor preocupación, me mandó unos medicamentos y unas vitaminas para aumentar un poco las defensas hasta tener el resto de los resultados y saber qué tratamiento me podía caer bien de acuerdo a mis resultados.

Con resultados en mano el médico me dijo qué tratamiento debía tomar y a dónde debía ir, que podía conversar con él las veces que quisiera y me sintiera solo. Que no pensara que el mundo se iba a acabar, porque siempre habrá esperanzas para continuar.

Luego de unos meses de haberme enterado de mi nueva condición de vida fue que me aprobaron el tratamiento que me indicó el médico y lo llamé. Me dijo: "Ve a retirarlos, pero guarda reservas, aún no los comiences a tomar". No entendía porque, pero así hice.

Tres meses después comencé y tenía varios frascos en mi casa, los efectos secundarios me derrumbaron. Empecé a tener náuseas, mareos y deliraba. No encontraba qué hacer y pensaba lo que hacía era llorar. A la semana fui de nuevo al médico y me dijo que era normal, que no los dejara y que siguiera. Con el tiempo los efectos secundarios empezaron a desvanecerse, podía dormir más tranquilo y poco a poco empezó a mejorar mi estado de ánimo.

Ya llevo 8 meses de tratamiento, de dormir en los hospitales haciendo colas para poder tener un número ya que solo lo entregan a los primeros 50, de trasnocharme y escaparme de mi casa sin decir a donde voy. Quizás todo esto me ha hecho reflexionar y valorar cada momento que vivo y sonreírle a la vida pensando que aún es cuando queda esperanza y ganas de ser quien quiera ser.

Sin dejar a un lado el hecho de que mi vida ha cambiado, que pienso de manera un poco más consciente y distinta, he aprendido que la vida es una sola y que a veces nos toca pasar por ciertas situaciones que nos enseñen a valorarla y apreciarla más. Es por eso que debemos actuar con conciencia y pensar en que no podemos cambiar el pasado pero sí podemos comenzar a vivir un mejor presente para tener un futuro distinto y lleno de vida.

Saludos desde Venezuela.

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