Testimonio: No hay razón para quedarse atrás

Andrea

Tengo 40 años y actualmente me queda por terminar la carrera de Administración de Empresas. Soy policía en mi país desde hace 17 años. Contraje matrimonio en 1996, el mismo año en que me transmitieron el VIH.

El hombre con el que me casé estaba enfermo y jamás me informó de su estado. Resistí con valentía por el inmenso amor que sentía hacia él; ese amor fue acompañado de su promesa de que siempre estaría conmigo, de que nunca me dejaría sola. Pero desde hace año y medio él tiene otra pareja y me ha relegado a un segundo plano: ella ocupa por completo su espacio y su vida.
 
Hoy me siento llena de tristeza, sola y defraudada por la persona a la que di mi vida y mi amor. A pesar de todo, lo único que deseo es acabar mi carrera universitaria y seguir con una maestría en Recursos Humanos. Y si Dios me da vida, ascender de posición dentro de mi corporación policial. Quiero demostrar al mundo y a mí misma que estar enferma no es razón para quedarme atrás.
 
En el plano sentimental no tengo muchas esperanzas, pues no creo que pueda estar con otra persona que no sepa que estoy enferma, y si lo sabe, que me acepte tal cual soy. Pero, sobre todo, no podría hacerle a otro el daño que me hicieron a mí.
 
Que sea lo que Dios quiera…

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