Nada es imposible y este todavía no es el final

JF

Comencé mi vida sexual a muy temprana edad. Empecé a tener relaciones sexuales con hombres a mis 12 años. Llevaba una vida sexual con desconocidos irresponsablemente. No fueron uno o dos, fueron varios, y lo peor de todo fue que no me protegía. No sé en qué pensaba.

Durante el tiempo de mi transcurso de los 16 a los 17 años tuve una mala experiencia. Un día comencé a sentirme débil, con fiebre y nauseas… incluso llegué al punto de desmayarme y no recordaba nada hasta que llegué al hospital.

Mientras estuve en el hospital me siguió pasando. Estuve hospitalizado en cuidado intensivo 2 o 3 semanas y nunca me encontraron qué tenía. Supuestamente podía ser dengue. Sin embargo, yo me esperaba otra cosa, pero por muchas barreras no podía decirles que me hicieran la prueba del VIH. Con las experiencias que ya había tenido, me lo esperaba. Después de ese lapso, salí del hospital sin que me diagnosticaran qué tenía.

Con el tiempo, decidí hacerme la prueba del VIH pero por mi edad temía que no me la realizaran. Así que espere a cumplir 18 años. Al mes de haber cumplido mis 18 años fui a un centro de jóvenes que atienden las enfermedades de transmisión sexual. Fui solo, muy ansioso, me hice la prueba y en tan solo 15 minutos me dieron la respuesta, que era probable que tuviera VIH.

Después me mandaron hacer la prueba de sangre para comprobar que era cierto y la prueba llegaba en una semana. Fue la semana más larga de mi vida, no tenía con quién hablar y me imaginaba muchas cosas. Llegó el gran día de los resultados y finalmente, en noviembre, me diagnosticaron de VIH. Sabrá Dios desde cuándo lo tenía. La noticia fue una bomba, y más porque no tenía a nadie a mi lado con quien hablar. Me tragaba mis lágrimas.

Fue un proceso duro, ya que para poder entrar en tratamiento tenía que hablar con mis padres para poder usar mi plan médico porque tarde o temprano se iban a enterar. Lo más duro fue ver la cara de mi madre, me rompió el corazón.

Después de unos meses todo empezó a caer en su lugar. Mi madre está mucho mejor y hasta nuestra relación hoy día es más fuerte.

Después de dos meses de diagnosticado empecé mi tratamiento, una pastilla diaria, que ha sido un éxito.

Hoy día tengo una carga viral indetectable y estoy muy saludable. Desde muy temprana edad pensaba que yo estaba exento de muchas cosas… pensaba que a mí no me podían pasar por mi gran ego. Pero las experiencias me chocaron duro, y me hicieron bajar de esa nube.

Realmente no es fácil vivir en una sociedad en la cual se ha informado mal acerca de la enfermedad y existe mucho prejuicio, pero hay que vivir y tratar de hacer el cambio.

Hoy día todavía tengo 18 años, estoy en mi primer año de universidad y seguiré luchando por mi bienestar y por mi familia. Nada es imposible, y este todavía no es el final.

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