La moneda tiene dos caras

Anónimo

Hola, soy de México y tengo 21 años. Actualmente estudio una ingeniería en la universidad. El año pasado salí reactivo en una prueba rápida del VIH y, aunque después hice los confirmatorios, desde ese momento no me quedaban dudas, ya que tuve una relación que siempre estuvo llena de mentiras.

Agradezco a cada uno de los médicos y psicólogos que estuvieron hasta el inicio de mi tratamiento. Al principio todo fue el saber que tenía que tomar una pastilla por el resto de mis días y mi vida no cambiaría. Después de 3 meses de tratamiento mis análisis dieron no detectable y siguen así.

Hasta el momento no he tenido complicaciones, sólo las tuve los 3 primeros días con algunos mareos intensos. Sé que hay muchas variables que pueden salir mal, pero siempre he creído que hay que vivir un día a la vez y el futuro se traza con cada una de tus acciones.

He leído muchos testimonios en los cuales al final el problema es el estigma, ¿pero a quién le importa tu vida más que a ti? Suena fácil, pero en la práctica no lo es. Hace unas semanas que he estado conociendo a un chico y todo iba bien, hasta que se enteró de quién fue mi ex (ya muchas personas saben que él tiene el VIH, pero sólo mis amigos que no saben su condición conocen que tuve una relación con él) su cara fue de espanto. En algún momento él tendría que saber mi situación, pero cuando empiezas a conocer a alguien no es la mejor carta de presentación.

Desde que supe sobre mi condición, no tenía muchos problemas en sobrellevar las mentiras con mis amigos y familia, hacer que todo estaba bien, pero NO LO ESTA. Desde el semestre anterior mis calificaciones bajaron, esta pinta igual y mi estado de ánimo cambia cuando cruzo la puerta de mi cuarto y me encuentro solo. Por un momento sentía felicidad cuando alguien me abrazaba por las noches, pero ahora no sé cómo sobrellevar las mentiras y el cruzar esa puerta sin cometer una estupidez que sólo causaría dolor a las personas que sé que les importo.

Me duele llevar una vida de mentiras. Mis padres ni siquiera saben que soy gay y me convertí en el estereotipo que ellos tienen sobre serlo. En mi carrera sólo hay que encontrar el método apropiado para resolver un problema, pero en mi vida no encuentro el método que me llene de motivaciones para seguir con mi vida, dentro de mi habitación y fuera de ella.

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