Mi novela, casi película, después de mi diagnóstico

Javier

Hoy me llamaré Javier, soy de Colombia. Todo sucedió porque mi pareja [masculina] se encontraba enferma y no mejoraba, llegando al punto de que tuvo una neumonía y estuvo hospitalizada unos meses.

Cuando lo visité en la clínica, rodeado de su familia, me contó sobre su diagnóstico y sentí como una bala que atravesaba mi pecho. Quedé en shock y lo primero que hice fue salir y llamar a mi hermana. Ella y yo entramos en llanto y no sabíamos qué hacer. Ese día mi vida se partió en dos.

Al día siguiente no pude hacerme el examen, puesto que tenía un viaje de trabajo. Ese día no hablaba, estaba desconectado de la órbita y mi mente solo pensaba en la palabra más temida por mí: VIH. Ese día hablé con mi mejor amiga y necesitaba vomitar ese sentimiento que tenía. Ese día sentí tanto odio pues fue mi primera pareja oficialmente y ser infectado por él… Me sentí vulnerado.

Hablando con mi amiga, le conté que mi pareja tenía el VIH y ella quedó muda y empezó a llorar. Yo solo le decía, ya regreso a mi ciudad y quiero que se caiga ese avión. Llegué a mi casa y pasaron dos días y mi mamá estaba preocupada por mi silencio. Hasta que el domingo le dije que mi pareja tenía sida. Nunca había visto llorar tanto a mi mamá, era un llanto profundo como cuando uno siente que se muere un ser querido.

Mi mejor amiga supo de la situación y fue a mi casa con un médico y nos orientó y nos hizo ver que la vida no terminaba, aunque ese día yo estaba muerto en vida. El lunes siguiente me hice el examen y en el laboratorio, cuando me lo hacía, entré en llanto. Tenía miedo y psicosis porque, ya que me vieron llorar, el laboratorio haría que el examen fuera positivo…

Les dije “no me llamen, porque si me llaman me muero; yo voy a por el examen. Llegué a la entrega de los resultados de la prueba y no entendía: “Le dije: ¿no reactivo?”, y la enfermera me dijo “¡No, lee bien! ¡es reactivo, es positivo”. Entré a mi carro y entré en desespero. Llegué a mi casa y mi mamá, con la sola mirada mía, sabía que salió positivo.

Ese mismo día, a la tarde, fui al médico y me mandó hacerme la prueba confirmatoria; el resultado saldría en una semana. Todo esto sucedía mientras, en paralelo, mi pareja estaba hospitalizada y yo sin ganas de nada, porque pasaba por mi proceso. Llamaba a su familia para preguntar cómo estaba. No volví a visitarlo pues, aunque estaba sano, mi médico me decía que no visitara clínicas puesto que era un riesgo para mí.

Pasaron los días y empezó mi psicosis. Buzos encima, bufandas, no salía, esperando la confirmatoria, trabajaba con desaliento, lloraba todo el tiempo y sin poder decir nada a nadie. Después de salir la prueba confirmatoria positiva empezaron más y más exámenes. Cada vez que los revisaba era otro salto al vacío, con miedo de que fueran mal los resultados.

Pasaron 20 días y le conté todo a mi infectólogo, le dije que iba a iniciar el tratamiento. Estaba ansioso por empezarlo, pero le conté en la conversación que tuve un contacto muy cercano con tuberculosis y que los exámenes dieron negativo. El infectólogo al oír eso me hizo repetir todo y el esperado día se extendió otros 15 días más esperando. ¡Al fin! Todo negativo. Inicie el tratamiento, pero llegó algo peor: ¡los síntomas!

Mi infectólogo me decía que era el primero al que le pasa eso con el tratamiento. Siento que mi mente atrajo todos, todos los síntomas. Me brotó por todo el cuerpo, parecía como una quemadura de tercer grado. Estaba caliente, con mareos no podía manejar. Entré en depresión. Yo decía ¿qué me hace falta más?

No entiendo. Días en mi cama sin ganas de nada, de no sentir nada y con ganas de no querer vivir más. Ese día comprendí a las personas que se suicidaban: No había que juzgarlas. Porque sentí ganas de terminar con todo. Pero soy una persona que creo en Dios y él me ha acompañado y tener temor de él y dejar a mi familia sola no lo haría. 

Hacer de tripas corazón y seguir hablando con mi pareja, a ver cómo seguía. Después de que ya me normalicé, decidí hablar con él y ya fuera de la clínica decidí decirle que no quería continuar, mas no me siento capaz. A pesar de ello, hablamos con frecuencia, pero mi problema más importante era mi salud.

Ya han pasado seis meses después de esto y aún me siento estancado, pues el medicamento me ha hecho mal a las funciones hepáticas y mi infectólogo sigue diciendo que soy el primero al que le pasa con esto.

Esta semana iniciaré otro tratamiento que espero sea mejor para mi cuerpo. Siento que todo está en la mente. Espero no atraer nada y pensar en positivo.

Leer los comentarios de otros me ha hecho sentir que no estoy solo y me han dado el empuje de contarles mi historia. Espero seguir activo escribiendo y leyéndoles, porque hoy me dieron otra mirada de esta condición.

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