Mi historia con el VIH

Camilo

Mi nombre es Camilo, soy colombiano y hace un año recibí mi diagnóstico de VIH.

Siempre he sido una persona con buena salud, por eso al principio no le di tanta importancia a lo que me estaba pasando. Empecé a presentar diarreas constantes, pérdida de peso y una baja energía que no era normal en mí. Con el tiempo, también comenzaron a aparecer unas llagas dolorosas en el ano, lo cual ya me empezó a preocupar bastante.

Decidí ir al médico. Me revisaron y me formularon unas cremas. Regresé a casa y, por unos días, todo parecía estar mejorando. Sin embargo, a la semana los síntomas volvieron. Fue ahí cuando regresé nuevamente al médico y pedí que me hicieran exámenes más completos.

Tres días después recibí el primer resultado: VIH positivo. Fue durísimo. En ese momento sentí que todo se acababa, que era el fin de mi vida tal como la conocía. El miedo, la confusión y la tristeza llegaron de golpe. Pero después de ese impacto inicial, empecé a investigar, informarme y entender realmente qué era vivir con VIH.

Con el tiempo comprendí algo muy importante: sí se puede vivir bien teniendo VIH. Con tratamiento, información y acompañamiento, la vida continúa y puede ser plena.

Me diagnosticaron con VIH hace un año. Después del primer resultado, me hicieron otra prueba de confirmación. Una vez sale positiva, ahí comienza todo el proceso médico.

Te mandan a hacer muchísimos exámenes y te ingresan a un programa de VIH. Son exámenes de todo tipo, porque necesitan saber cómo están, en general, los niveles de tu cuerpo. Pero hay dos aspectos en los que se enfocan especialmente: la carga viral y los linfocitos CD4.

Los linfocitos CD4 son como tus soldados, los que defienden tu cuerpo, y el VIH es el virus que va atacándolos. En mi caso, la carga viral estaba bastante alta, alrededor de 17 000 copias por mililitro, y mis CD4 estaban muy bajos. Por eso me dijeron que ya estaba en una etapa avanzada. Aunque físicamente yo no estaba desnutrido ni extremadamente deteriorado, sí había adelgazado bastante.

Empecé el tratamiento antirretroviral y ahí fue donde todo empezó a cambiar. A los tres meses, la carga viral ya había bajado muchísimo, casi a niveles indetectables. Entre los cuatro y seis meses, ya estaba indetectable. Mis linfocitos CD4 comenzaron a subir y llegaron aproximadamente a 180. Cuando los CD4 pasan de 200, ya se sale del rango de mayor riesgo.

Con todo este proceso entendí algo muy importante: más que una tragedia, el VIH se convierte en una forma de vida. Uno puede vivir de manera normal, común y corriente, solo que con más conciencia y autocuidado.

Hoy sé que puedo:

  • Hacer ejercicio y ganar masa muscular
  • Alimentarme bien
  • Cuidar mi piel y mi cuerpo
  • Llevar una vida activa y saludable
  • Tener pareja e intimidad con responsabilidad

He tenido la oportunidad de tener pareja y siempre he sido claro desde el principio. Cuando una persona con VIH es indetectable, no transmite el virus. Además, existe la PrEP, que mi pareja puede tomar y que la protege en más de un 99%. Si a eso se le suma el uso del condón, el nivel de protección es altísimo.

Hoy me veo y me siento bien. Me cuido, tomo mi tratamiento juiciosamente, hago mis controles médicos y sigo adelante. Sí se puede vivir una vida plena y sana con VIH.

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