Mi herencia será un buen recuerdo

Nacho

Supe que era portador del VIH y de hepatitis en 1991, con 33 años. Me sentí condenado a morir, pero tuve que sacar fuerzas de flaqueza para decidir que no iba rendirme, así que empezó una lucha por la vida en lo que ha revelado ser la guerra de las mil batallas.

Desde la aparición de las primeras combinaciones retrovirales, en 1996, ando medicado y paso controles periódicos a nivel hospitalario y pronto empecé a tomar conocimiento de la enfermedad, adoptando un rol de paciente activo, que ha modificado mi relación con el estamento médico en favor de un dialogo y el consenso.

Reflexiones

Llevando mi propia vida a la máquina del tiempo, en un momento en que  quiero  hacer un balance de lo vivido, constato que, a cobijo de toda una sabiduría adquirida y madurez  manifiesta, la incertidumbre y la impermanencia, son los ejes de basculación de mi devenir.

Hijo menor de una familia, con dos hermanas y un hermano, espabilado, travieso y curioso que cursó sus años escolares hasta la Universidad sin problemas ni fracasos, veo alguien que pasó duros trances, se hizo navegante hasta llegarse a tierras lejanas y gentes con la avidez de los primeros descubridores.

Mis asuntos de salud han tomado protagonismo desde los 33 años, de tal forma que he incorporado mi muerte y todas las muertes como algo consustancial a la propia vida, asumiendo visiones menos trágicas propias del catolicismo culpabilizador.

He visto de cerca mi propia muerte, he tenido momentos de flaqueza en los que no deseaba seguir viviendo y lo he revertido a favor de una vida posible.

Las renuncias y  dificultades son muchas y cada vez de más peso, viviendo un día a día con muletas y silla de ruedas, un hígado cirrótico… pero aun así sigo con una gran sonrisa, un humor omnipresente y una cabeza fuerte, que es como el general de mi ejército de vida.

Soy recibido con sonrisas, recibo halagos mil, tengo innumerables amigos que me admiran, entrego mi energía a todos, doy y recibo cariño, soy bienvenido allá a donde vaya, tengo 6 sobrinos y soy triplemente tío-abuelo.

Pienso también que, con 55 años y 56 a la vuelta, son tantas y variadas mis experiencias, que es mucho lo que ya viví, solo recojo momentos y gentes muy seleccionadas y no tengo más tarea que cultivar la paciencia hasta la extinción de mi karma, con la tranquilidad de dejar en herencia un buen recuerdo

Amor para todos.

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