Mi familia y la de mi esposo me dieron la espalda

Laura

Me llamo Laura y me casé a los 21 años, mi esposo era militar. Cuando me casé nunca antes había tenido relaciones sexuales con nadie, porque siempre dije que solo tendría sexo con el hombre con el que me fuera a casar. Después de dos años de casada nació mi primer hijo. Después nacieron otras dos niñas.

Cuando cumplimos 8 años de casados, mi esposo comenzó a enfermar frecuentemente, le detectaron un tipo de colitis conocida como CUCI (Colitis Ulcerosa Crónica Indeterminada).

Él estuvo con esa enfermedad casi un año, después de ese año empezó con recaídas, pero todo hacia parecer que era por la enfermedad, pues las recaídas se manifestaban con diarreas y vómitos. Empezó a perder mucho peso, pero los doctores decían que era también por la enfermedad.

Hasta que a una doctora se le ocurrió hacerle las pruebas del VIH, y cuál fue nuestra sorpresa cuando la prueba dio positiva.

En aquellos momentos mi esposo ya estaba muy mal y constantemente lo internaban, pues había perdido mucho peso y sus defensas estaban muy bajas y cualquier virus lo atacaba.

Cuando él me dijo que es portador del VIH, sentí que el mundo se me venía encima, pues lo primero que pensaba era que mis hijos podrían estar infectados. Sin embargo, gracias a dios las pruebas de mis hijos dieron negativas. Lamentablemente yo no tuve la misma suerte.

A los pocos días mi esposo fue llevado a un hospital en la ciudad de México. Yo me fui a cuidarlo, pues ya no se podía valer por sí mismo. Primero me dijo que se había infectado en el hospital donde trabajaba, pero una semana antes de morir me confesó la verdad, que se había infectado con una prostituta.

No tengo palabras para explicar lo que sentí en aquellos momentos. Pero lo peor es que él declaró que no se había infectado en el hospital y, como siempre sucede, el bendito gobierno se aprovechó de eso para no pensionarlo como le hubiera correspondido. De nada sirvieron sus 20 años de servicio. Tengo una pensión de 6 mil pesos al mes (unos 260 Euros al cambio actual) y tengo 3 hijos pequeños. Mi familia y la de mi esposo me dieron la espalda.

Gracias a dios, mi carga viral en estos momentos es indetectable.
Sé que puedo trabajar y quiero hacerlo, pero en todas las fábricas hacen turno en la noche y el médico me dice que no me debo desvelar.

Y para rematar el ejército me obliga a permanecer sin pareja, porque si la tengo me quita la pensión.

Esta es mi vida, vida a la que mi esposo me condenó. Pero no me rindo, tengo muchos sueños que cumplir. Y la ilusión de ver crecer a mis hijos.

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