¡Los tiempos han cambiado!

Osvaldo

Constantemente leo acerca de lo duro que resulta para algunas personas el diagnostico de VIH. Por supuesto, no es lo mismo vivir completamente sano que con cualquier padecimiento y aquí explico que las causas más poderosas se encuentran principalmente en la información que tenemos en nuestra cabeza y no precisamente en los diagnósticos médicos. A lo largo de algunos años me he topado con el fallecimiento de 3 personas cercanas y algunas otras que en común tenían VIH. Eso me hizo vivir un tiempo con temor, preguntándome si yo sería el siguiente, haciendo mi vida insegura y temporalmente infeliz.

Sin embargo, analizando los casos me encuentro con que ninguno de ellos murió por causa del VIH sino por una serie de miedos y mitos que considero muy necesario que se queden en el pasado y que representan un mal social que pueden matar a personas tanto sanas como enfermas. Yo estuve a punto de caer en la misma trampa, por fortuna pude entender la causa de esas lamentables pérdidas.

Tristemente aún muchas personas satanizan lo nuevo, le tienen pánico, incluso cuando afecta a personas que viven bajo su mismo techo y a las que dicen amar. Sin embargo, cuando estás del otro lado, cuando miras las cosas desde otra perspectiva, cuando eres tú mismo el protagonista de una historia que para el resto de las personas es profundamente inaceptable o de desgracia, corres el riesgo de que tu vida vaya en declive o que aprendas a levantarte ante las adversidades. Te enfrentas a ti mismo y ese es el gran riesgo: "Ser vencido por ti mismo".

He aprendido que el 90% de vivir bien es cuestión de actitud y el 10% restante, al tratamiento médico. De entrada pase lo que pase debes tomar el hábito de no interrumpir tu tratamiento y cumplir lo mejor posible con los horarios establecidos, te acostumbras y al poco tiempo te das cuenta de que tu vida y el mundo continúan fluyendo. El verdadero problema que padece la mayoría de las personas (incluidas las que no tienen VIH) en general habita en sus propias mentes.

Llevo viviendo 5 años con VIH y me siento con el compromiso de compartir lo que he aprendido con ustedes para contribuir a que estas situaciones disminuyan pues mi estado de salud indica que tendré una larga y buena calidad de vida.

Para comenzar, les daré una breve historia de esas 3 personas que ya no están con nosotros, en honor a ellos, por lo que me enseñaron y por el dolor que me causó sus pérdidas les comparto esto pues estoy plenamente convencido que de haber estado mejor informadas probablemente aún conservarían su vida.

Caso 1: Ignorancia. Ignacio tenía 27 años cuando murió, aun cuando tuvo una detección temprana y el tratamiento adecuado sufrió rechazos provocados por ignorancia propia y de personas cercanas, incluyendo sus padres y hermanos. Estos lo juzgaron y lo apartaron de sus vidas por temor a infectarse, aun sabiéndose que eso era imposible. No le permitían utilizar el mismo baño, mucho menos utilizar los mismos utensilios para comer. Este trato destrozó su autoestima de raíz y lo aceptó como su realidad, se aisló de todo y de todos, cayendo en una profunda depresión. Un día decidió beber el suficiente alcohol como para acabar con su vida y lo logró, la causa médica: una congestión alcohólica.

Caso 2: Evasión de la realidad. Silvestre vivió rodeado de abundancia, vivió en una colonia envidiable y viajaba constantemente fuera del país por trabajo y placer. Fue diagnosticado y tomaba tratamiento, creo que su lucha interna (derivada de la falta de aceptación) lo llevó a consumir drogas que cada vez eran más potentes. Como era de esperar, un día su corazón falló por el exceso uso de drogas y le dio un infarto a sus 43 años.

Caso 3 y muy reciente: Miedo. Omar fue una persona muy importante y querida en un momento de mi vida. Él ni siquiera tuvo el valor de enfrentar la situación. Aparentaba tener una vida plena, tenía un título, un auto nuevo y un trabajo estable bien pagado a sus apenas 28 años. Entiendo que sospechaba que era portador del VIH. El miedo lo paralizó y no se atrevió a enfrentar la situación. Hace unas semanas comenzó a tener fiebre casi a diario y aun así no fue al médico por temor a lo que le fueran a diagnosticar. Los que lo conocíamos dejamos de verlo y suponíamos que estaba trabajando en algo importante pues no atendía ni las llamadas. Alguien muy cercano lo vio tan mal que con engaños lo convenció para llevarlo al hospital y enseguida fue internado, pero era demasiado tarde. Le diagnosticaron una infección interna que le llegó al cerebro, además de que la infección por VIH había llegado a fase de sida. De haberse tratado a tiempo, lo hubiera superado sin problemas.

Podría seguir escribiendo causas de otros fallecimientos en personas que vivían con VIH como aquella persona que tras ser diagnosticada se arrojó a las vías del metro ese mismo día… Pero prefiero compartir las que viví de manera cercana. A fin de cuentas, el origen de todas esas muertes fue el mismo: Nuestros pensamientos mal enfocados.

Si te diagnosticaron VIH es normal tener miedo, pero las consecuencias de no enfrentarlo te pueden llevar a la muerte en poco tiempo.

Cuando me diagnosticaron VIH acompañado de algunas enfermedades oportunistas llegué a pensar que era el final de todo para mí. El tiempo, la fe y la esperanza me demostraron que estaba muy equivocado. Al tomar mi tratamiento y cuidar mis buenos hábitos entendí que había recuperado mi vida y hoy me siento mejor que nunca.

Ya no vivimos en los años 80’s donde murieron millones de personas a causa del sida. Vivimos una nueva época donde esto es totalmente controlable y es posible tener una vida feliz y plena.

La aceptación es algo que no resulta fácil, pero es muy necesaria si deseamos seguir disfrutando de este hermoso mundo. Es muy importante luchar contra la ignorancia. Acabemos de una vez por todas con la discriminación y la intolerancia, enfrentemos nuestros miedos y actuemos con responsabilidad, amor y respeto sobre todo hacia nosotros mismos.

Hay personas que se van, pero por alguna razón tú sigues aquí y tienes la gran oportunidad de hacer realidad todos tus sueños.

Sonríe a las personas incluyendo a la que ves en el espejo, todos necesitamos cápsulas de felicidad todos los días, el mismo destino se encargará de recompensártelo.

Espero haber aportado algo importante y si llegaste hasta éste párrafo confío en que así será.

¡¡Bienvenido al primer día del resto de tu fabulosa vida!!

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