Relato: Los ojos de Lola

Esperanza Monjas Sierra, "Anchi"

Era una tarde de invierno cuando Lola, acudió a la consulta de aquel doctor, acompañada de su hermana; nunca imaginó que aquella tarde gris y lluviosa, cambiaría su vida para siempre.

Era joven, llena de inquietudes y proyectos, pero aquel señor con bata blanca, al que ni tan siquiera conocía le dio la noticia: "tienes sida". No pudo mirarla a los ojos. Los ojos de Lola eran del color de la miel, tenía unos ojos expresivos llenos de vida, que aquel doctor empañó; las lágrimas caían sobre sus mejillas, y un silencio absoluto inundó aquella habitación.

Cuando Lola salió de aquel lugar, su existencia se llenó de miedos e incertidumbres.

Cada mañana, al despertar, se preguntaba, si éste sería su último día, así transcurrieron muchos años en los que nunca paró de buscar junto a su hermana una panacea, que la devolviera la alegría.

Aquella panacea existía, pero Lola aún no sabía donde ni como encontrarla. Una mañana como tantas otras, un rayito de luz fue entrando poco a poco en su vida, y lo descubrió en la mirada dulce y llena de esperanza de un niño al que la guerra le había arrebatado todo.

Fue uno de esos segundos mágicos que te ofrece la vida inesperadamente. Encendido estaba el televisor y la escena fue tan impactante para ella que pareció que aquellos ojitos grandes que pedían auxilio, eran los suyos propios.

La maldita guerra en aquel lejano país dejó miles de huérfanos ausentes de esperanza,"su niño", su salvador, no tenía más compañía y consuelo que su propia existencia; su familia había desaparecido y sus bracitos mutilados no eran mas que el recuerdo de lo que fueron un día. Pero aún así "su niño", su salvador, sonreía a las miles de personas que en diferentes lugares del planeta estaban pensado en él, e intentando crear un mundo en paz, para que su proyecto de futuro pudiera ser una realidad.

Lola no estaba sola, había millones de ojos como los suyos, y pensó que nada ni nadie tiene el poder de dictar una sentencia, que siempre hay un motivo, una ilusión, un sueño que nos ayuda a amanecer.

Esa mañana cuando Lola se miró al espejo, descubrió que aquellos ojos de color miel, estaban rodeados de pequeñas arrugas que le parecieron muy hermosas, pues había pasado mucho tiempo desde aquella visita al Sr.. Doctor, estas arruguitas delataban que había vencido al miedo.

Desde aquel día, Lola, hoy una mujer madura, que ha aprendido a vivir con su enemigo, y que nunca se rindió, vuelve a tener proyectos e inquietudes.
Entonces Lola recordó lo que hace años le deseó su hermana: "Que esa mirada color de caramelo no desaparezca nunca de tus ojos".

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