Jamás pensé que el VIH estaría tan cerca de mi vida

A.

Tengo 39 años y soy gay, pero seguramente me salgo del estereotipo. En mi vida solo he tenido dos parejas y ambas de larga duración. Con la primera duré 11 años y con la segunda de momento llevo 5 (y 4 de casados). Mis relaciones son tan intensas que no doy cabida a ser infiel. Cuando me enamoro así es, jamás pensé que el VIH estaría tan cerca de mi vida.

Estaba tremendamente enamorado y practicaba sexo sin protección pues pensaba que éramos una pareja cerrada. Sin embargo, no era así. Hace poco una persona me localizó a través de una red social, y me comunicó que mi pareja estaba con otras personas, que debía hacerme las pruebas. No salía de mi asombro, me facilitó todo tipo de datos y pruebas. Me quería morir.

Le preparé una encerrona y ya no tenía excusa, después de tres agonizantes días de hablar me dijo que realmente me quería y que no sabía por qué lo había hecho. Me prometió que no volvería a pasar, que estaba tremendamente arrepentido y que quería estar el resto de su vida conmigo y borrar el pasado.

Contactaba a través de una página o bien una aplicación, como hacen muchos otros. Jamás vio el peligro. La gente no se corta y hace cualquier cosa a pesar de todo el conocimiento que hay hoy día sobre estos temas.

El tema es que nos hicimos las pruebas, él llevaba como ocho meses o nueve quedando con gente y le salió positivo. No podía creerlo, fue un mazazo tremendo para los dos. A mí me ha dado negativo de momento, pero estoy en lo que se llama el periodo ventana y creo que es altamente probable que tenga VIH.

Mi vida cambió de vivir un "cuento de hadas" a ser una terrible pesadilla de la que me gustaría despertar. Ahora tienen que pasar seis angustiosos meses.

Hay arrepentimientos que no cambian nada. No culpo a la vida, sino a la mentira, a la traición de la gente. No estoy con odio, sino que si todos fuésemos un poquito mejor nos haríamos entre todos la vida más fácil.

Si doy positivo pues lucharé, haré todo lo posible por ser feliz, porque una cosa sí que he aprendido de toda ésta historia: a valorar cada día, cada experiencia y que la vida es demasiado bella como para perder el tiempo con preocupaciones y no disfrutar de cada instante que nos da. Cuando nos hemos dado cuenta ya ha pasado de largo y ahí otra vez de nada vale el arrepentimiento

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