Ingenuidad robada por decisiones mal tomadas

Anónimo

Hola, quisiera empezar dando las gracias a este sitio web por permitirnos contar nuestras historias de vida, es muy agradable saber que hay personas que nos leen y apoyan. Soy un joven de 29 años, profesional, dedicado, hogareño y alegre, con sus defectos y virtudes como todos. Quiero exponer mi caso porque leí varios en este medio que me impactaron y me sentía identificado y también me sirvieron de ayuda e inspiración para tomar el valor y revelar mi historia.

No quisiera alargarme mucho en escribir tanto pero creo que es necesario hacerlo para que me den su punto de vista.

En primer lugar, tuve una infancia normal hasta que, a mis 9 años, un empleado de mi papá me estuvo violando durante más de un año. Crecí con ese miedo, al no saber cuál era mi verdadera orientación sexual, ocasionándome conflictos internos conmigo mismo y una lucha diaria, dominando todos los ámbitos de mi vida (y aun en la actualidad existen secuelas).

A los 18 años comencé a estudiar mi ingeniería y a trabajar como docente en varias instituciones educativas por mis logros académicos. También se me presentó el amor de una persona mayor que yo, que me enseñó el mundo gay y, por qué no decirlo, el mundo exterior del cual no tenía conocimiento, porque como diríamos en mi país era un nerd. No sabía de la vida, no tenía malicia…

Me entregué a él completamente, alejándome de mi familia poco a poco sin pensarlo y cuando pensé que todo era bello y hermoso, me dijo que ya no me amaba. Llevábamos ya 9 años de relación con altos y bajos, pero jamás imaginé eso.

También invertí en negocios donde gaste mis ahorros sin obtener ganancia alguna y, lo peor de todo, a los 3 meses de la ruptura mi mamá murió (ella era mi amiga y lo que más amaba en la vida).

Entenderán que me deprimí totalmente y comencé a bajar de peso paulatinamente, opté por irme de mi país y alejarme de todo lo que me hacía sentir mal y triste.

Decidí irme a Londres, donde conocí a un nuevo chico que me dio esperanzas de volver amar y ser feliz, pero la tristeza de mi madre y de mi relación de 9 años aún estaban latentes y seguía bajando de peso, creyendo firmemente que era mi depresión porque los síntomas son muy parecidos.

Viví un año y medio fuera de mi país y la relación que tenía en Reino Unido no funcionó, con los meses se hizo tóxica y aguanté mucho, hasta ver cómo se acostaba con otras personas en mis narices y me amenazaba de muerte (sufrí mucho porque lo permití).

Hasta que el amor de DIOS me fortaleció, tome las riendas de mi vida y decidí valorarme, respetarme y llevar a cabo las decisiones correctas, como la de volver a mi tierra. 

Yo ya había notado mi deterioro físico y mi familia igual por medio de fotos, pero estaba cegado totalmente y seguía creyendo que era mi depresión, aunque en el fondo siempre me quedaron dudas de mis exparejas debido sus infidelidades y pensaba que tenía esa ¨enfermedad¨, porque así le decía en ese entonces, refiriéndome a esta despectivamente, debido a mi completa ignorancia del tema.

Llegando ya a mi país tomé la decisión de hacerme los exámenes respectivos, incluyendo el del VIH. Gracias a Dios tengo muy buenos amigos, una en especial que me acompañó a ver los resultados de los exámenes que con tanto temor me hice y, como habrán supuesto, salí positivo. Fue una noticia que cambio mi vida por completo, ya tengo un mes y medio que me enteré y comencé mi tratamiento y estoy esperando los CD4 y los diferentes tipos de exámenes que me mandaron para un diagnóstico más preciso. Fue duro enterarme, pero creo que la vida ya me había preparado para tal acontecimiento y me fortaleció.

Mis hermanos y papá saben de mi padecimiento al igual que una parte de familia y amigos más cercanos que me dieron muchas fuerzas para llevar esta enfermedad con fe. En fin lo que me llevo a compartir esta historia es que ahora con las dos únicas personas que no me cuidé en mi vida (una durante 9 años y otra durante 8 meses) a ninguno de ellos le sale positivo.

Y no me importa cuál de los dos fue, no guardo rencor, odio o cualquier tipo de mala vibra que perjudique mi vida y mi tratamiento, porque cuando les avisé a ninguno le importó porque según ellos no portan el virus.

Entonces decidí seguir con mi vida y luchar. Sí, cuesta, no lo niego. A veces es difícil aceptarlo pero si te quiebras y dejas que tu mente te maneje o domine, ten por seguro que la enfermedad será más fuerte de lo que crees y ella ganará la batalla.

Hay muchos avances a favor de la cura de esta enfermedad, pero lo más importante es mantener la fe. Yo no pertenezco a ninguna religión, pero creo en la fuerza de Dios y sé que él me mantiene y mantuvo en pie durante estos dos años de calamidad que me llevaron a la depresión y ahora, sabiendo que soy portador del VIH, mucho más. Solo me queda orar y pedirle que esta nueva etapa en mi vida sea más llevadera, sana, en paz y en total felicidad, que al fin de todo es lo que cuenta.

Quisiera detallar más mi vida, pero después aburro. Espero que esta parte que les he contado sirva para alguien. Y es que de eso se trata la vida, hacer el bien sin mirar a quién.

Amor y fuerzas para todos, muchas bendiciones y jamás perdamos la fe.

Deja un comentario

Redes sociales

¿No quieres perderte nada?
Síguenos en todas las redes

Gilead
Janssen
MSD
ViiV
Gilead
Janssen
MSD
ViiV Healthcare
Abbvie
Abbvie
Abbvie
Abbvie
Gilead
MSD