Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora

Hugo

Tras años de intuir que era seropositivo, el pasado 5 de mayo decidí hacerme el test rápido de VIH. Recuerdo que, durante la espera, el técnico del colectivo donde me la hice me preguntó qué pensaba que daría y sin dudarlo le respondí: “Soy seropositivo”. Sobra decir que, a los pocos minutos, efectivamente mis dudas quedaron confirmadas.

El periplo desde entonces supongo que será el de muchos: Médico de cabecera, confirmación del positivo, especialista en centro hospitalario y analítica (Carga viral 35.000 copias, CD4 110 células), comienzo del tratamiento de inmediato y, con alguna pequeña incidencia, en tres meses “indetectable”.

Quizás lo maldito de la enfermedad no sean los parámetros médicos a los que te enfrentas con la mayor de las ignorancias: plaquetas, bilirrubina, creativa, TPHA, etc. Lo maldito de la enfermedad es en sí el estigma del propio nombre: SIDA. Que no alivia ni el más optimista de los diagnósticos: Carga Vírica Indetectable.

He de reconocer que con la misma inconsciencia con la que he vivido mi vida sexual en los últimos años he llevado mi periplo como seropositivo todos estos meses. No me refiero en cuanto a mi vida sexual, que ha cambiado y mucho, sino en la concienciación de lo que ser seropositivo implica en mi devenir. Y máxime cuando te propones llevarlo con el mayor de los secretos.

Enfrentarse al periplo médico, de análisis, diagnósticos, contra-análisis, algún que otro conato de ingreso hospitalario (abortado por el cómo lo explico)… no hace más que ponerte día a día frente a la más pura de las realidades: Tu vida ha sufrido un giro de 180 grados tras tu positivo. Y eso, ni el más ingenuo puede negarlo.

El silencio te hace dueño de tus miedos, pero te enloquece por minutos. Aun así, más de 6 meses después de mi positivo, siento la necesidad de la exclusividad del mayor mis secretos, que atesoro como el mayor de mis pasaportes a una vida sin estigmas.

No tengo miedo al mañana, solo me asusta el presente. Ese chico que quiere otro cine y cena, ese amante que pide volver a verte, ese conocido con el que has coincido en la sala de espera del especialista… Esa lengua blanca que anuncia ¿qué?, ese herpes labial con el que amaneciste ayer y se resiste a abandonarte hoy. Pero al fin y al cabo, ¡estás vivo!

Como dijo el poeta Antonio Machado: “Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora, y ahora, ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos: porque ayer no lo hicimos, porque mañana es tarde”.

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