Hay días buenos y días mejores

T.G.

Bueno, supongo que hay que comenzar por el inicio. Soy mexicano, tengo 37 años y soy positivo desde el 10 de mayo de 2014. Soy homosexual, diseñador gráfico y en general he tenido una vida linda, privilegiada en muchos aspectos. Mi familia es un gran apoyo, y lo ha sido siempre, jamás tuve carencias de ningún tipo, al contrario, soy afortunado en haber estado en escuelas privadas, siempre he tenido coche, he viajado, etc. Una vida muy feliz.

Sin embargo a raíz de que deje la casa familiar y me cambié de ciudad, comencé a vivir solo. La libertad y la independencia me desubicaron un poco, comencé a beber mucho… muchísimo, a tener sexo… muchísimo. Tuve pocas prácticas de riesgo, honestamente, pero sabemos que con una basta. Retomé un poco las riendas de mi vida y me hice más responsable, traté de beber menos y lo logré. Tuve 4 relaciones importantes, me enamoré, me amaron. Fue en mi última relación que me infecté, mi pareja era seropositivo.

Desde que lo conocí, él me dijo su condición y no me importó. Comenzamos una relación y nos protegíamos hasta que después yo estúpidamente por apoyarlo en momentos de depresión que tenía le dije que yo lo amaba tanto que no me importaba infectarme, que si quería podríamos dejar de usar condón. Así lo hicimos, al menos en unas 3 ocasiones, pero después lo pensamos mejor y volvimos a usar el preservativo.

Nuestra relación duró 4 años, hasta que no pudimos más. Él me era infiel, lo perdoné muchas veces, hasta que me cansé y dejé de amarlo. Decidimos que era mejor terminar. Eso fue hace 4 años y la depresión por haber fracasado en esa relación, me llevó a beber aún más que antes. Ya no tuve contactos sexuales de riesgo, incluso creo que casi no tenía sexo. Empecé a omitirlo de mi vida, pero mi vida se convirtió en un festín de excesos, demasiado alcohol y demasiada fiesta. Supongo yo que eso desencadenó en que mis defensas colapsaran en poco tiempo.

En abril de este año comencé a tener fiebres muy altas, sudores nocturnos, tos seca y a bajar mucho de peso. Acudí a varios doctores y me diagnosticaban infecciones de garganta, parásitos intestinales, anginas, etc. ¡Patrañas! Me armé de valor, me hice la prueba del VIH y salí positivo.

No me derrumbé ni nada, ya lo esperaba. Sabía que había estado en riesgo y por mis síntomas supuse que tenía neumonía, que estaba en una fase avanzada de la infección y que necesitaba hospitalizarme. Así lo hice, llegué al hospital y ya no me dejaron salir, mi neumonía estaba muy avanzada, y como ya tenía muchos problemas para respirar, mis pies se habían hinchado por el exceso de trabajo de mi corazón, que no podía mas tratando de llevar poco oxígeno a todo mi cuerpo. Estaba muriendo.

Tuvieron que intubarme. De urgencias pasé a terapia intensiva y cuando desperté después de 3 días, me hallaba en una cama desnudo con una bata de hospital, con un respirador en mi tráquea, un catéter en el cuello, electrodos distribuidos por todo el pecho, una conexión en la muñeca para tomar sangre de las arterias, una sonda en el pene… En fin, estaba lleno de cables, agujas y muchos aparatos monitoreando mi estado de salud. Mi habitación era cerrada y para entrar mi familia, doctores y enfermeras tenían que usar bata y cubrebocas. Durante la primer semana no mejoraba ni empeoraba y los cultivos tardaban demasiado para saber qué bacteria u hongo estaban alojados en mis pulmones, así que tuvieron que tomarme una muestra de médula y hacerme una biopsia de pulmón, Yo estuve consciente todo el tiempo, un poco atontado quizás, pero podía moverme y darme a entender, creí que iba a morir.

La biopsia arrojo los datos necesarios para tratar el Pneumocystis jirovecii, y comenzaron a medicarme para sanar. Y así fue, comencé a mejorar poco a poco. Estuve 4 semanas en terapia intensiva hasta que pudieron quitarme el respirador, y estuve una semana más en el hospital pero ya no en terapia intensiva. Me dieron de alta, perdí cerca de 30 kilos, estaba hecho un hueso, comencé la terapia antirretroviral y mi vida cambió. Entré al hospital con 1.150.000 copias del virus en mi cuerpo, un número altísimo, y mis CD4 eran de tan solo 24. A los dos meses del tratamiento ya había recuperado mi peso y mi carga viral bajó a 200.000 copias y mis CD4 subieron a 174.

Ahora sé que ni siquiera el sida es una sentencia de muerte. Yo ya estuve ahí y voy de regreso a ser seropositivo, no pienso abandonar jamás mi terapia antirretroviral. Efectos secundarios he tenido muy pocos, estoy con una pastilla al día y lo llevo bastante bien. Hay días buenos y días mejores, pero ocasionalmente un día como hoy me deprimo un poco, pero creo que el internet es una gran herramienta para conocer gente positiva y apoyarnos mutuamente.

Gracias por leerme, me encantará recibir comentarios y hacer nuevos amigos. Abrazo a todos.

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