A veces me siento fuerte como un roble y otras, débil como una telaraña

Fran

Hola, anoche no podía dormir y empecé a leer algunas historias con las que me identifiqué mucho. Soy un joven de República Dominicana, tengo 34 años de edad y hace dos que fui diagnosticado de la infección.

Recuerdo que me hice un examen de rutina y cuando me dieron la noticia no lo podía creer. Recuerdo que fue un día muy gris para mí porque solo pensaba en el final, pero aun así mantenía la esperanza de que todo se tratara de un error. En ciertos momentos llegue a pensar hasta en el suicidio porque aún no creía lo que me sucedía.

Por desgracia, en el lugar que me realicé la prueba todos me conocían y me sumergí en una profunda depresión hasta que se lo comuniqué a mi hermana y a mi tía, ya que no tengo padres. Fue muy duro para ellas escuchar eso porque soy el orgullo de mi familia: profesional, muy decidido a ayudar a los demás y muy independiente. Así que empecé a ir a consulta a otra ciudad porque soy muy conocido en la mía.

Recuerdo que en una ocasión me iban a operar y tuve que decirle al médico que no me mandara hacer tal prueba para no volver a pasar por lo mismo. Es algo que aún no he superado por completo porque quería mantenerlo en secreto, pero una enfermera cuando me canalizaba se pinchó con mi misma aguja y cuando el médico le comunicó que yo era seropositivo no quiero recordar el revuelo que se armó en la clínica.

Luego de un tiempo decidí comunicárselo a mi pareja, con mucho temor porque él era casado y tenía su familia. Se practicó la prueba en varias ocasiones y por suerte salió negativo y decidí alejarme de su vida para no dañarlo ni a él ni a su familia. Hoy somos grandes amigos y es la persona en la que más confío del mundo.

Tardé un año en empezar a tomar los retrovirales y recuerdo que fue muy difícil acostumbrarme a tomarlos pues nunca había padecido de nada.

Ahora tengo 34 años, y aprendí a vivir con menos temor y con más esperanzas de que algún día las cosas cambiarán para aquellos que vivimos con esta condición. Nunca me expliqué cómo me infecté en verdad porque me cuidaba, pero parece que se produjo un accidente.

Hoy soy un profesional, terminé mi maestría y estoy ejerciendo mi carrera. Aunque me pasan ciertos temores por la cabeza, trato de disiparlos ayudando en labores sociales y la iglesia en mi comunidad. Hay días en los que parezco ser tan fuerte como un roble y días en lo que parezco tan débil como una telaraña (en cuanto al ánimo), solo me preocupa cómo le diré a mi futura pareja que tengo esta condición.

De los medicamentos, decirles que los efectos secundarios fueron nulos en mí. Y mi organismo se adaptó muy fácil a ellos, luzco bien y nadie podría imaginarse que soy portador del VIH.

Así que he tenido buena actitud y hoy por hoy sé que esta enfermedad no es mortal, al menos para mí, porque sé que algún día llegara el momento que me pueda juntar con mi madre en el cielo, pero no por acusa de VIH.

Gracias por permitirme compartir mi historia con ustedes.

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