Esto no es el fin

Felipe

El 10 de septiembre de 2020 me hice un examen porque me enteré de que mi pareja era promiscua. Llevábamos 3 meses de relación y alguien me escribió para decirme que debía hacerme una prueba del VIH.

Yo en el fondo sabía que era muy probable que esa prueba saliera positiva, así que empecé a leer, empecé con todo el miedo del mundo a buscar fuentes fiables, y cuando ya sentí que sabía lo que necesitaba, fui a hacerme la prueba. En un par de días recibí una llamada donde decían que debía repetir la prueba y ahí supe que algo estaba mal.

Ya mi corazón sabía que era positivo. Fui a realizarme la prueba y me citaron para darme el resultado. Solo recuerdo que la médica me preguntó que por qué me hacía la prueba, que si tenía sospechas. Y le dije que sí señora y me dijo que, efectivamente, el resultado dio positivo [al VIH]. Bajé la cabeza y con lágrimas en los ojos le dije que ya lo sabía. Caminé un poco, por un momento no sabía dónde estaba. Pero apenas empezaba lo peor.

Inicié mi tratamiento con una pastilla diaria y de una u otra manera estaba muy motivado. Era una sola pastilla, ¡no era tan traumático!

Al cabo de un mes empecé a ver manchas en mi cuerpo, cara, manos, pecho. Era un sarpullido terrible. Tomé medicamentos contra la alergia, pero tuve que dejar el tratamiento. Estaba asustado y triste porque yo decidí hacer esto solo.

Al mes inicié un tratamiento nuevo que estaba seguro que me iría bien, pero a los 15 días mis ojos estaban amarillos, la piel sensible y las manchas volvieron a mí. Sí amigos era horrible. Verme así… No sabía qué decir, cómo explicárselo a mis amigos y a mis compañeros. Todos preguntaban que qué tenía y era [decirles] mentira tras mentira. Lloraba en las noches, en la cama, en el baño, en el autobús… Trabajo en el área de la salud, tengo 30 años y acá en Colombia ser VIH + es una condena.

Me suspendieron la medicación nuevamente e inicié otra. Ya no era una, ni dos pastillas, ahora eran 4. Era diciembre de 2020 y todo parecía ir bien, pero en marzo las manchas volvieron. Amigos, era algo terrible. En mi piel manchas oscuras ¡qué desespero! Me derivaron al dermatólogo y aún estoy en estudios. No sé a qué se debe todo esto, pero sea lo que sea voy a superarlo.

Amigos, ¡no lo he hablado ni contado a nadie! Afortunadamente mi carga viral se mantiene baja y eso hace que, pese a las manchas en la piel, no me vea desmejorado.

¡Esto se lo cuento para que vean que no están solo en esto! Algunos tenemos una batalla un poco más difícil que otros. Mi motivación es mi madre. No quiero verla sufrir y por eso sigo acá luchando. Amigo, si decides no contarlo, ánimo, también se puede. No es necesario ventilarlo. Solo lee mucho, pregunta, infórmate. Es la única forma de mantenerte animado. Yo canto, bailo, trabajo, estudio, viajo, me siento vivo. El virus es un huésped, pero la casa es mía ¡y yo mando acá! Si necesitan hablar con alguien, déjenme un mensaje por acá. Y ánimo, esto no es como mucha gente lo ve.

Saludos desde Colombia.

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