Los días con medicación se me acaban

Mario

Soy Mario, tengo 18 años y a la edad de 17 estuve expuesto por primera vez [al VIH]. Pasé por un periodo de vida en el cual, tal vez más de uno se reconozca, la salud sexual deja de ser una prioridad y fue esto lo que me consumió por más de un año.

A pesar de tener miedo de haber contraído alguna enfermedad, nunca me había importado lo suficiente como para decirle a mi pareja que se hiciera examinar, éramos jóvenes en ese entonces. A los 18 años cumplidos fui por mis propios medios a hacerme un examen del VIH y, como era de esperar, resultó positivo. Tengo el VIH.

La enfermedad destruye no solamente las defensas de los infectados, sino también la vida. ¿Saben lo que hice? Inicié la TARGA [terapia antirretroviral de gran actividad] en Perú el mes de enero, ya que, por cuestiones de reacciones alérgicas, tuve que suspender el tratamiento. Cada dificultad parecía tener una solución y la encontraba rápidamente a escondidas de mi familia. La ayuda de Dios estuvo tras todo esto.

[Tener VIH] no significó el fin de todo. Seguía siendo un muy buen estudiante en uno de los mejores colegios de mi país. Y fue eso lo que me ayudó a acceder a una beca en Corea del Sur. Evidentemente debí informarme mucho más acerca de los tratamientos disponibles para seropositivos en ese país en el que llevo desde hace una semana.

Mi error fue ir. Pensando que podía seguir un tratamiento [antirretroviral] con el seguro médico que ofrecía mi beca, viajé a Corea (y fui por un momento el orgullo de mis papás). Como es obvio fui con antirretrovirales, 75 pastillas aproximadamente. Una para cada día. Pero ahora sé que mi seguro no las cubre. Haber venido sin informar sobre esto para no perder la beca y no ser suficientemente adinerado para acceder al tratamiento ha sido como mi sentencia de muerte.

Cada día pierdo una pastilla más para sobrevivir, los días se acaban y ya he contactado a más de una organización para recibir apoyo, pero no puedo hacer nada ahora. Lo más fácil sería regresar a mi país y seguir el tratamiento que se ofrece de forma gratuita ¿verdad? Pero irme en un periodo menor de 90 días implica pagar todo lo que se ha invertido en mí y eso, en verdad, es mucho. Estoy entre la espada y la pared y solo quisiera que Dios vuelva a mí, me ayude como siempre hizo en todo sentido y pueda seguir estudiando la carrera que tanto amo, que es la de biología marina.

Mi estado emocional me baja las defensas cada vez más, las pastillas me levantan lo poco que me queda y el coronavirus reciente acecha todos los días mi Universidad escondido entre la gente.

Ya no sé qué hacer en verdad. Si entré aquí es porque creo que este es el fin de mi historia, y parece que no todos los errores tienen solución. No podré salir de esto. Solamente no quisiera morir lejos de mi familia. Yo les prometí a mis papás que los sacaría de su situación económica y que juntos todos saldríamos adelante, porque, aunque no lo sepan, yo confío en ellos y me siento en deuda. Estoy llorando en estos momentos, realmente no quería que mi historia se acabara aquí. Les falle a todos. Por un error.

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